Reconociendo a Quito
"La Compañía"
obra cúspide del Barroco Latinoamericano
Leyla Piedad Escobar
piedad@lahora.com.ec
Estefanía Albán,
Dayssi Paccha y Edison Huilcapi miraban absortos el cuadro del
"Juicio final" ubicado al costado izquierdo de La Compañía,
templo que a propósito de la novena de la Dolorosa del
Colegio, estuvo abierto, en forma gratuita a los visitantes nacionales
y extranjeros.
Como Estefanía, Dayssi
y Edison, cientos de niños, jóvenes y adultos acudieron
a esta Iglesia en ocasión de la celebración de
la novena de La Dolorosa del Colegio, que este año incluyó
disertaciones sobre temas sociales como: Ecuador un país
en crisis, La corrupción valorada desde la fe, Alternativas
para la juventud, El trabajador centro de la vida económica,
entre otros.
Para Alexandra es gratificante
estar en La Compañía y admirar la gran riqueza
arquitectónica y artística que tiene nuestro país;
a Daysi en cambio le sorprende la gran coincidencia que existe
entre la devoción de la gente y las riquezas artísticas
e históricas del templo; Edison ha vuelto a esta iglesia
en más de una década, de pequeño lo hacía
más a menudo, hoy como ayer, él continúa
admirando las maravillas que ofrece este templo que constituyen
parte de la riqueza monumental y artística que ofrece
el Centro Histórico de Quito.
Como la mayoría de templos
de la orden de Ignacio de Loyola en el mundo, La Compañía
está ubicada en la manzana jesuítica, entre las
calles Espejo, Sucre, Benalcázar y García Moreno,
compartiendo su magnificencia con el Centro Cultural Metropolitano,
lo que quizá les convierte en las edificaciones centrales
de la ciudad que mayor cantidad de visitantes reciben al día
por la historia y arte que en ellos se encierra.
La Compañía
Comenzado a construir entre
1605 y 1606, este templo pasó por un verdadero vía
crucis antes de ser completamente abierto a la devoción
de los fieles. La falta de recursos económicos obligó
a suspender los trabajos en varias oportunidades. Aún
antes de ser abierto, los terremotos que asolaron a Quito echaron
por tierra el campanario, el altar mayor y otras instalaciones.
Sin embargo el mayor daño sufrió durante las clausuras
a las que se vio sometido a causa de la expulsión que
los jesuitas de América. Durante esos destierros se perdieron
obras de arte y libros, de valor incalculable, especialmente
para nuestra historia nacional.
La planta de la iglesia está concebida en forma de cruz
latina inscrita en un rectángulo, a la manera de las iglesias
de "Gesú" y de San Ignacio en Roma. En la construcción
se empleó piedra para los muros y pilastras, y ladrillo
para la arquería y el abovedado, lográndose un
edificio que impresiona por su lujo, riqueza y magnificencia.
La nave principal se encuentra
cubierta con bóveda de cañón de 16 metros
de alto cuyos arcos fajones descansan sobre pilastras cuadrangulares
unidas lateralmente por arcos de medio punto. La bóveda
iluminada mediante lunetos, contiene una rica decoración
mudéjar única, incluso se ha comentado que los
adornos de las columnas (lacería) parecen ser versos escritos
en árabe o persa, que contrasta con la decoración
renacentista de los arcos. Las pilastras llevan como parte integrante
de su decoración los 16 profetas atribuidos a Goríbar
(actualmente todos están en restauración).
Las naves laterales se encuentran
cubiertas con cupulines. La cúpula del crucero de 10,6
m. de diámetro es elevada, ricamente ornamentada y descansa
sobre el tambor y sus correspondientes pechinas decoradas con
relieves de los cuatro evangelistas. Sobre el tambor se despliega
la balaustrada y doce ventanales que permiten admirar las pinturas
de doce arcángeles junto a cardenales y arzobispos de
la Compañía de Jesús.
El púlpito es la obra
artística que completa la magnificencia del templo. Ricamente
decorado con cariátides, querubines y ángeles,
se encuentra rematado por la escultura de San Pablo y es uno
de los mejores ejemplos de arte barroco quiteño.
Es el único templo,
en Quito, que tiene como fachada un gran retablo labrado en piedra
que contiene en sus hornacinas las esculturas de María
Inmaculada, los santos Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Francisco
de Borja, Juan Francisco de Regis, Luis Gonzaga y Estanislao
de Koska. La construcción de la fachada demandó
43 años, incluidas las suspensiones por falta de fondos.
|