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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Reconociendo a Quito

"La Compañía" obra cúspide del Barroco Latinoamericano

Leyla Piedad Escobar
piedad@lahora.com.ec

Estefanía Albán, Dayssi Paccha y Edison Huilcapi miraban absortos el cuadro del "Juicio final" ubicado al costado izquierdo de La Compañía, templo que a propósito de la novena de la Dolorosa del Colegio, estuvo abierto, en forma gratuita a los visitantes nacionales y extranjeros.

Como Estefanía, Dayssi y Edison, cientos de niños, jóvenes y adultos acudieron a esta Iglesia en ocasión de la celebración de la novena de La Dolorosa del Colegio, que este año incluyó disertaciones sobre temas sociales como: Ecuador un país en crisis, La corrupción valorada desde la fe, Alternativas para la juventud, El trabajador centro de la vida económica, entre otros.

Para Alexandra es gratificante estar en La Compañía y admirar la gran riqueza arquitectónica y artística que tiene nuestro país; a Daysi en cambio le sorprende la gran coincidencia que existe entre la devoción de la gente y las riquezas artísticas e históricas del templo; Edison ha vuelto a esta iglesia en más de una década, de pequeño lo hacía más a menudo, hoy como ayer, él continúa admirando las maravillas que ofrece este templo que constituyen parte de la riqueza monumental y artística que ofrece el Centro Histórico de Quito.

Como la mayoría de templos de la orden de Ignacio de Loyola en el mundo, La Compañía está ubicada en la manzana jesuítica, entre las calles Espejo, Sucre, Benalcázar y García Moreno, compartiendo su magnificencia con el Centro Cultural Metropolitano, lo que quizá les convierte en las edificaciones centrales de la ciudad que mayor cantidad de visitantes reciben al día por la historia y arte que en ellos se encierra.

La Compañía

Comenzado a construir entre 1605 y 1606, este templo pasó por un verdadero vía crucis antes de ser completamente abierto a la devoción de los fieles. La falta de recursos económicos obligó a suspender los trabajos en varias oportunidades. Aún antes de ser abierto, los terremotos que asolaron a Quito echaron por tierra el campanario, el altar mayor y otras instalaciones. Sin embargo el mayor daño sufrió durante las clausuras a las que se vio sometido a causa de la expulsión que los jesuitas de América. Durante esos destierros se perdieron obras de arte y libros, de valor incalculable, especialmente para nuestra historia nacional.


La planta de la iglesia está concebida en forma de cruz latina inscrita en un rectángulo, a la manera de las iglesias de "Gesú" y de San Ignacio en Roma. En la construcción se empleó piedra para los muros y pilastras, y ladrillo para la arquería y el abovedado, lográndose un edificio que impresiona por su lujo, riqueza y magnificencia.

La nave principal se encuentra cubierta con bóveda de cañón de 16 metros de alto cuyos arcos fajones descansan sobre pilastras cuadrangulares unidas lateralmente por arcos de medio punto. La bóveda iluminada mediante lunetos, contiene una rica decoración mudéjar única, incluso se ha comentado que los adornos de las columnas (lacería) parecen ser versos escritos en árabe o persa, que contrasta con la decoración renacentista de los arcos. Las pilastras llevan como parte integrante de su decoración los 16 profetas atribuidos a Goríbar (actualmente todos están en restauración).

Las naves laterales se encuentran cubiertas con cupulines. La cúpula del crucero de 10,6 m. de diámetro es elevada, ricamente ornamentada y descansa sobre el tambor y sus correspondientes pechinas decoradas con relieves de los cuatro evangelistas. Sobre el tambor se despliega la balaustrada y doce ventanales que permiten admirar las pinturas de doce arcángeles junto a cardenales y arzobispos de la Compañía de Jesús.

El púlpito es la obra artística que completa la magnificencia del templo. Ricamente decorado con cariátides, querubines y ángeles, se encuentra rematado por la escultura de San Pablo y es uno de los mejores ejemplos de arte barroco quiteño.

Es el único templo, en Quito, que tiene como fachada un gran retablo labrado en piedra que contiene en sus hornacinas las esculturas de María Inmaculada, los santos Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Francisco de Borja, Juan Francisco de Regis, Luis Gonzaga y Estanislao de Koska. La construcción de la fachada demandó 43 años, incluidas las suspensiones por falta de fondos.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador