- ¿Qué busca el peregrino al recorrer el mundo: el sitio de su verdadera patria o el de su fin ?
- En la mente de Oswaldo se amotinan recuerdos borrosos, como descubiertos detrás de una ventana llovida. Es que ha caminado tanto por el mundo, haciendo acopio de sus mayores hermosuras, y hasta el filo de la consunción ha estudiado, ensayado, trabajado, desvelado en beneficio de los otros, que Riobamba, su ciudad natal, solo se le aparece de vez en cuando, pequeña, fría pero entrañable ¿en sus agrisados paisajes, en su inmenso aire azul, en sus horizontes purísimos, en sus nieves eternas, adiestró su pupila para el arte ?: quién sabe, y en ella, a su padre que contempla con avidez sus primeros dibujos, a su madre y a sus seis hermanos, en un entorno (rigor y amor) que lo marcará para toda su vida. A los catorce años el artista quedó huérfano de padre y con los suyos tuvo que venir a Quito y encarar una dura situación económica. Atrás quedó ese espacio entre mágico y paradisíaco de su lugar de origen. Era el Quito de los años treinta: epicentro de nuestra historia. A partir de la renuncia de Isidro Ayora en 1931, transcurrieron diecisiete gobiernos en el lapso de una década, innumerables pronunciamientos y siete golpes de Estado fallidos. La depresión mundial profunda crisis del capitalismo también había echado raíces en nuestro frágil Estado e impactó con rudeza descarnada a los sectores más empobrecidos. Los intelectuales y artistas se inscribieron en dos bandos: uno de tendencia socialista y marxista y otro conservador. El indigenismo se abrió a los conflictos del mestizaje y luego a la problemática de la lucha de clases, en clara respuesta a los conceptos integracionistas de la sociedad y a la etapa urbana del desarrollo social.
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