Poemas |
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MANUEL FEDERICO PONCE |
LA NARIZ DEL DIABLO
Y he aquí que el Ferrocarril nos vino entre las
barbas recias de la Historia
En la adustez del hombre que liberó al
Indígena.
Ideario de una nueva Gran Colombia.
Con el siglo nos vino.
Con el amanecer de la máquina y su tiempo
Con el aura y engranaje del siglo."A ver los trompos, perinolitas para los niños"
el viejito madruga su voz ronca para vender el
amanecer.
Luciérnagas las lámparas van despertando a la riel.
Y la máquina madre se amanece solitaria en la
anchura de la Estación.
y nos enrosca su magnetismo de hierro en los
goznes y en la piel.138
Riobamba mira largamente al tren desde sus
ventanas verdes
Y parecen llegar los caballeros ensombrerados tarde
abajo, como ayerCajabamba y Guamote
Alausí, Huigra, y hasta topar Alfaro.
El vientre del Carril resopla y rebosteza
asienta toda la noche dormida sobre el
lomo redondo de su cuerpo lerdo
y la pitada enardecida nos anuncia en el
enganche rudo la partida.Todo el humo de amanecida llama desde el
arranque del Siglo a Durán lejano
como gritando desesperadamente a la distancia
para decirla que ya baja, que ya llega, que ya se
alza
con el grito va avanzando
agarrándose de su destino y meta
como un hijo que quiere levantarse desde el
suelo a la altura del hombro materno
temeroso el tren, de viaje y de lejura.La veleta blanca y roja
hace el cambio de la riel y del camino
fija el sendero permanente de la luz139
mientras la rueda tarda del freno detiene la
pendiente, y nos vigila el cerro.Los viejos paredones guardan las máquinas viajeras
en el silencio del hogar de aceite y frío.Y zigzagueando el carro se va adentrando en la
altura
penco a penco, chilca a chilca naciendo.
El tren va abriendo brecha en el monte
como desnudando la senda dormida
renovada y virgen en la tiniebla azul.
El espantapájaros rojo se amanece y sueña.
Un puente de a pie se tambalea en la cumbre.
Y es el cemento, gris y polvo
que va pegando boca a boca el país, y la pena.
El pito agudo va despertando la senda
Cajabamba colorea su plazoleta núbil.
Y los trigos mecen la piel de la tierra,
En grano y lana.
Y el agua de Colta tiembla niñamente al paso del
tren.
El buey nos mira con su cuerno entero
oliendo y reoliendo el aire de celo muerto.
Emponchado todo el indio
sobre la mujer de páramo y el pelo de cerda negra
Henchidos de paso vieron llegar al tren de fuego,
que vino cargando la Historia en todo el
rumbo y desgranando el páramo140
Chimborazo, tierra indígena, tierra de
herencia quechua.
La papa está madura, la papa está engrosando.
El haba abre su simiento verde
y en boca roja el hornado tendido anchamente,
abre en el hocico su último grito.
Y para Guamote la riel es una calle más del pueblo
mientras el mote se enraíza con la vida.Nariz del Diablo nos espera sigilosa.
El conductor del frío, se cubre de bigote y sueño
enchalinada la vista hasta el último pajonal del
páramo.
En el vagón de Tercera
la indiada en tres filas pernocta
pernocta llorando la quena.
Los Fogoneros colman de leña negra la
gran caldera
que como un hambre roja se adelanta y tiende el
vértigo
buscando la curva en toda el alma de la tarde
en toda la sombra íntima del valle
inquietando mansamente a toda la borregada.
El maquinista teme en el rigor de la vía
hasta el último escombro nauseabundo le percata;
la nitidez del fierro virgen de este viaje
desahogando va en la ensirenada
toda la presión del vientre, y la bajada.141
El tren, serpiente de color
va cadereando en loma y curva
tironeado por el ansia y la gradiente
sujetado al perno y al destino.El taconeo de la riel y del silencio
enmaderado de tiempo y de despidos.El Carril ya se encuneta cuesta abajo.
Va el hombre metido en el paisaje.Un jefe de Estación, encorbatado el terno de
color de tren
serenamente va midiendo la hora fiel.Toda la sabiduría del cambio de la riel
hace realidad el paso inmenso de montaña
cuando la máquina gestiona en avanzada y trance,
en retroceso
buscando y rebuscando al diablo solitario
Nariz del Diablo
rostro escondido en la piel empecinada de
montaña
rostro pincelado en la alta piel del Universo.
Inmensa forma demoníaca del verso
Inmensa y sola, solitaria.
Hay una figura de fauce inmensa
que hace un resoplido escondidizo en la gran abra.142
El demonio hizo sus mañas, para dejarse ver..
Llega el Tren hasta un sinfín de su sendero frío
la palanca refrena y se hiere y chirría
como si hubiese visto el mismo infierno en
media vía.
Nariz del diablo.
Largo se detiene, un paso atrás en medio susto.
Y entonces deja caer su cuerpo entero
en viaje de vacío la
serpiente retrocede desgravitada y suelta
pendiente abajo, hacia el abismo
en donde el último cochero agiganta su pulso en
la rosca del freno
hasta consumir kilómetros de monte el tren
y mágicamente descender el cerro
bajar la altura bruscamente en vaciada larga de
viaje
hasta tomar el Ferro nueva brújula y distancia.
Y salir despavorido del infernal visaje.
Gitana el alma del Tren se descarrila en la
aventura
y nuevamente la ronda de eje y hierro retorna su
brío
a despedirse del susto en seco y de la sierra brava.Como si el monte al descubrir la planicie azul que
Bucay va abriendo
quedara sostenido de la peña mirando monte abajo
Nariz del Diablo143
el despeñadero rocoso que sucumbe y frena
ardientemente.Levantas lejanamente tus dos ojos de infierno
cuando el último carril te va mirando.
Un trazo de altura inmortalizó tu frente.Y el calor de la costa ciñe al viento
Y de vuelta, el Demonio vigila el monte
aparecerá de pronto, fiero vigía de la altura
y el tren, para no verlo
pasado el cambio de Sibambe
sube en retro la montaña abrupta
el tren del viejo siglo
igual y siempre
para tomar la máxima viada
resignado al miedo de violar la acechanza
de detenerse en media Nariz del Diablo
bajo sus ojos altos que sólo ve la altura
bajo su ser de miedo
y retomar a media curva de hueso en roca viva
en medio empeine óseo
rasgada, hecho senda la osamenta demoníaca
si osamenta tuviere
Nariz del Diablo
la marcha hacia delante del silencio.
La marcha nueva.144
La Número 58 nos da fuego
máquina en cambio a medio viaje
máquina de fuego vivo.Cuando el pistón reempuja en vueltas la
rueda móvil
y el pitido va amansándose
anuncia llegada y cercanía
va diciendo en el lenguaje de la riel
que voy llegando
que el día sale revistiendo la mirada.
Halando la cuerda desenrosca el pito su voz gitana
la bocina de humo conversa con la nube
mientras el fogón inmenso
va sacudiendo su alma de fuego.Sobre la capota de carga
me invocan todas las sensaciones del país.
Es la vida misma
la vida entera.A la llegada el humo blanco y el
negro hermanan en la altura
Y está Durán, lejano y nuestro.Mandarinas, Naranjaaas
Y el viejo fogonero se dspide y hunde
en su hogar de atardecer y herrumbre.145
Trece horas fueron de viaje lento
Retórname un autobús tronando la marcha
Sobre el día,
hasta subir en tierra más alta que las nubes
nubes de altura que descienden curiosas a besar la
encañonada
y se han dormido en el fondo
tenuemente
como en el regazo de un cráter.El poeta está viajando entre la niebla
23-V-82
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