Poemas |
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MANUEL FEDERICO PONCE |
Un hombre salió errante por el mar,
y sin tender las redes, se colmó.
Hermanaban sus pies -dijo- con la infancia del
agua y la espuma.
-Vino a mí sobre una barca
hermosa pescadora que no echó las redes a su océano.-Y acogimos mutuamente nuestra pesca nueva.
Sentí horizontes que fueron.
Torné portando eternidades vacías.Anduve
limosnero de tu piel.
Y en mi tarde
buscando un ocaso fue
tu viajera soledad.7
Voy dejando por mis pasos un amor que con
los mismos recogí
Voy dejando regada mi sombra en las huellas que
esparcí al andar
Y mis ojos van remirando un camino perderse y morir.El misterio de tu palabra
el misterio de tu mirada
el misterio de tu quebranza.Amas serenamente un amor nunca colmado.
8
Tu crin ondulante
desierto niño que permanece.Tus ojos escondidos
lago profundo
que se ahonda en verde,
dejando inútilmente playas nuevas.
Tu cuerpo fuga
amansado por el viento.Su rostro fino
Niebla esparcida
que se desgarra
y transparenta.9
Gemí en mi hondura
clamé en mi tarde.Por mis cruces van
en cansado duelo
tus quedanzas.Te amanecen lunas claras.
Hay olas que embarcan tus latidos
Olas de un impulso diminutoArrullo tu calor de seno entre mis manos.
11
Un árbol guarda su luna
como se guarda un silencio a lo lejos.
La cúpula se apenumbra.¡Flores negras gimiendo por sus penas blancas!
Tu quietud en la sombra pálida
cuando muere y se pierde una tarde sin lágrimas.Llano de mieses es tu amor.
Mieses perpetuas, florecidas, que no marchitan.
Amor de mieses me das, amor de frutos,
amor florido que sembraste con los ojos.
Y yo esperaré tu mano, y recibí la semilla
derramada.
Y tu silueta cobijó la simiente hundida.Y en el desierto de mi corazón, te perdiste.
( 3-VI-64)
12
Rescatando mis arenas voy
fiel zarandera de las horas.Sin temor
riego la fe en ti
mi nave únicaRepaso tu corazón bajo el viento
y te siento en mis sitios
con el polvo a solas.Te amara en lejanía
Tu recuerdo colagdo
y todas las hojas sin brisa.En sombras de tarde nueva se va cobijando el parque.
14Tus manos desfloradas, van regadas por un erial en busca de querencia.
Manos secas, manos blancas; como frías, como ciegas.
Tus manos renacidas.En gesto de ruego, van deteniendo su desvarío
y enraízan en el yermo, abiertas a la prófuga limosna. Holocaustas.15
Tú riegas voces ocultas en mi camino, sin ser aún mi camino y mi lugar.
Blanqueas el arco que persiguen mis brazos, sin ser tú el arco mismo.
Eres sólo luz en que agoniza mi tarde. Desierto en donde termina mi senda.
Eres tú, apenas, el cielo que recibe mis vuelos.Te recojo en el beso, amada, y tu cuerpo ya no siente y tu alma no vive: Todo tu ser se ha empequeñecido en tus labios Así la tierra sume gota a gota las entrañas de las nubes.
Dádivas que enfloran.
Te anclo en el beso, amada, y tus labios se
hacen aves recién nacidas.
Implumes.
Ávidas de vuelo.Extraviada entre mis días, esposa y desvarío .
Errante en mi corazón, amor
¿Buscas una lágrima secreta?
Mi corazón no guarda tesoros
Todas tus lágrimas están en mis manos
¡Y siempre mis manos están llenas!17
Calles viejas de recuerdo
Van mis pasos brumosos
Piedras perennes me ensombran
Atardece inmensamente.
Las techumbres encorvadas adormecen la tarde,
entre farolillos de luces difundidas apenas en
sí mismas, cuando los balcones han muerto.Voy en busca del amor sembrado.
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