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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

¡La Música derrotó al regionalismo!

Todavía existe un pite, pero el monstruo del regionalismo como tal se bate en retirada gracias a Dios.. y a la música, ya veremos de qué manera.

J. Regato C.

Como nací y crecí en Guayaquil, soy 'mono' de nacimiento y de crecimiento; luego me radiqué en Quito y finalmente existo en Puyo. Por lo tanto digo que soy guayaquileño, monoserrano oriental. Pero recuerdo que en mis lejanos años de infancia era tan jodido para un serrano vivir en la Costa, especialmente en Guayaquil, como para un costeño vivir en la Sierra, especialmente en Quito, por el bendito regionalismo. Esto de 'bendito' es un decir... Al pobre serrano en la Costa le decían horrores: 'serrano come papa con gusano', 'longo', 'cara de tombo', 'paisano', 'marciano' o simplemente 'serrano' en tono zahiriente. Al infeliz costeño en la Sierra le lanzaban frases como: 'mono tísico', 'mono pillo', 'mono sin rabo', o simplemente 'mono' con intención despectiva. A un primo mío, contemporáneo, le ocurrió en Guayaquil lo peor que le podía suceder a un costeño en los tiempos del auge del regionalismo. Cuando en la escuela le preguntaron su apellido, respondió: - ¡Serrano!-, y todos sus compañeritos soltaron la carcajada, ante lo cual él repuso apurado:
- ¡Sí, soy Serrano, pero únicamente de apellido!

UNA GLAMOROSA 'METIDA DE PATA'

Cuando tenía apenas 8 años visité por primera vez la bella Cuenca, la tierra de mi abuelo materno, Modesto Cordero, y conocí a mis tíos abuelos León y Heriberto, a mis primos y demás parentela. Los mencionados tíos destacaban por su buen humor, y de tarde en tarde eran ellos los que animaban las reuniones familiares conversando aquellos chistes que ascienden a la categoría de cachos y de grueso calibre, que por mi corta edad no lograba entender en su contenido profundo. Lo que sí estaba claro para mí era que las mentadas anécdotas tenían un sabor riquísimo, motivo por el cual todos se reían a mandíbula batiente, algunos se agarraban la panza, otros palmoteaban sobre la mesa, y no faltaba alguna dama que salía en precipitada carrera buscando el sitio adecuado, apurada por necesidades inenarrables, inaplazables e indelegables.

Hasta que llegó el momento que decidí hacer mi aparición en escena contando un cacho que alguna vez escuché en Guayaquil, pero no reparé en que ese maldito chiste era regionalista, y concretamente anticuencano. Los varones se rieron indulgentes, pero la tía Panchita no se aguantó las ganas y me persiguió escoba en mano por los tres patios que tenía la casa, pero muerta de la risa. ¿Quieren conocer cuál era el cacho, verdad?. Pues ahí les va:

Un cuencano en Esmeraldas ingresa a un restaurante, pide la carta, no le convence el menú y le dice al negro mesero con su cantadito característico:

- ¿Me puede servir un plato de 'mote pillo'?
- No señor, aquí no se venden esas cosas. Le puedo traer un 'encocao de pecao' o un 'tapao'.
- Sírvame eso que usted dice, pero con motecito.
- No señor, aquí no se come mote.
- Es que yo no puedo vivir sin el motecito.
- Veee, serrano pendejo, entonces anda come mierda!
- ¡Bueno... pero con motecito!

LA REIVINDICACIÓN

Años más tarde me reivindiqué con Cuenca desarrollando mi invariable línea antirregionalista, para lo cual me ocupé de los valores del arte musical ecuatoriano, de los autores, compositores e intérpretes, como integradores de nuestra nacionalidad. Claro que esto también me acarreó serios problemas con los amantes de 'su' terruño, como cuando en la ciudad de Tulcán les comenté a mis amigos carchenses que la canción pasacalle que dice "Soy del Carchi tierra Linda.." no es de ningún carchense, sino del orense Jorge Salinas Cexelaya. Me dijeron horrores, desde 'mono' para abajo. Es que desde algún tiempo atrás me había llamado la atención que las canciones características de las ciudades y provincias tenían como autores a ilustres "afuereños", salvo contadas excepciones como los casos de la 'Chola Cuencana' y del 'Chulla Quiteño'. Este hermanamiento literario musical me pareció siempre altamente positivo, integrador y anti regionalista.

INTEGRACIÓN TOTAL

Alguna vez, al instituirse el primero de octubre como el Día del Pasillo Ecuatoriano, escribí un artículo que dice "El precioso pasacalle 'Ambato Tierra de Flores' pertenece al compositor guayaquileño Carlos Aurelio Rubira Infante, con letra del poeta tungurahuense Gustavo Egües. En cambio el poema del pasillo "Guayaquil de Mis Amores" corresponde al escritor y compositor Lauro Dávila Echeverría, orense, y la música al libanés ecuatoriano Nicasio Safadi Revés. 'Lindo Quito de mi Vida', pasacalle, es de la autoría del babahoyense Custodio Sánchez. El maestro Francisco Paredes Herrera, cuencano, compuso el bello pasillo 'Manabi', con la poesía del bardo manabita don Elías Cedeño Jerves. Cristóbal Ojeda Dávila, quiteño, no conoció la señorial Loja sino cuando ya era un adulto; pues bien, es el creador del pasillo 'Alma Lojana', que según los entendidos posee la técnica musical perfecta. Don Jorge Enrique Salas Mancheno compuso el singular pasacalle 'Balcón Quiteño', habiendo nacido en la parroquia Químiag del Cantón Riobamba. Siguiendo esta misma línea integracionista, el pasacalle característico de la 'Tierra preciosa la de Imbabura' titulado 'Reina y Señora' tiene como autor de letra y música al maestro Leonardo Páez, quiteño nacido en el barrio La Chilena. También es quiteño el profesor Guillermo Honorato Vásquez, poeta y compositor que se inspiró en la belleza de la mujer riobambeña y regaló a la posteridad el pasacalle 'Riobambeñita'. Pero el "colmo" de esta feliz integración está dada por el hecho de que la melodía canción serrana más bella de todos los tiempos, la 'Canción de Los Andes' pertenece a la inspiración de un 'mono', Constantino Mendoza, manaba; y para que nadie dude de su manabitismo les diré sus nombres completos: se llamaba nada menos que Antonio José Alfredo Constantino Mendoza Moreira.".

EXCEPCIONES

Y ahora toca dejar constancia de las excepciones; y viene al caso mi reivindicación con Cuenca cuando en otro artículo rendí el merecido homenaje al maestro Rafael Carpio Abad, justamente un 23 de octubre fecha de su natalicio. Él sí cuencano de cepa, le cantó a su ciudad natal el singular pasacalle 'Chola Cuencana'. Otro Carpio de lujo, el maestro Alfredo Carpio Flores, quiteño, entregó al acervo musical ecuatoriano el pasacalle número uno de la quiteñidad, 'El Chulla Quiteño'.

A todo esto hay que agregar que serranos y serranas tan lindos como doña Carlota Jaramillo -'la Reina'-, Gonzalo Benítez y el 'Potolo' Valencia, siempre fueron adorados en la Costa; de igual manera que Julio Jaramillo -'el Ruiseñor de América'-, guayaquileño, en la Sierra.

He venido sosteniendo porfiadamente que la música juega un papel importantísimo en la integración de la nacionalidad ecuatoriana. Y digo porfiadamente, porque cuando mis buenos amigos, los maestros Rafael Quintero y Erika Silva lanzaron su enjundiosa obra "Ecuador: Una Nación en Ciernes", a la primera vista me llamó la atención que no se incluyera, o al menos se hiciera alusión, precisamente a la música entre los elementos coadyuvantes a la formación de nuestra Nación. Cuando le comenté a Rafael mi inquietud sobre el particular, el autor me respondió un tanto admirado, pero en tono festivo: "¡No Pepe, este es un estudio muy serio..!". A eso yo respondí que mi observación era de lo más seria.

PRUEBAS AL CANTO

Ese artículo sobre el pasillo y la música nacional termina de la siguiente manera: "Si bien hay que destacar la importancia que para la integración de la nacionalidad ecuatoriana tuvo el ferrocarril, capaz de enlazar Sierra y Costa con el consiguiente progreso en todos los órdenes de la vida, no es menos cierto que el vehículo espiritual para esa misma integración lo constituyó también la música nuestra: pasillos, valses, cachullapis, albazos, tonadas, sanjuanitos, yaravíes, fox incaicos, etc., amalgamando con sus armoniosas notas el sentimiento de nuestra gente, de todos los estratos, pero fundamentalmente de los sectores más humildes, es decir, de la mayoría: sus amores y desamores, ilusiones, frustraciones, despechos, alegrías y tristezas, en pocas palabras, todas esas cosas que hacen que la vida sea incomparable".

 
 
 
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