Poemas |
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MANUEL FEDERICO PONCE |
POEMAS INDIGENAS
1981
Levanta tu fulgor, ¡otavalo puro!
alza tu voz, de tradición y fuego,
Como el Sangay no cesa en el siglo
distantemente, Volcán de luces
de imponer su furia de color.59
El valle del amanecer.Vas trenzando el tiempo indígena
Otavaleño milenario
¡y alzas tu sitio en Shigras y paños rojos!
Repintando el monte y el color
¡Alta está tu voz de colorido vivo!
Desentrañas en la tierra
hasta el último pincel de la semilla.
Los ojos se hieren en ver tanta púrpura
Cuando tu pueblo se invade de baile y de belleza.
Retocada hasta la última hebra del anaco entero
refilo dorado y largo, la fimbria
redondo como una fiesta.
Y sobre la tierra , el monte retaceado
vas ordenando, Zuletera sola.En tu sedentario ser, Ser telúrico
¡alzas tu voz de tradición y fuego!,
Imbayo puro.
Otavala desterrada a servir sus hermosuras
¡Hombre trenzado, hembra bella, india entera!Y la incógnita del humano innumerable
¿La moneda se hubiese endiosado en tu tiempo?
Tu moneda cobriza y repujada.
¿O hubiese sido un símbolo de trueque
sin valorarse en ambición?60
Como el peso del oro
equiparado a otro peso de la manzana¡Danza en el verso agreste, Salasaca
danza tu verso agreste!,
y pon tu cinturón trenzado
en la noria blanca de la raza tuya
traje y largo de innata costumbre.
¡Ancho pueblo lejano, te saludo!
Revibra el fulgor al latido del Tambor
en donde se arrincona el aire de los siglos.
El pingullo va enarbolando la ronda de
baile firme
¡Y danza su verso el Salasaca
su verso agreste danza!El Saraguro viste el duelo negro de Atahualpa.
Y muchas razas pasaron
y aún siguen quedando
y seguirán
de valle en valle
coronadas de nombres y edades
épica la leyenda del épico imperio
cotidiano Imperio de comunal siembra
de comunal lengua para una sóla cosecha.
diversa la palabra.
Sabiduría del hombre mismo en el hambre humana
ansia que trasciende y vela desde el surco cierto
para colmar de fruto a todo el mediodía61
y a todo el hombre dar la siembra toda.
De negro el Zaraguro
va tomado de la historia.
Y el entierro del niño se agiganta
en la danza buena y larga.
Con la muerte se fue
en la ronda decían, iban diciendo.
Trasquilando el borrego para tejer la vida.
A Caras de Piedra
Hualbitaguas y Chachis,
Secoyas y Schiris,
los Incas invadían.
Y los cuatro Ordenamientos Schyris conocieron.
Triste fue la hora, el tiempo débil. Y triste la
indígena Caída.
El imperio dividido; grano a grano hacían su historia
y esperaban llegar por mar y cielo un dios que no
palparon
y buscaban redimirse en su bravura paso a paso
aunados en un Rey de paz que no alcanzaron a
engendrar.
Y Eran, y hacían contigo diosas luna
lumbre de un mar perpetuo y renacido.
Mientras en el siglo aprendías sereno
Shuara, leyendero del Fuego
de la diáspora abriendo su vacío con el rayo solar
que impactaba su viaje luz en la Asteroide
crecida en la noche62
rompiéndose la eternidad de un reflejo del
dios Sol durmiente
en el punto viajero y luciente que va haiendo de
Hembra en el cielo.
Pueblo libre, nunca subyugado ante incas o
europeos.El color tejido y retejido bulle al día
escalando todas las arcillas en terrazas de siembra
engavillando la rodada, sabiamente hiriéndola.
Y el viejo secreto del arado en las pendientes
corrigiendo, al aguacero, su tendencia de erosión.
Tejían con el arco iris en la mano.
Y está el ancestro de la quinua.
Al llamado germinante del beso de la tierra
y la semilla, durado el barbecho y el descanso,
el agua nueva culebrea en el surco.Ventea al horizonte un poncho brillando el grano
grabado de siempre un sabio kipu; quipos dormidos
signo de historia que reescribió la cuenta, y la letra,
en una angustia de lluvia, anudando la cuerda.
Cósmico el instinto, india la palabra.Y con la Mitología se esparcía la lluvia, y el mito
inspiró las siembras
Y la mitología entera se hizo ritmo
Vendría la danza perpleja ante un nuevo mundo
Y fue el baile mestizo de las Chamizas63
Y en la congregación indígena estaba el ritmo.
Y fue la fiesta fugante ante el caído ancestro
fue vaciar la historia misma en el pomo de la
Chicha
era la tristeza herida, la tristeza misma.
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