Poemas |
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MANUEL FEDERICO PONCE |
en busca del Sur
Va culebreando en polvo
el pulso de la sierra
sobre el pavimento herido de sol.
El pulso de la siembra.
Las achupayas se alzan.Las nubes se han posado a hacer fogatas en el
monte
han descendido a crear el color rojo
marcianos voladores que se descansan a
mirar el mundo
y van siguiendo el paso milenario del planeta.
Y ellas
seres vivos que tenuemente tocan la altura
las Nubecillas
se han puesto de puntillas en la cumbre.El nevaje solidario
a la blancura de espanto.
Sombra de luz se diluye
en la nevada paterna:
fuerza inmensa, hielo franco.
Es el Taita Chimborazo.
Caminillos de senda negra148
riegan el surco en la grieta.
Y en un recodo de la sombra
la Sultana de los Andes.
Esperan los asaltantes de la
Manta Negra
Eres un corazón de la Patria.
Todos los caminos te llegan.
De todos los caminos partes.
Entre los árboles el cemento ha enraizado sus
pilares
La boa de polvo denso
repesa sobre el Camino que viene y larga.
La fábrica de cal de verde
simula una ermita de luz
torre que alza su luciérnaga sola.Y el espejo del aire y del agua
emergen de Colta
sencillos como una estrella en el sol muerto
diapasón de cielo en viaje y luna.
Y el páramo se enluna
en el pasto inmenso.El toro y el frío, en el color de la sombra.
Río Viejo vida vieja
El Inca ensilaba la papa
149
La Topografía enrolla la vista
y confunde la pendiente.
En los fondos se quema el aire
y muere en azul lúcido.El viejecito
tiende la barba al paso
y se agiganta niñamente en el erial.
Los árboles de la muerte
surgen, su mano viva
obscuros acechantes del desierto
Palmira es una larga antesala de la soledad.Y la piedra haciendo senda
en las huellas de Ingapirca.
Los chozones y las rocas
pedazos de Ingapirca.Mientras la altura y el agua bañaban al Inca
fue avisado del arribo de los dioses blancos.La tapia cae
seda blanca y cáñamo.
El tiempo la peina
y el viento le enfiesta.
Cañar de ancestros.Las monturas repujadas cuelgan de la sierra.
150
Biblián
Azul y cúpula
en mitad del cerro
cerro largo.
Altar de piedra blanca
sobre la corniza del muerto.
Altar, pueblo bueno.
Quiero subirte escala a escala
a que me des un pedazo de tu alma
e irte llevando en la mía
desde tu corazón de campo.Alto Azogues
tu verdad se encumbra
en la piel de cal de tu hermosura.
Preparando la fiesta de pueblo
perece el gallo más tierno.
Toda la gente desnuda el choclo maduro
y sacan a secar las mesas de la escuela toda.
Mármol y Cal
lejana Cuenca.
Color de perla y de manto
en tu Mercado que vende el Día.
Por dos catedrales, en pan y en oro
se alza tu nombre de cúpula.
Casitas de peña blanca,
con alma de madera vieja.
El manjar entero, es manjar.151
Picapedreros del Viento
Una ruina amarilla, como santa.
El ateneo del hombre
recorre tu historia.La gesta de la gravedad
lleva en su hombro de piedra,
Dintel que largo se recuesta
en la molienda del agua, y de la arena
en la molienda del grano, y la merienda.
Un molusco va radiando la roca
descubriendo en su largura el siglo gris.
La antena se alarga en busca del surco
que la piedra extiende.
Y el peso del tiempo gravita en el giro de la arista.
Ciencia innata de equilibrio intacto
Ciencia vieja.
La molinería del Cuenca hecha aquí recinto de agua
Molinería gigante bajo los cuartos de grano franco.
El agua dócil manaba en granos de oro
Maíz con lumbre ciega, lumbre buena.
Cocinaban la tierra para guardarte intacto
aún con un viento de sol en la mazorca.La esposa india hizo aquí la arenga del Pumapungo
cuando tres mil guerreros sublevados abajaron las
Andas del inca.
"Llanura grande como el cielo"152
Cuenco verde y sabio a medio mundo.
Atardecer extenso, atardecer lejano.
monte y cielo se desangran largos
Y hay un alba azul que la sangre va minando.
La Iglesia es blanca, desde el alba.Las manos pequeñas del Cañari
reclaman su potestad.
Saben que hicieron a Ingapirca.
Al castillo de los dioses.Huaynacápac, Indio bravo
seducía por estas tierras
a la gran mujer Cañari.Los bueyes trepan la cuesta negra
al hombro de la senda el arado sabio, casi
hecho tiempo.La rana, en un piar de pájaro
canta desde la siembra por el agua.Tu paja se dora sobre la tapia,
Ingapirca eterna.
Vendré en tu ruta de páramo
a verte amanecer con la Solitaria cantando
suspendido el aire en tu disco de sol153
El río cabalga con sus manos blancas
tendido el brazo en espuma sola
hacia el viaje largo de muerte marina.
Y la piedra paciente se enloma para ver pasar el
río;
para verlo pasar.Y atrás, lejanamente
Ingapirca se ha dormido en la niebla.
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