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Oswaldo Moreno:

la probidad de un pintor
 

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Reencuentro
El tiempo, frente a hombres como Oswaldo Moreno Heredia (Cuenca, l929), inclina su cerviz convirtiéndose en su aliado, su cómplice, su oficiante. El tiempo: presente eterno que nos luce impensable y quimérico es, en estos seres excepcionales, por definición, lo instantáneo, y lo instantáneo es la forma más pura, intensa e inmediata del tiempo. Así vive, así crea Moreno Heredia. Mientras más avanza el tiempo, más se yergue (incluso físicamente), más gusta de los placeres cotidianos: cocinar, fumar, beber ­como ritual no como evasión­ y, por supuesto, más pinta. La mayoría de pintores hallan una vertiente que les reditúa éxito y en ella se instalan. Moreno Heredia es lo opuesto, va de un lado a otro por el mundo del arte y no cesa de buscar, de examinar, de probar, de experimentar, en una sola expresión, de crear. El hecho fundamental al que todo arte debe apuntar es cierta exaltación del proceso del ser, la afirmación de la vida y del significado del tránsito humano, involucrado, desde luego, en ese entramado múltiple de contradicciones y complejidades que es nuestro ir existencial. De esta manera asume su oficio este pintor.
Vida y obra de Moreno Heredia están marcadas por la desmesura: extremos, profundidades, plenitudes, éxtasis (esta postulación filosófica es demostrable en todas sus Series pictóricas, pero también en esos otros trabajos artísticos que, según algunos comentaristas, son "solo" artesanales, me refiero a la orfebrería y a sus diseños). Depredador de la vida y sus dones, pintor, escultor, artesano, maestro de juventudes (¡cuántos pintores, arquitectos y artesanos estarán para siempre en deuda impagable con Oswaldo!), está convencido de que el día que alcance los noventa festejará su cumpleaños recorriendo las calles de Quito pintando grafitti, con su inconfundible estilo ­no conoce otro­ sabio y sarcástico, en sus muros y paredes: ése será su testamento. Él tiene plena conciencia de que todo lo que ha hecho ha sido intensamente (amar, pensar, crear, correr tras la libertad, así ésta esté en el fin de la vida) y esta "conciencia" le deja en paz consigo mismo y con los demás. "Por muy grande que sea el frío que sube de tu ser. / Por ardiente que sea la helada de nuestra intimidad, / Vida, yo hablo de ti, y te abrazo / En el acto de conocerte y nombrarte".
 
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