| Vista en panorámica, su creación parte de la creación misma y en ella el artista se disuelve, es devorado por sus cuadros y convive en ellos. Denuncia y testimonio, las obras de Kingman gritan el terror y la resignación de los olvidados y, sobre todo, nos enseñan a los hombres lo que no debemos hacer nunca: sembrar el odio y la muerte, mantener la explotación como la principal ¿única? relación humana, creer en el desvarío de que el poder solo sirve para subyugar a los débiles. Solo cito dos lienzos suyos que avalan lo que afirmo. La hora oscura, 1946, muestra un hombre de espaldas laceradas, sus manos inermes, escarnecido su ser; al frente, la humanidad, impertérrita, ególatra, mira al través de máscaras la inmolación. 1942 - 1982, 1982, funde la idea y el lenguaje plástico en un formidable impacto visual que versa sobre las atrocidades de la guerra; Berlín, 1942; Beirut, 1982. Acaso las insignias de los exterminadores no sean relevantes, pero en los dos episodios se consagra, con maestría implacable, la derrota de los desamparados. |