Poemas |
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MANUEL FEDERICO PONCE |
poema de un Sol étnico
intipac taquicuna Runa
cocha india
Ancha el abra va amainando la plenitud de la cima
Monte arriba va queriendo la mansedumbre del
agua.
El instante va sintiendo en el Tiempo su senectud
Todo en surco va espejeando su magnitud el
oleaje,
Seno a seno va sombreando la emboscada de monte
y sombra a sombra va quedando la voz que
entierra el aguaje.
Nube a nube va cerrando de soledad el sol viejo
Peña a peña va calveando la blanquedad de la
tierra
y lumbre a lumbre va gimiendo la pasividad una
estrella.Te hicieron de una erupción de ti misma
y apenas me vas dejando el volcán de tu silencio.
Dos vetas de amor te dieron,
Una en el agua sombra, y otra
en la sombra misma.
Amamantaste la una, y la otra
va aquenando sus ansias marinas.
Santo lago de sendas y cuí. Laguna grande.En el siglo te supieron de Inca y agua mitayera
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Y aún orillas un mensaje de lo vivo y de
agua adentro,
que va surtiendo del fondo en un tejido de brillo
que va partiendo del viento en un vibrante quejido;
y en todo el retorno, la voz del mitayo se
adelgazaba en el céfiroAún así tu onda empeña su temblor de vidrio
temiendo un paso agreste que destruya el
eco turbio,
buscando un ojo duro que rescate la honda flecha
cuando un pie de viaje y polvo huelle al tiento
y un pasado de piel firme se detenga en el suelo.El quinde vino del arco iris
era el cabello del sol.Alma de cuerda guitarresca tienes
y perfil inquieto,
casi en decir de lirio.
Agua lirio y lirio ajeno
ya te acuden casi yertos.
Hosca muerte en el delirio
cuando la voz desde el fondo
ha partido.
Schyri, lirio, agua y viento
en un tacín de martirio.Nido de erranzas tienes
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y pétalo por momento.
Pienso de tiempo vives
y tiempo de experimento.
Sangre en la noche acude
y paso de querimiento.
Voces de piedra rayan el alba
y fuga un hijo de Inca quieto.
La madre mece en el agua
un seno atento de hijo y sexo.
Y el Scyri desentierra su voz de grito
y en su mirar deshecho va pereciendo.
Y así, me voy temiendo
que el agua tiene secreto adentro.
Cerca de tí, está el lago de la sangre.
Y voy padeciendo, el alma
en el error que un día repleto
acodillaron tu trigo eterno
y enmorenaron tu duelo enfermo.¡Ah, hijo de Inca e Inca viejo
tu atávica historia despojar quisieron.
Tu tiempo han herido
pero no lo han muerto!
La madre se fue tejiendo
una lumbre de hijo entero.
Y el cabizbajo mirar yaciendo
nos va encogiendo el silencio.¡Hijo de Schyri, Inca Viejo,
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tus tiempos han herido
pero no han muerto!Cuicocha
En la cordura de La Concordia
alza su pálida mano viva
el Caldo de Menudencias
última ofrenda que el gallo deja
en el atardecer de la Merienda.Y el grillo, hace tricolor su ronda lerda
en la luminaria incandescente del planeta
mientras el hombre llora su ambición pequeña
en medio de este bello Universo, estrella y
Tierra.
26-VII-81
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