Poemas |
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MANUEL FEDERICO PONCE |
Dedicatoria
Tu presencia de mujer dulcifica a la
humildad de la Poesía. Y ésta te endulza el ánima.28
En tu noche sola, el prado entretejido por tu
espera, atisbas mi llamado permanente.
El jardín amortajado anochece tu silencio.
Blandamente me acoges, y en ti, renuevo
mi quietumbre.Blanco perfil vaporoso.
Tu piel, única luz pura en la andrajura de mis manos.Calma de Tarde van pastando las hojas.
Mi amada declina en sombras por la
vía desierta.29
Evocación de distancias en mi soledad.
Mi silencio detenido en el alma de tu
instante, y del adiós.
Tu palabra detenida en la hondura del
último beso.Repaso la fronda, el sendero la
figura mansa que partió.
Ella,
labriega doliente en la pena de un
surco abierto, que contagia todos mis
espacios.Y esta nostalgia que ronda las voces
dejadas de oír, naufraga en el eco durmiente,
y ha encallado sombría en la bruma del alma,
en el mustio abandono de la calle, en el
rosal taciturno que enluta el túmulo del
ladrido amigoLa querencia abriga un dejo de ensueño
Embriagados los campos de lluvia, el
ocaso desliza sus vientos a la noche. Y un
negror cargado de ausencia quiebra en la
angustia desolada de tu rumbo.
El pozo encorva de musgo un arco
mendiga su camino de ayer.
El pájaro acumula su paja de hijo nuevo, y30
la campana del pueblo parece inmolar su voz
obscura, y su bronce.
Y volverás, ungida de retorno.
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