Poemas

 

  MANUEL FEDERICO PONCE

POEMA CONTINUO

He aquí que marcho
hacia el principio del mundo.

La máquina vocifera su aire frío
La isla cabalga hacia nosotros
El mar es una fragua de onda.
Marino el mar está en el bronce.
La tierra, un lagarto adormecido.
El pájaro inmenso que nos vuela
se hace ave inmensa y toma vida
mientras los arbustos de verde virgen
anuncian en su desierto, vida antigua.
Son los soldados que vigilan la explanada
fieles a su polvo y a su sed.
El hombre ha abierto una zanja de humo y sol
para vaciar en ella su estandarte de asfalto
y recoger la ciencia mientras va aturdido el siglo.
Aquí, hasta el silencio respira un alma ignota
y aquí anida el misterio de la vida, en un secreto
vivo.

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Y la pluma dura del pájaro de hierro ciego
parece aquí sentir su origen.
y revive en el ojo negro su brazo de hélice
bajo el párpado encristalado que avisora y se
remira.
Baltra es una tarda ola muerta en piedra
Donde una mujer desciende hecha ave de ala larga
que avanza desde el centro a entregarnos la
explanada.

Paso abierto de ágil garza.
seno fruto en manso y sol,
sabedora de su orgien libre, canto,
enmorenando la dorsura del Edén.
Baltra espejismo
Brillla el pulso de la arena
ala atada a su distancia.
¡vibra en su temblor de viento!
cofres pandora a donde las aves se posan a beber el
vuelo.

El primer pájaro, punto ajeno, nos vigila.
Momentos de roca navegan en la mano azul
amamantadas de quietud y siglo entero.
Un pinzón escondido el azul en el lomo
nos saluda desde su mansura virgen.
El ala desciende apenas al tiento
como queriendo perpetuarse dialogando.

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El barco, a la par, está manso.
anda quieta el agua desde su alba
Y el agua zarpa, en verde y calma.
Caballos de frío y de sal
va despertando la barca.
Blonda tela de agua larga
corcovea en la lanzada
Plenilunio, pleniespuma.
Islotes de monstruo y nombre
van acechando en la ruta.
La gaviota recoge en el lomo
un brillo de sol marino.
Ancla el agua en la paciencia
su densura de colmena.
El delfín tiende en el vértigo
su nostalgia brava,
galope que bate y siente
su potencia de alga.
Tibio cuerpo timonero
derrama en ola todo el verso.
Roca dormida
Tiburón de soledad y mimetismo
va liberándose del piélago,
islote brumoso y amplio
bocanada huracanera
hambre de mar vienes alzando
roca delfín, estatua tiempo.
Y el barco va remedando

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tu bruma y tu movimiento.
Peces de muerte lejana
encallaron en tu puerto.
Destino de tiempo y piedra
y mansura marinera.
Alcatraces de alma blanca
y renombre cancionero.

Peces de amor y celo.

Canción de agua y cadencia
sensualismo trasnochador:
lobos marinos de hijo negro
van danzando el cuerpo entero
entre su dedo y su palma.

Y nos conversan de su viento

Saurio de mansos repletos
en lo negro y en lo viejo.
Ojos de lumbre adentro
y voces de reptilero.
El caracol rojientero
y el traicionero alacrán
desde el idilio y el templo
templo piedra y agua verso
nos van tatuando de tiempo.
Lagartija en piel de hierro
y relumbre pernoctera

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El cangrejo tiende un puente
para su cuerpo sendero.
Y el alacrán bajo el trecho
de la piedra y el destierro
amarilla su luz de luna
en el arma y en el gesto.
Foca en quiebro y alma en beso
alargas lo manso y lo denso
y nos dices del amor tierno
en tu sabia canción deseo.
Gaviota de larga estela
en tu pico iluminado
reúnes la noche en vela
para yantar tu largueza.
Lisas de plancton fuera
van azulando el azul.
Cactus lentos en la alcurnia
de la flor ya lagartera
Ojos de piel gitana
en el reptar de la infancia.
Manos de larga sombra
tienden las uñas telúricas,
timoneando
Dinosaurio fuiste un día
Tu cola quieta se alarga triste.
El tiburón blanco, lejos
va amainando la penumbra
y el silencio de la bruma
para posar su alimento.

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Yerbecilla roja en vivo
Pájaro de alto negro
entre tu cuello agorero
va el rojo y va tu celo.
Su veneno los corales lanzan
y amainan las gaviotas su aire vuelo.
Patillas de rojo y palma
bajo el blancor que del pecho
agrisan su miel de luna.
En la vergüenza lejana
rostro bruno y de distancia.

Bifurcan la mano en calma
y el bigote pensador
Aúllan, denso el pecho
en la vieja piel de amor.
Arrullan el tiempo en celo
sensuales como la flor.

La iguana amiga del alga
desfoga su sal pasión,
de una pasión que ha partido
en el tiempo y en la voz.
El excremento vertido
recuenta y recuenta el siglo.
La gaviota dulcinera
cubre su rostro y su huevo
en el plumaje perpetuo.

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El sexo en el vientre de las rocas.

Aquí, la piel del cactus es de lagarto la piel
y el ala entera es sol y es viento.

Y un lobo marino macho
el poderoso
recibe el canto del agua
y se remira el negro aguaje.
Apacienta su harén de piedra
cuando la foca se rasca el beso.
Piel de bronce y agua en brillo
va acerando en cuerpo lleno.
Pelícanos con sus dedos de aire
sobre la roja flora en tiempo eterno.

Isla azul en agua y cielo
¡cuida tu iguana de color inmenso!
El alacrán trepará la piedra
y la foca verterá su ignoto miedo.
Como después de una batalla los espinos en cruz
desierto de higuana verdeazul
Agua mansa y espumera
detén tu verde y tu piel
amante de sombra y celo.
Ya el barco abriendo su brecha
se mece, cuando la nube
hecha delfín prisionera

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nos va siguiendo en su alto.
Ya el rumbo está viajero
y el timonel va derecho.
El mar se rompe en el cristal veteado
la paz perdura en el extenso viento
y el barco conversa con el pez
hélice a hélice y brazo a brazo.
La foca aduerme su magnitud de ala
y el ave estará paciendo
su manía de ola.
El agua
noche oscura la onda.

La Iguana detiene en el rostro
su memoria inmensa
que el siglo ha empequeñecido.
Una sonrisa de amargor y queja
se resigna en el paso del tiempo
Seguirás por tiempo y piedra
atrofiando tu sonrisa muerta.

La recua de hombre y masa
ha hecho sucumbir un grillo
que, alargando el miedo en la antena
se enflorece en rama ajena
apretujando su pie en las hojas.

Sta. Cruz, isla de sombra
y de mujer en oro

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dorando azul.
La tortuga acorralada
en el pie de la bravura
hecho lento y pensador.
Una lagartija remeda su bucle
al rojo retinto del pájaro amigo
aquél
el de rojo y celo.
El cactus repta su raíz
imitando el abrazo corto de la iguana.
La saliva centenaria
cara serpiente, concha brusca.
El sexo progenitor
se ha paralizado en piedra.
La caricia rocallosa
encurvada en la demora.
Gestador y al tiento
la rebusca atento
adormilado en la hora
del amor intacto.
Desdentada y desamada, la tortuga reanda larga.

El tiempo anda en sigilo
hecho carne bajo la valva quieta.
Y la roca se ama, amontonada en alga.
Y la piedra desmadeja su rumbo rocoso
e imita en la fronda la curvatura relámpaga
que curva y recurva el viejo fruncimiento:
galápago y piedra amistan en el sueño.

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El pájaro compañero
sobre el Delfín volandero
Corona del Diablo
El flamenco eleva su pirueta suelta
y el picotero flamea sobre el barco piedra.
Piratería dormida en la roca viva,
barco piratería.
Y el agua emana su color verdeluz
descansada en el remanso agreste.
Blanquea la sal, y el cactus ora.
Se obscurece la cueva, y el ave amaina.
El cactus cruz vela su asombro
y el alcatraz sorbe el horizonte.
Blanquea en sol y canto
el piquero enmascarado.
La manada se despliega en voladura
Todo clamor de alas
una fragata lontanera
va en la música breve
encolmenando la cría azul.
Y el agua nos sigue sombra
en su actitud delfinera.
Espuma de perla brava
!arboladura blanqueando!
Los flamingos sermonean
su alta luz enamorada
rosadela rosatierna
de silencio y pastoreo

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rosacalma flaminguera, enancha tu negro vuelo.
La naturaleza toda ha hecho su cita.
Y el nido redondo como un huevo
encueva su viento y su sol
La manta Raya dormidera
pace su amplia hoja
henchida en el cristal.
El cangrejo espera al agua
inmerso en su color.
Un albatros remeda en el vuelo
el reflejo del agua verdeluz.
El espino iluminado hace un crepúsculo
y
dora su lava de oro.
Y la miel ha dibujado en el tronco
una leyenda de pájaro muerto.

El patillo enfila en el agua
su búsqueda de pienso,
pienso obscuro, nutricio.
El ave de pie azul
ruge su cascarria
cuando un mar de fondo
me replica sordo
para dejarme aquí
hasta sentirme pájaro.
El pico desplumador
se alarga en firme
cuando el blancor acude

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entre el descalzo pie de azul.
Pintada hasta la sombra,
pincel de magia.
Y el mar, viejo guardián del secreto
los cuida y los repinta con su verde
Verdeluz.
Y aquí hasta el suelo es nido.
Piquero acompañado
de color gorjeo.

Desde el acantilado lejano el vuelo venía
atravesando solitario toda la mar.
Venía hacia mi soledad.
Y virgen de miedo, el pájaro
se posó casi a la sombra de mi rumbo.

Mi estilógrafo de poeta roza apenas su pico de
aire
trasvasando mutuamente él su ciencia y yo mi
verso.

El ojo redondo como un mundo
y la gaviota en gris.
Un cangrejo sigiloso escucha el resoplido
y fuga su aire intenso en el color sonoro.

El albatros macho esgrime su paternidad.

Es aquí donde ha corrido del hombre
la mínima esencia natural que resta.

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De todas partes del globo se han concentrado aquí
alargándose el mensaje misionero
en el idioma que el hombre desentiende
las pocas razas milenarias
que se abochornan y amansan mutuamente.
Refugio solidario a la memoria
de donde saldrán pasado el siglo
especies nuevas a repoblar el universo.

Se fue llevando su mismo cuerpo
se fue llevándolo lejos.

La luna hecha alma barca
sobre un negror de nube madre
y cuna.

(Poema escritos de una invitación de la Casa de la
Cultura Ecuatoriana y la editorial Colombiana
"Círculo de Lectores" al poeta, en épocas en que
era periodista del diario El Tiempo de Quito, durante
el Encuentro Latinoamericano de Escritores, cuando
hicieron viaje entre las islas en el compacto barco
Calicuchima, en diciembre de 1978).

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por la calle Maldonado

El Churrasco nos acompaña.
La tristeza palabreando
en este bar de la ausencia.
Con tenedores de fleco
en la carne anochecida
el aguacate siempre verde
un tomate rojo como un diablo
con la blancura del arroztrigo
Germen que no fue niño
por la premura del siglo
Pepinillo caminero
de la sombra de su verso
redondo como un destierro
Vaina lumbre en la simiente
cuando te vieron entera
Zanahoria rosa turbia.

Yantando estarán en el páramo

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