Quito y la aventura En Quito le esperaba un mundo de poética visual e intelectual en irrevocable acecho de nuestras señales más antiguas para que las reviviera en todo su esplendor. Estudia Artes y se convierte en un implacable investigador de nuestra historia. Todo artista de buena ley escudriña sin tregua sus interioridades y en las de su contexto. Román multiplica su talento para estos menesteres. A la par que estudia Artes, debate sobre cultura, sociedad y política en una casa de la calle Vargas junto a Pepe Unda, Iza, Ronquillo, Chiqui de la Torre y acopia conocimientos sobre nuestro folclore en el Instituto que dirigía el maestro Paulo de Carvalho Neto. En la misma Escuela de Bellas Artes integra la cuadrilla de Manuel Viola, ese duende del abstraccionismo español que ovacionaba la muerte viviendo hasta la extenuación la vida. Los jóvenes que siguen a Viola acatan una bohemia estrepitosa pero fecunda, abierta adrede como un zapatón roto de payaso listo a engullir a los sensatos, a un colectivo gris que es el que representa nuestra sociedad. |