- Orígenes
- Todo comenzó en la familia de Leonardo Tejada. El aroma de maderas finas. Los rituales de su padre, Virgilio Tejada, hacedor de guitarras: sus manos yendo y viniendo por los cuerpos de las guitarras como si fueran amores recuperados del olvido. La elasticidad del ébano, el develamiento de sus secretos (actos de amor subitáneos e intensos), subyugaron al futuro artista, quien desde niño mostró dotes creativas: construía juguetes de madera y pintaba en cuanta superficie estaba a su alcance, incluidas las paredes de su casa y las de sus vecinos de su ciudad de origen, Latacunga. El artista posee una susceptibilidad particularmente refinada y sensible ante ciertas cualidades de la vida y las cosas. Pero el goce de este don para decirlo de algún modo es sólo un antecedente de la capacidad creadora. En artistas eminentes como el caso de Tejada podemos hallar esa honda analogía de la sensación y de un afecto respecto a la totalidad de los objetos naturales. Pero el verdadero artista deberá percibir a la naturaleza, con el poder de su intuición para someterla a su propia conciencia mental más elevada. Entonces, el artista llega a serlo, por obra de su capacidad para elevarse por sobre sus propias sensaciones. Leonardo Tejada accedió a estas instancias gracias a su vigorosa formación intelectual y humana, y a su constante observación de las grandes corrientes plásticas del mundo.
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