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El tesoro
de la Casa de los Siete Patios
Gregorio César de Larrea
Se trata del Quito de principios
del siglo XX. El próspero comerciante don Ursulino López
era propietario de dos casas en la ciudad: La "De los Siete
Patios" y otra en la calle "De los Plateros";
residía en la primera. Fue compadre de Don Manuel Eloy
de Larrea y Cisneros, personaje nacido en 1858, muy orgulloso
de su ancestro noble español, severo, de gran oratoria
y cultura, con sobrada postura física: fornido, más
bien alto, de piel blanca cual leche, ojos celestes muy vivos,
nariz recta y puntiaguda, bigote y cejas pobladísimas,
frente amplia, cabello negro lacio ligeramente ondulado. Usó
chaqué y frac hasta su muerte, al estilo de los caballeros
de la época, y fue compadre del Presidente Eloy Alfaro.
Don Manuel Eloy de Larrea,
que estaba casado desde 1890 con Doña Carmen Segovia Leyva,
había procreado varios hijos; residía en la "Casa
de los Siete Patios", propiedad de su compadre, quien por
el gran aprecio que le tenía, incluso se negaba a cobrarle
renta o alquiler alguno. Esta casa, Larrea, la quería
comprar a plazos razón por la que tenía entregada
en adelanto a López cierta considerable cantidad de pesos.
En alguno de los patios del
inmueble, junto a un viejo horno de pan, estaba plantado un árbol.
Ocurría que, con cierta frecuencia, en las noches, se
lo veía iluminar a manera de incendio pero, al acercarse
la gente a apagar el fuego, desaparecía- Esto intrigaba
a los moradores quienes no sabían a qué se debía
el fenómeno.
Fue así como los amigos
sugirieron a López que ello acontecía cuando había
tesoros enterrados, que los aparentes incendios se debían
al fuego de santelmo, que había que desenterrar el tesoro
a la media noche, alternando el cavado con la toma de aguardiente,
"para que no se corra la plata" y se esfume, según
arcaica tradición.
Entonces, Don Ursulino López
se dirigió a su compadre. Don Manuel Eloy de Larrea, y
le propuso que una noche determinada le acompañe, a él
y a sus peones, para desenterrar el supuesto tesoro.
Llegó el día
indicado. Larrea había ido previamente a casa de un amigo,
a visitarlo, quien le ofreció algunas copas de licor mientras
dialogaban. Endulzado en la amena conversación, llegó
la noche y continuó libando hasta el amanecer, olvidándose
del compromiso que tenía para la excavación.
Mientras tanto, López
ordenaba a las 12 en punto de la noche que los peones inicien
la búsqueda. Cavaban y tomaban aguardiente. Al poco rato,
dieron con material duro. Se trataba de un baúl de cuero
envejecido de unos dos metros de largo. Don Ursulino López
se abalanzó sobre él y desesperado lo abrió.
Todos miraron joyas, candelabros y adornos de oro, plata y piedras
preciosas que habían sido enterrados por algún
rico habitante en tiempos de la colonia. López acariciaba
los objetos, mientras los limpiaba y disponía a sus sirvientes
que los carguen en mulas para llevarlos a su otra casa, en la
calle de los Plateros.
Al día siguiente, López,
el afortunado, se sintió muy mal y a los dos días
murió. El médico expresó que la causa fue
los gases tóxicos, especialmente de Antimonio, que la
víctima inhaló cuando abrió el baúl,
muchos años enterrado.
Al enterarse don Manuel Eloy
de Larrea se dirigió a la Iglesia de San Francisco y oró
dando gracias a Dios, pues si él hubiera participado en
la excavación del tesoro, también habría
muerto por ambicioso.
Al poco, en 1917, Doña
Carmen Segovia falleció al dar a luz, quedando Don Manuel
Eloy de Larrea con varios hijos pequeños- La viuda de
López, ante la apostura y apellido de su compadre, Larrea,
se le acercó y le dijo: Manuel, acaba de fallecer tu esposa
y tienes varios hijos que necesitan una madre- Tu sabes que yo
también estoy viuda. Te propongo: no me pagues el resto
de dinero para comprar la casa- Mejor casémonos y de esta
forma pasamos a compartir mi propiedad.
Larrea respondió: Gracias
por la propuesta pero no pienso volver a contraer matrimonio.
Es mejor que me devuelvas la suma que te tengo adelantada- Ya
no me interesa comprarte la casa.
Su comadre así lo hizo
y Larrea se la gastó apostando en las carreras de caballos.
Don Manuel Eloy de Larrea murió
en 1950 y fue sepultado en el Cementerio de San Diego, en el
sector de los 'Ilustres'.
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