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La selva errática florece en la
ciudad
emerge su lujuria verde
su alma de hiedra y pluma
exóticas hojas de palmera se atrincheran en la verja
Canto a la ciudad fogosa cuando la flor acude.
Entre las fraguas de cemento y vidrio
el verdor resurge con su brío nativo.
Y el tronco desolado
alza su mano negra
reclamando a la parca avenida
una voz de hoja muerta.
Y sumisa la Selva hace la jardinería
del color
encuadrada en el cerco asfáltico
que el hombre parece dominar.
Mas la raíz sabe bajo tierra
de toda la libertad de la distancia
que explora y explora sacramente.
Y entre edificios blancos la selva sacude
su
verdor vivo
¡Aires de aire vive en tus hojas,
espacio vegetal!
219
Y en la hierba tendida de la acera
en la mitad de la avenida partida entre dos ríos
de ruido
está descansando el albañil recibiendo el sol de
su páramo y ancestro en media espalda
es el albañil que está construyendo la ciudad.
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Poema y libro
Mi ánima se ha hecho fragua del
verso fresco.
La rama, desnuda de flor
verdea destrenzando su hoja
en exploración de sombra
cargado el fruto en el vientre
madurando hacia el día de luz.
Así el libro se ensancha
revistiendo su palabra
clorofila de la idea
lentamente
hacia el siglo.
Y hecha ave su página cae en cántico
desgranando la sílaba.
Nieve sola
Vuelo entre las manos,
Y el verso desnuda
su voz antigua, absorta lanzada en ecos.
Y se desmesura la humildad del verso.
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