La noche
que los marcianos invadieron Cotocollao
José Villamarín
Carrascal
jvillamarin@uamericas.edu.ec
El 12 de febrero de 1949, hace
54 años, Radio Quito dramatizó la obra de H.G.
Wells, "La Guerra de los mundos", que causó
pánico entre la población y el consiguiente incendio
de los diarios El Comercio, Ultimas
Noticias y Radio Quito, que
funcionaban en el mismo local.
Sábado 12 de febrero.
Nueve de la noche. Con su entrega de siempre, el "Potolo"
Valencia y Gonzalo Benítez, el mejor dueto de música
nacional, comienza a rasgar las guitarras en los micrófonos
de Radio Quito. Es un especial, pues su programa regular "Las
canciones del alma", se transmiten solo lunes, miércoles
y viernes.
Apenas han comenzado a cantar
su segunda canción, el pasillo "Para mí tu
recuerdo", cuando reciben la señal convenida y el
locutor les interrumpe abruptamente para hacer un anuncio fatal:
"Nos invaden los marcianos, nos invaden". Y da a conocer
de inmediato de la llegada de un ejército de platillos
voladores que han aterrizado en Cotocollao, junto al campo de
aviación.
Hace una pausa mientras sus
compañeros le hacen gestos de aprobación. Ahora
está al borde de las lágrimas. Continúa:
"Las increíbles noticias que estamos suministrando
provienen de calificadas agencias internacionales y los servicios
regulares del diario capitalino El Comercio. Importante: los
boletines informativos que están escuchando, señoras
y señores, tienen el patrocinio exclusivo de Orangine,
el insuperable refresco de naranja"..
Al instante salen al aire enlaces
con radio Continental de Ambato, La Voz de Cochabamba de Cuenca,
radio Zenit de Guayaquil, que tratan de comunicarse con Quito
para advertir el peligro que se cierne sobre la Capital. Y se
anuncia dramáticamente que Latacunga ha sido destruida
con un gas letal que se aproxima peligrosamente a Tambillo desde
el sur y que había sobrepasado por el norte la ciudad
de Otavalo.
En los hogares del conventual
Quito de entonces, la gente que no había escuchado que
se trataba de una adaptación de la famosa obra de H.G.
Wells, "La guerra de los mundos", empezó a creer
a pie juntillas lo que le informaba Radio Quito, una de las más
prestigiosas de la Capital. A ello había que sumar los
visos de realidad que tenía la dramatización. El
punto culminante fue, quizá, cómo se desvaneció
el reportero que narraba los acontecimientos desde Cotocollao,
tocado por un arma letal marciana, nunca antes vista en la Tierra.
La gente en la calle empieza
a huir despavorida. Es el fin del mundo. El fin de la civilización.
La muerte irremediable. Nunca antes las iglesias se habían
llenado tanto. Otros intentaban huir. ¿Huir a dónde
si los marcianos acabarán con el mundo? Había que
despedirse y morir en paz.
Los avaros entonces se volvieron
manirrotos. Los bígamos empezaron a pedir perdón
a sus esposas que perdonaron sin temor y también pedían
perdón por sus deslices.
Interminables hileras de vehículos
se dirigen en distintas direcciones. El locutor advierte una
vez más que se trata de una dramatización que nada
tiene que ver con la realidad. Unos no escuchan y otros no lo
creen. Lo único que quieren es huir.
Los "invasores"
invadidos
Cuando se confirmó que
efectivamente nada era realidad, algunos fueron hasta la radio
a pedir explicaciones, pero se les cerró las puertas.
La gente se amotinó frente al edificio de la calle Chile,
donde funcionaba El Comercio, Ultimas Noticias y Radio Quito.
Junto a los gritos volaban piedras contra los ventanales. Se
forzaron las puertas de hierro y ahí, en medio de tanto
papel del diario, un fósforo inició el incendio.
Los "invasores" eran invadidos por una muchedumbre
que se sintió mofada, engañada.
Luis Beltrán Gómez,
locutor oficial de la radio, en medio de las llamas pedía
auxilio a la policía, a los bomberos. Las lenguas de
fuego se propalaban en una danza macabra que llegaba ya al tercer
piso. Los trabajadores de El Comercio, que estaban imprimiendo
la edición del día domingo, y los de la propia
radio Quito, que se encontraban en el cuarto piso, en la desesperación
optaron por descender por una pared en construcción: seis
se fueron al suelo. Otros huyeron por la calle Chile, donde para
salir tenían que ser identificados previamente. La chusma
quería solo a los responsables de la dramatización,
pero en especial a Leonardo Páez, director artístico
de Radio Quito y principal responsable de la dramatización.
En el cuarto piso los sucesos
eran dramáticos. "Estábamos con el Potolo
en al bar - recuerda Gonzalo Benítez-. Cuando oímos
incendio, ahí si fue "¡Sálvese quien
pueda!". Me acordé que en el urinario había
una claraboya. Fui para allá. Ni me acordé del
Potolo. El tumbado era de zinc. Taita Dios me dio fuerzas y logré
retirarle y por allí salí. De ahí me boté
al techo de la otra casa. Ese sí era de tejas, así
que se enterraron los pies en las tejas".
Sus compañeros andaban
en las mismas acrobacias. "En el filo del techo le veo a
Páez y otras gentes -dice-. A él le necesitaban
para hacerle fritada. Abajo todo estaba rodeado de gentes y
policía. Imposible poder huir. Le aconsejé que
vaya por el techo a La Providencia; así hizo y de allí
pasó al Conservatorio antiguo. Ahí se bajó
y en un camión le salvaron. Dicen que le llevaron a una
hacienda cerca de Ibarra, a esconderle".
Los bomberos recién
llegados luchaban contra las llamas. A las tres de la madrugada
lograron controlar el fuego. Pero este había consumido
ya los tres medios de comunicación. Como dice el propio
Leonardo Páez en su libro-testimonio Los que siembran
viento: "Vaina seria son la noche y la radio aliadas".
¿Un escenario bien
montado?
Al parecer, hubo advertencias
previas sobre la dramatización, pero no las suficientes,
según se desprende de las declaraciones de Eduardo Alcaraz.
En una entrevista a El Día, dice que insistió a
Páez que anunciara con anticipación la dramatización,
tal como se hizo en Chile, pero que había recibido como
respuesta que aquello le haría perder interés a
la obra y que él tenía una mejor idea.
Lo que hizo, dice, fue escribir
una información sobre la aparición de platillos
voladores en la zona norte del país, que salió
publicada en Últimas Noticias. Inclusive, envió
a hacer un reportaje al Director del Observatorio sobre esta
aparición extraña, pero que no consiguió
nada, pues nada había que decir al respecto.
Quizá por todo esto
fue que la empresa del diario El Comercio, propietaria también
de Radio Quito, desaprobó esta dramatización, pues
dijo que se hizo sin autorización ni conocimiento de sus
directivos.
El saldo final: incendio de
tres medios de comunicación, seis personas muertas, decenas
de heridos y un pueblo que se sintió burlado. Hoy, en
pleno tercer milenio signado por un racionalismo en decadencia
¿qué pasaría si se reeditara una nueva versión
de La guerra de los mundos?
Nueva York: "No fue
un marciano, fue noche de brujas..."
En 1938 se presentó
un radioteatro similar en Nueva York. A las ocho de la noche,
el famoso actor Orson Wells, como regalo de la noche de brujas,
presentó esta obra, en formato de noticia: se leía
información sobre la llegada de los marcianos a Nueva
Jersey, seguido de música, más noticias, entrevistas
a "astrónomos", la voz del presidente Roosevelt
y el dramático anuncio de que había que evacuar
Nueva York ante el inminente ataque marciano. Los efectos sonoros
eran de primera.
A las ocho y media, miles de
oyentes de la CBS habían abandonado ya sus receptores
y sus casas. Unos huían y otros iban a enfrentar a los
invasores. Se conoce incluso de suicidios ante el inminente fin
del mundo. Esto provocó que en las calles se produjera
la misma aglomeración de gente de la cual informaba ficticiamente
la radio.
Ante el problema suscitado,
se tuvo que suspender el programa: "Les habla Orson Welles
fuera de personaje para asegurarles que La guerra de los mundos
no fue más que un obsequio de noche de brujas... Ya pueden
quitarle los cerrojos a puertas y ventanas... Sentirán
un alivio al saber que no fue en serio. Si alguien toca la puerta,
abren y no hay nadie, no fue un marciano. Es noche de brujas..."
En 1944 se hizo lo propio en
Chile. Según el actor chileno Eduardo Alcázar (preso
y enjuiciado en Quito por participar en el radioteatro), este
programa fue el éxito radial del año en el país
del sur. "No se registraron desgracias personales. Hubo
escenas tragicómicas como la de un Gobernador de Provincia,
que telegrafió al Ministerio de Guerra, avisando que había
puesto en pie de batalla a la tropa con el emplazamiento de cañones,
para oponerse a los invasores marcianos", cuenta en una
entrevista realizada a El Día (16-II-49).
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