Poemas

 

  MANUEL FEDERICO PONCE

MAGIA

Abril 1979.

Un pájaro humano
descarga su mochila de vida
y enancha el ala en el vuelo.

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¡Solitario el mar te recibe
en su ancha ala larga
en su copa de ola inmensa!

Este verdor insigne
que me lleva al agua.
Este plantío abochornado
que se mece en alga,
alga y brisa..
Esta pasión de selva
pena aquí su desvarío
perdida en la tierra acogedora.

Esmeraldas
río de agua ancha y caminante
llevas en tu lomo la huella de la espuma
y de tu vientre.

Para cruzarte el alma fría
hace falta trasnocharte
y abrevarte el rumbo.
Te dejaré silente y denso
y te buscaré en el piélago
náufrago tú de una ola hambrienta.

Una intensidad de siembra
holgazanea en la montaña
Piel de espiga
se libera en viento

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Crin de monte
rescata la luz
de la entraña de la tierra,
y pone el fruto
en el verdor más ínfimo.
Piel entera
monte y pueblo.
El cielo marino se ilumina
y se hace a la mar la distancia.
El monte abre una brecha
y el pájaro cruza
su sabiduría de agua.

El sol
teodolito y piedra
se ha trizado en un ala de nube,
ahogándose ya en su océano
monstruo eterno.
Una mariposa negra
negrea su descarrío
e intenta cambiar su pluma leve
con un paso de jaiba loca
enamorada su obscuridad
de la obscura cueva nauta.
Y los hombres
cangrejos pintados el vientre,
desbordan su multitud
ajenos a la inmensidad que les asorda.
Oh! mar, amadamente bueno,

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te cantaré en la onda
con mi palabra
quebrada y hundida por tu canto.

Hay un desamor
en el amor de la ola.
Hay una inquietud
en la quietud del alba.
Hay un tardo tul
azulando en el sereno seno.

La arena fuga su intensidad de espuma.

Y he aquí
que tu agua intenta hacerse mar.
Y el mar
intenta hacerse agua.
Y es que vas muriendo
ola a ola
tu esmeralda sacra.
Llevas el color del mar pequeño
y tu ansiedad de firmamento.
Cuesta abajo
sucumbiendo
en tu viaje de destino y sal.
Esmeralda y río, Río luz.

Y de tu sonoridad lacustre
el agua endulza la sal inmensa.

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Pluma de océano
Súa
aleteo ínfimo
momento de piélago que olvidó ser.
Plumilla apenas del gran brazo blanco,
y de su mano playera.
Aquí dejaste de ser pájaro, pez
y te amainaste en agua.
Aquí eres piel vaciada
del monstruo sordo
que se renombra en alba.
Que se abochorna en la profundidad del alga.
Aquí eres sólo un titubeante lago
que no tuvo cauce, y vino a beberte,
¡Oh! grande mar
un trozo de alma y labio.
Aquí eres marino y mujer
casi madre
en tu dulcedumbre larga.

El pájaro recrea
su horizonte de sal
en el insomnio fiel de la cazcarria.
Hogar de parda soledad
en la lumbre del pez y de la barca.

Palmeras niñas
elefantes nacidos
con su color puro aún

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desconcertadas e ingenuas
mueven sus orejas de palma
El gris hecho luz.
Y el canto del gallo
hecho eco
va horadando la paz.
Mocedad de selva
canción herida en el aire por la eternidad.

Y la piel
repite en el monte
su hazaña verde tul.

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