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Aníbal Villacís:

los signos de nuestra sangre
 

    Pintura mosaico / 1996
    Técnica mixta / 45 x 65 cms.
 

La moneda de oro
"Todo pintor auténtico viene con una moneda de oro en la mano", sustenta Aníbal Villacís, y siente dolor por aquellos compañeros que desperdiciaron ese don, alejándose del arte o enceldándolo en imposturas. Así es, de todas las multiexpresiones del arte, la pintura es la que más se fragua en lo sensorial, acaso, junto a la poética. Todo pintor va en pos de la aparición de una final e inasible verdad que pervive en la raíz de la materia y que designa la realidad otorgándole sentido al universo de las aparencialidades, tornando el caos de lo representado en un medio que se alimenta de aquél y sostiene la tensión a través de la cual se evidencia la vida en toda su desmesura.

Villacís cree que dibujó desde el vientre de su madre, ¡es tanta la raigalidad de su vocación! Lo cierto es que a los cuatro años ya tallaba en balsa, tiza, yeso, greda. Por allí conserva nimias calaveras talladas en pepas de capulí.

A los seis años pierde a sus padres. Su primera desgarradura. El primer enfrentamiento al vacío. Más tarde será su búsqueda empecinada de la verdad en el arte la que lo deje inerme, despoblado, solo. Una amiga de su madre, Olga González, se encarga de él. Lo hace con amor y abnegación. Al nombrarla, los ojos de Villacís se enlagunan de ternura.

Las paredes de su nueva casa se convierten en espacios milagrosos para que el precoz artista dibuje con los carbones que consigue del fogón hogareño. Poco después, su obsesión por los muros blancos le conminará a utilizar las paredes de la ciudad. Nadie sabía quién era el perturbador nocturno que infringiendo ordenanzas municipales y buenas costumbres rayaba paredes de casas y edificios. Una noche lo descubre en su febril jornada la esposa del intendente y avisa a éste para que castigue al irresponsable. El funcionario policial llega al sitio indicado, pero vacila frente a los dibujos de Villacís. Halla quizás ese misterio del arte visual que impresiona hasta a los más alejados de él. Se aproxima y distancia, mira y remira los dibujos, y en vez de reprender a su autor, le premia con elogios.

 
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| Eduardo Kingman | Aníbal Villacís | Gilberto Almeida | Oswaldo Viteri |
| Gonzalo Endara Crow | Nelson Román | Washington Iza | Gustavo Cáceres |
| Ramiro Jácome | Miguel Varea | Carlos Rosero | Washington Mosquera |
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