| Los buenos augurios Nelson Román (Latacunga, 1945) es uno de los más vigorosos innovadores de nuestras artes visuales. Su entorno fue de artistas. El padre estudió Bellas Artes, la madre le encaminó en la literatura (Román es un infatigable lector). Con el padre y sus tres hermanos decoró las iglesias de San Juan de Pujilí, Mulalillo, Saquisilí. Los Jacho, imagineros de estirpe que se remonta a la Colonia, frecuentaban el taller de los Román para que encarnaran sus tallas. Alejandro Jacho marcó a fuego a nuestro artista con sus máscaras de maravilla que preparaba para las festividades folclóricas. A él le debe Román esa constante de asambleas de símbolos que convocan sus obras: caballos, jaguares, serpientes, peces, siempre en atmósferas oníricas. A los doce años se le paraliza el cuerpo. No había quién ni médicos ni curanderos lo recuperara de su postración. Un día su madre le obsequia un caballo trabajado por un artesano con fama de shamán. Román se prenda de su altivez, de su dinamia (el caballo da la sensación de vuelo e intemporalidad). Según el artista fue su energía la que lo curó completamente. ¿Simbiosis, magia, premonición? |