Poemas |
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MANUEL FEDERICO PONCE |
PoemAmor
Página en luz
Al fondo, van tus manos vacías, manos cargadas de nadie.
Me adentro quedamente ansiedades de un
árbol abandonado, que las acojo.Tus manos
están frías, están solas.
Las reclino hacia un hijo
Tu pasión tiembla apenas, temerosa, y el
instinto ensordecido empequeñeces.
Tus labios aquietados palpitan ajenos, los
ojos besando lejanías.
Tu cabello derramado en la tarde, olor a
pájaro en vuelo, se atristura.
Descubro tu rostro y la palabra,
mansamente encorvada, que recibo. Tu
calor de seno entre tu frío
Ignoto soy de tus ojos, descarriado de tus
labios, desraizado a la germinación de tu
cuerpo, cuando yo, pacientemente, te acongojo.
Me has mirado en tu ceguera
Me has amado en tu beso
Me has concebido en tu arrullo.
Y en tu lejura, me has perdido.Y la brisa del sendero nos enferma, y te
dejo ir, por siempre, en pos de mí. Y me24
alejo sin decirte el adiós en nuestro último tiempo.
Te has desprendido, rociando la ternura, de
un retazo de tus días.
¡Tarde que nunca has venido, envolvedme
en mi querencia!Tu figura, barriendo con los pies la tierra se
fue, como se va, sin consagrarse, el riachuelo.Y nuevamente agobiado de ti,
apacentaré tus mieses, letarga transeúnte de
mis días. Adentraré la barca, remansaré los
vuelos, amor inconcebido.
Y a tu puerta, casi mendigo de tu presencia,
falsearé tu sentir en un alba de la vida.25
Sus ojos negros en mí embarcaron, como se
reposa el remo cansado en la canoa náufraga.La orilla del alma fue reteniendo tu huella.
Sobre un castillo de cuento negro
escuché sus andanzas lánguidas clamar.
La luna gimió su luz
nimbando pálidos pasos de un rodar.
Aquel clamor me persiguió
dorando el polvo que dejé
como sublima a esta alba la noche en su morir.
26
Presentes las viejas horas. Era el amor...
Los árboles devanan su ramaje en lágrimas,
nostalgias de lluvia cristalizadas a la brisa.
Los columpios marchitan su vaivén, y hojas
secas amortajan la ciudad.La tarde grisfría, padece su penumbra y su ayer.
Parque de Mayo
Tu vocerío de niña eterniza mis días.
Ojos negros, que tramontados a la
mansedumbre de los tiempos, me anidan
por siempre.
Tu cuerpo, capullo abierto en albas, se
deshoja, tarde a tarde.
Tu corazón, repasando sus edades,
madura noche a noche, y recoge el aire de
mis pasos, como una orilla desierta reúne el
mar a cada instante.27
Nostálgico rostro de pena morena
Lágrimas niñas rociaron el mármol
Corredores obscuros en inmenso silencio
Balsámica la quietud.
El lloro del claustro cenía la tarde
¡telares del recuerdo!
Sombras de sombras descienden el graderío
¡romeros del insomnio!El pájaro negro, enlunado, aletea entre el ramaje.
Pasiones de atardecer recuentan mis horas solas
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