- Por los años setenta Borges habló del "simulacro de la conciencia latinoamericana". De inmediato, intelectuales y escritores de nuestra región demonizaron el aserto borgiano. En la era que vivimos, creo que debemos acatar que América Latina es más un quehacer que un logro, un trance de ser más que una identidad. La construcción de un imaginario colectivo, cohesionador e identificante, ha sido una simple quimera a lo largo de nuestra historia. Incomunicación y aislamiento: los principales factores diluyentes de cualquier intento unificador. Uno de los criterios de homogeneización de la población nacional ecuatoriana que más arraigo tuvo en los años setenta fue el de un "idealizado" mestizaje, discurso fortalecido con las dictaduras llamadas "nacionalistas" que empezaron a tramar el desastre histórico que vivimos con un perverso endeudamiento a base de los nacientes yacimientos petroleros.
Ecuador, en la década de los noventa, se desquició los últimos años de este decenio son los más críticos de nuestra historia republicana y es en este tiempo en el cual emerge sutil y corrosiva la propuesta de Patricio Ponce (Quito, 1963). Profundamente alojado en la matriz de nuestro devenir histórico, este artista es conmovido por su entorno caótico e irrisorio. El tiempo histórico de Ponce desencadena interrogantes y respuestas en su intelecto y, como un espacio perturbador, lo absorbe por completo. Ponce pertenece a una extracción social media casi desaparecida, en la cual se tiene que sobrevivir inventando el día a día. (De hecho, en el 2000, se abre una ímproba desazón en él: ¿si no puede vivir dignamente de su arte, no será preferible buscar otros medios ?). Pero Ponce no sabe hacer otra cosa en la vida sino arte su don y su expiación. |