- El cazador de su propia sombra
- El artista es el único cazador de su propia sombra. Para que nadie lo dude, anda por allí no menciono el lugar porque es capaz de desmentirme, yéndose simplemente, ¿adónde?, muy difícil saberlo, ¿tal vez a uno de sus propios cuadros? Jorge Velarde: elusivo, huidizo, esquivo, absorto, frente a un mundo que aún no acaba de comprender, caminando sin volver la cabeza, en busca del sitio (muchas veces lo halla en su obra y en ella se refunde desaforadamente), en donde olvidó su propia sombra. Me temo que jamás lo hallará: angustia y revelación, escapismo y refugio, simulación de su yo, el más íntimo, que, de a poco, se ha ido erigiendo en la sustancia primordial de su obra.
¿Por qué pregona una y otra vez, fiel a su esencia humana torturada y transparente- como solazándose con él y con los otros, que es un "pintor mediocre"? ¿Por qué, para qué ? ¿Para protegerse de los "críticos", rehuir a los demás o porque está consciente de que su reto frente al arte es enormemente serio y responsable, y es poseedor de esa angustiosa convicción que solo sienten los que van para grandes de que jugar arte es jugar a pleno, echar hasta el último centavo sobre el tapete para arruinarse o hacer saltar la banca ? Añádase el hecho de que Velarde es un artista insatisfecho por antonomasia, hasta el extremo de que, ardua, pesarosa, morosamente, sólo alcanza entre veinte o veinticinco cuadros al año y, más aún, el momento que menos lo piensa, una o más de sus obras dejan de convencerle y acto de ternura y fiereza carga en contra de ellas, las destruye y empieza sobre esos mismos soportes nuevas aventuras plásticas. |