| Heterodoxias En todo hombre, más aún en los grandes artistas hay dos propensiones: la una, que impele a inscribirnos en las concepciones de lo establecido y la otra que nos lleva a combatir los postulados vigentes, a inaugurar otros modos de comportamiento, a escupir sobre el rostro convencional, impertérrito y hueco del poder, el Gran Corruptor. Savater enseña que la primera tendencia es la aspiración a la "identidad", el impulso gregarista por excelencia, el afán de rehundirnos en la indistinción acogedora de un colectivo unánime. La segunda en cambio sería la coacción del egoísmo humano individual, la necesidad de mantener la propia e irrepetible diferencia de cada hombre, la vocación de fundar un mundo con nuestro rostro y en el cual se adhieran nuestros ideales y nuestros sueños. La primera inclinación sería la "ortodoxa" y la segunda, una de las formas de las "heterodoxias". A los segundos pertenece Varea. Ve a la humanidad escindida en "consumistas" y "abstencionistas". Si de incorporarse a algún grupo humano se tratase, él lo haría en el "abstencionismo". Hombre reacio al arrebañamiento, su ideal es tener una voz como individuo y el arte es, quizás, el último reducto que nos queda para conseguirlo. Además, no solo que jamás ha buscado la promoción, peor el exitismo o la capilla ardiente y sus sahumeriantes, sino que ha hecho lo imposible para no lograrlo. Es más, antes creía en los grupos porque remetían vivencias colectivas enriquecedoras; ahora, dada la integral descomposición que vivimos, ya no cree en ellos y se ha aislado para vivir su heroica peripecia artística, genuina, honesta, única y cuya constante es expresar su óptica del mundo, procurando recargar para ella una atención selectiva. |