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Oswaldo Muñoz Mariño:

el guardián del aire y la memoria
 

 
Tiempo
¿Qué ha hecho el tiempo con Oswaldo Muñoz Mariño para permitirle tanta creación maravillosa que ha salido de su talento asombroso y de su sangre regocijada ? ¿Replegarse ? ¿Dilatarse ? ¿Ponerse al servicio de su tiránica voluntad creadora ? ¿Difuminarse o coagularse ­como en los millares de dibujos y acuarelas que ha trabajado en su itinerario artístico­? ¿De dónde, cómo, cuándo emergieron de su exuberante pensamiento tantos proyectos y realizaciones arquitectónicos, tantos ensayos teóricos escritos, tantas empresas humanas concretadas o no ­¡qué importa!­ por este ecuatoriano universal ? Pacto secreto y misterioso con la otredad, con el otro lado de la vida y de las cosas, es decir, con la revelación de la poesía, que no es religiosa, porque es originaria, matricial, hallazgo (o al menos su encuentro más próximo) del verdadero principio. Proclama, en fin, de cómo un ser humano, cuando ha accedido a las más altas instancias de la mente y del espíritu, puede doblegar al tiempo, multiplicarlo y apaciguarlo, poniéndolo a su entero arbitrio. Esto encarna este peregrino ­barro y luz­ que ha inmortalizado cuanto ha tocado como en una soberbia demostración de que el genio del hombre lo puede todo, incluso vencer a esas derrotas cotidianas que se alojan en nuestro costado izquierdo como una sucesión de muertes silenciosas. Y hombres como Muñoz Mariño tornan verdad la poesía: "Hambre de encarnación padece el tiempo". "Todo poema es tiempo y arde".
Procesos de consonancias y coincidencias, armonías y desafíos irrevocables, reflexiones y divagaciones, aleaciones, colisiones, miradas raudas y prolijas sobre el arte o estoicas e intemporales ­la del asceta frente al crucifijo­: el viaje existencial de Oswaldo Muñoz Mariño.
Siempre se repite lo que contaba el juglar de las correrías de julio: apenas barridos los estruendos del primer día de combate, muchos grupos anduvieron a los tumbos por las calles de París disparando contra los relojes de las torres. ¿Para qué ? ¿Para detener el día de antes del último combate ? Sin duda. Se dispara contra los relojes para convertir en eternidad el irrepetible instante de algún acto (acto en un escenario definido) que queremos grabar para siempre, porque ése, y no ningún otro, es, quizás, en el que querríamos habitar para siempre ­¿morir en él ?­ Ése es el tiempo de nuestro guardián del aire y la memoria. "Eternidad, te busco en cada cosa: / en la piedra quemada por los siglos / en el árbol que muere y que renace, / en el río que corre / sin volver atrás nunca / Eternidad: tus signos me rodean / mas yo soy transitorio, / un simple pasajero del planeta". En el fondo de todo gran creador está instalado el reto inexpresable de ganarle de mano al tiempo. A veces esta obsesión es consciente, otras no: da lo mismo.
 
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