- Los primeros indicios
- Noción de abandono y amor: la paradoja que selló la niñez y adolescencia de este pintor. No conoció a su padre pues éste murió antes de que él naciera, y su madre lo dejó muy pronto en manos de su abuela y tías maternas, quienes lo criaron en un ambiente de afectos. Ochoa debe mucho a estas mujeres. Su metal humano sensitivo y solidario se fraguó, sin duda, bajo sus influencias.
A los quince años ya despertó en él el artista. Su único placer consistía en subir a un autobús que lo trasladara al campo, y una vez en éste dibujar y colorear paisajes. Sus profesores se interesaron en sus composiciones, pero hubo uno, en especial, que lo acicateara para que siguiera trabajando, pues percibía en esos paisajes cualidades evidentes. A los diecisiete años se independizó y continuó dibujando y pintando, así como manteniendo una interacción íntima con la naturaleza. ¿Convencional? No. Ochoa se refundió con la naturaleza porque se sabía y sentía artista hasta lo más remoto de su espíritu. El fuego, el aire, el agua, la tierra, que se constituirían en uno de los núcleos de su creación, fueron absorbidos por él en ese contacto íntimo. Pero, ¿qué significa el arte para Tomás Ochoa? En Encarnación, un TextoManifiesto suscrito a propósito de una muestra que presentara en colaboración con otros dos jóvenes valores de nuestra plástica en l998, dice: "El Arte por definición es aquel producto humano que provoca una experiencia estética del tipo que sea: placentera, desagradable o de rechazo". Se trata, sin duda, de una concepción de vanguardia. - Las morosas búsquedas de su arte
- No hay en el camino artístico de Tomás Ochoa rupturas drásticas. Estas o revelan esnobismos o inseguridades. Movimientos de rituales lentos son los que se perciben en los ciclos pictóricos de este artista. Y en sus subfondos: música, danza, tambores, hachas, artesanías antiquísimas pugnando por apoderarse del espectador.
|