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¡La Música derrotó
al regionalismo!
Todavía existe un
pite, pero el monstruo del regionalismo como tal se bate en retirada
gracias a Dios.. y a la música, ya veremos de qué
manera.
J. Regato C.
Como nací y crecí
en Guayaquil, soy 'mono' de nacimiento y de crecimiento; luego
me radiqué en Quito y finalmente existo en Puyo. Por lo
tanto digo que soy guayaquileño, monoserrano oriental.
Pero recuerdo que en mis lejanos años de infancia era
tan jodido para un serrano vivir en la Costa, especialmente en
Guayaquil, como para un costeño vivir en la Sierra, especialmente
en Quito, por el bendito regionalismo. Esto de 'bendito' es un
decir... Al pobre serrano en la Costa le decían horrores:
'serrano come papa con gusano', 'longo', 'cara de tombo', 'paisano',
'marciano' o simplemente 'serrano' en tono zahiriente. Al infeliz
costeño en la Sierra le lanzaban frases como: 'mono tísico',
'mono pillo', 'mono sin rabo', o simplemente 'mono' con intención
despectiva. A un primo mío, contemporáneo, le ocurrió
en Guayaquil lo peor que le podía suceder a un costeño
en los tiempos del auge del regionalismo. Cuando en la escuela
le preguntaron su apellido, respondió: - ¡Serrano!-,
y todos sus compañeritos soltaron la carcajada, ante lo
cual él repuso apurado:
- ¡Sí, soy Serrano, pero únicamente de apellido!
UNA GLAMOROSA 'METIDA DE
PATA'
Cuando tenía apenas
8 años visité por primera vez la bella Cuenca,
la tierra de mi abuelo materno, Modesto Cordero, y conocí
a mis tíos abuelos León y Heriberto, a mis primos
y demás parentela. Los mencionados tíos destacaban
por su buen humor, y de tarde en tarde eran ellos los que animaban
las reuniones familiares conversando aquellos chistes que ascienden
a la categoría de cachos y de grueso calibre, que por
mi corta edad no lograba entender en su contenido profundo. Lo
que sí estaba claro para mí era que las mentadas
anécdotas tenían un sabor riquísimo, motivo
por el cual todos se reían a mandíbula batiente,
algunos se agarraban la panza, otros palmoteaban sobre la mesa,
y no faltaba alguna dama que salía en precipitada carrera
buscando el sitio adecuado, apurada por necesidades inenarrables,
inaplazables e indelegables.
Hasta que llegó el momento
que decidí hacer mi aparición en escena contando
un cacho que alguna vez escuché en Guayaquil, pero no
reparé en que ese maldito chiste era regionalista, y concretamente
anticuencano. Los varones se rieron indulgentes, pero la tía
Panchita no se aguantó las ganas y me persiguió
escoba en mano por los tres patios que tenía la casa,
pero muerta de la risa. ¿Quieren conocer cuál era
el cacho, verdad?. Pues ahí les va:
Un cuencano en Esmeraldas ingresa
a un restaurante, pide la carta, no le convence el menú
y le dice al negro mesero con su cantadito característico:
- ¿Me puede servir un
plato de 'mote pillo'?
- No señor, aquí no se venden esas cosas. Le puedo
traer un 'encocao de pecao' o un 'tapao'.
- Sírvame eso que usted dice, pero con motecito.
- No señor, aquí no se come mote.
- Es que yo no puedo vivir sin el motecito.
- Veee, serrano pendejo, entonces anda come mierda!
- ¡Bueno... pero con motecito!
LA REIVINDICACIÓN
Años más tarde
me reivindiqué con Cuenca desarrollando mi invariable
línea antirregionalista, para lo cual me ocupé
de los valores del arte musical ecuatoriano, de los autores,
compositores e intérpretes, como integradores de nuestra
nacionalidad. Claro que esto también me acarreó
serios problemas con los amantes de 'su' terruño, como
cuando en la ciudad de Tulcán les comenté a mis
amigos carchenses que la canción pasacalle que dice "Soy
del Carchi tierra Linda.." no es de ningún carchense,
sino del orense Jorge Salinas Cexelaya. Me dijeron horrores,
desde 'mono' para abajo. Es que desde algún tiempo atrás
me había llamado la atención que las canciones
características de las ciudades y provincias tenían
como autores a ilustres "afuereños", salvo contadas
excepciones como los casos de la 'Chola Cuencana' y del 'Chulla
Quiteño'. Este hermanamiento literario musical me pareció
siempre altamente positivo, integrador y anti regionalista.
INTEGRACIÓN TOTAL
Alguna vez, al instituirse
el primero de octubre como el Día del Pasillo Ecuatoriano,
escribí un artículo que dice "El precioso
pasacalle 'Ambato Tierra de Flores' pertenece al compositor guayaquileño
Carlos Aurelio Rubira Infante, con letra del poeta tungurahuense
Gustavo Egües. En cambio el poema del pasillo "Guayaquil
de Mis Amores" corresponde al escritor y compositor Lauro
Dávila Echeverría, orense, y la música al
libanés ecuatoriano Nicasio Safadi Revés. 'Lindo
Quito de mi Vida', pasacalle, es de la autoría del babahoyense
Custodio Sánchez. El maestro Francisco Paredes Herrera,
cuencano, compuso el bello pasillo 'Manabi', con la poesía
del bardo manabita don Elías Cedeño Jerves. Cristóbal
Ojeda Dávila, quiteño, no conoció la señorial
Loja sino cuando ya era un adulto; pues bien, es el creador del
pasillo 'Alma Lojana', que según los entendidos posee
la técnica musical perfecta. Don Jorge Enrique Salas
Mancheno compuso el singular pasacalle 'Balcón Quiteño',
habiendo nacido en la parroquia Químiag del Cantón
Riobamba. Siguiendo esta misma línea integracionista,
el pasacalle característico de la 'Tierra preciosa la
de Imbabura' titulado 'Reina y Señora' tiene como autor
de letra y música al maestro Leonardo Páez, quiteño
nacido en el barrio La Chilena. También es quiteño
el profesor Guillermo Honorato Vásquez, poeta y compositor
que se inspiró en la belleza de la mujer riobambeña
y regaló a la posteridad el pasacalle 'Riobambeñita'.
Pero el "colmo" de esta feliz integración está
dada por el hecho de que la melodía canción serrana
más bella de todos los tiempos, la 'Canción de
Los Andes' pertenece a la inspiración de un 'mono', Constantino
Mendoza, manaba; y para que nadie dude de su manabitismo les
diré sus nombres completos: se llamaba nada menos que
Antonio José Alfredo Constantino Mendoza Moreira.".
EXCEPCIONES
Y ahora toca dejar constancia
de las excepciones; y viene al caso mi reivindicación
con Cuenca cuando en otro artículo rendí el merecido
homenaje al maestro Rafael Carpio Abad, justamente un 23 de
octubre fecha de su natalicio. Él sí cuencano de
cepa, le cantó a su ciudad natal el singular pasacalle
'Chola Cuencana'. Otro Carpio de lujo, el maestro Alfredo Carpio
Flores, quiteño, entregó al acervo musical ecuatoriano
el pasacalle número uno de la quiteñidad, 'El
Chulla Quiteño'.
A todo esto hay que agregar
que serranos y serranas tan lindos como doña Carlota Jaramillo
-'la Reina'-, Gonzalo Benítez y el 'Potolo' Valencia,
siempre fueron adorados en la Costa; de igual manera que Julio
Jaramillo -'el Ruiseñor de América'-, guayaquileño,
en la Sierra.
He venido sosteniendo porfiadamente
que la música juega un papel importantísimo en
la integración de la nacionalidad ecuatoriana. Y digo
porfiadamente, porque cuando mis buenos amigos, los maestros
Rafael Quintero y Erika Silva lanzaron su enjundiosa obra "Ecuador:
Una Nación en Ciernes", a la primera vista me llamó
la atención que no se incluyera, o al menos se hiciera
alusión, precisamente a la música entre los elementos
coadyuvantes a la formación de nuestra Nación.
Cuando le comenté a Rafael mi inquietud sobre el particular,
el autor me respondió un tanto admirado, pero en tono
festivo: "¡No Pepe, este es un estudio muy serio..!".
A eso yo respondí que mi observación era de lo
más seria.
PRUEBAS AL CANTO
Ese artículo sobre el
pasillo y la música nacional termina de la siguiente manera:
"Si bien hay que destacar la importancia que para la integración
de la nacionalidad ecuatoriana tuvo el ferrocarril, capaz de
enlazar Sierra y Costa con el consiguiente progreso en todos
los órdenes de la vida, no es menos cierto que el vehículo
espiritual para esa misma integración lo constituyó
también la música nuestra: pasillos, valses, cachullapis,
albazos, tonadas, sanjuanitos, yaravíes, fox incaicos,
etc., amalgamando con sus armoniosas notas el sentimiento de
nuestra gente, de todos los estratos, pero fundamentalmente de
los sectores más humildes, es decir, de la mayoría:
sus amores y desamores, ilusiones, frustraciones, despechos,
alegrías y tristezas, en pocas palabras, todas esas cosas
que hacen que la vida sea incomparable".
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