Poemas

  MANUEL FEDERICO PONCE

 

Poemas de Amor

Dádiva

El mar está colmado de ocaso, y la brisa, de ti.
Aleteos perdidos: pasajeros de la arena, van en
sombras, y los últimos nidos dejados se cubren de bullicio.

Agobiado de inmensidad, te entrego mi mejor poema

Tus ojos son nidos de pájaros eternos.

San Vicente

Te nombraré por siempre en el amor... y
juntaremos los caminos al paso de la vida.

Tebas-Grecia / 21-IX-73

32

Halina tú, la tarde morena.
Reposada en el tronco dormido, desde las
hojas últimas, me acongojas.

Al fondo, los montes sepultan la luz, amortajados.
Asido apenas el velo de novia.
La mortaja inmensa.
Árboles deshojados rasgan con sus canas el
cielo manso, al temblor instantáneo de sus días.

En espejismo dócil, garzas de espectro blanco
escuchan mansísimas la voz eterna que desmaya el lago.

 Un nido de pájaro tierno guarda la
yedra bajo sus brazos azulados madre que

rescata el rostro de hijo sobre el seno caído.

33

Sabor a distancia larga, en quieta rumia.
La ciudad, ajena.
El último ciprés oscura solitario su
quietumbre pregonera: lluvia y niebla.
Calidez de aguaje.
Mansura de musgo y fruto.
Dulcedumbre de tarde vieja.

Mi amada está quieta, en la distancia de lo
que no se ve, de lo que no se escucha, de lo que no se besa.
En la distancia única: tu ausencia.
La ansiedad de todas mi tardes yerra en un no sé qué de lejanía.
Hoy, mi lejanía va llevando un rumor de tardecer
Mi último poema de amor, mi última amargura.

Endulzada en la hora, ella renombra mis palabras dejadas.
Mientras, sestean los vientos de verano. Y el
mirlo, dejador de sombra, escarda el tronco solo en cadencias negras.

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