- Retrato imaginario
- La veo menuda, frágil, de ojos metálicos, ávidos, penetrantes las del gavilán girando en círculos perfectos sobre su presa, Larissa jamás deja de pensar en proyectos para su arte, las manos crispadas y nerviosas, jamás está quieta, no puede el pelo claro disperso por el aire como una bandera rara vez he presentido artista tan vehemente, apasionada, hiperactiva, perfeccionista, obsesiva, lúcida, pero si algo signa la obra de esta artista es el acervo intelectual que ha ido acumulando y la morosidad con que resuelve sus trabajos ¿Qué más ? La ternura rabiosa con que acomete sus obras, la energía desbordante que dimana de su personalidad, capaz de multiplicar su fuerza física a límites increíbles, si dependiera de ésta para sus empeños cada vez más grandes aunque nunca subestime esas pequeñas maravillas escultóricas que gusta emprender: ¿dónde está la satisfacción?, 2001: sístole y diástole de su vertiginoso corazón.
Larissa es del tipo de artistas ¡qué bueno! que jamás se satisfacen con lo que realizan; pertenece a esa casta de creadores que saben y están persuadidos y sufren y padecen, pero también se regocijan como ningún ser en la tierra de que aquello que salió de sus manos pudo ser mejor, mucho mejor, pero que en la próxima aventura, tal vez, quién sabe (no están seguros), pondrán lo mejor de sí para llegar a la obra perfecta que de esto sí están conscientes no existe. |