| |
El Gran
Hermano: ¿telebasura o laboratorio de la realidad?
¿Decepcionados porque
el grupo de Gran Hermano, capítulo Ecuador, es aburridamente
normal? No se preocupe, que alrededor de 100 guionistas, productores,
editores, darán muy pronto (si no lo han hecho ya) directrices
exactas a los participantes, para que hagan "cosas interesantes".
Así se hizo en España,
Argentina, Francia, Italia en las anteriores versiones del Gran
Hermano (GH). Esta y otras situaciones son las que han permitido
armar el debate sobre GH, donde se han encontrado al menos dos
posiciones contrapuestas: la una que señala que es un
importante laboratorio de la realidad y la otra que sostiene
que no es más que telebasura.
UN LABORATORIO DE LA REALIDAD
Recordemos que el Gran Hermano
es un programa donde se filma las 24 horas del día absolutamente
todo lo que hacen o dejan de hacer 12 personas de ambos sexos,
al interior de una casa, de la cual no pueden salir y no tienen
contacto con el exterior durante 119 días; donde no tienen
ni prensa, ni radio, ni televisión, ni siquiera un libro
para leer o una pluma para escribir. Disponen de un presupuesto
de 5 dólares diarios por persona para la comida, una hora
de ducha caliente diaria y duermen en dos habitaciones, cada
una con seis camas.
La forma cómo reaccionan
los 12 participantes frente a estos hechos, por sí solo,
haría del programa un verdadero laboratorio donde estudiar
el comportamiento humano en relación con aspectos tan
humanos como la organización, la tolerancia, la solidaridad,
la amistad, el amor.
Es sobre esta base que uno de los responsables del programa lo
definió como un estudio del comportamiento humano que
tenía como objetivo observar a la gente en su estado natural
(que se supone es la casa donde vive uno). Mejor aún si
los participantes son gente como uno: común y corriente,
sin tener nada especial que decir.
Al parecer, esta es la razón
por la cual ha tenido audiencias masivas muy pocas veces antes
logradas, que incluye 11 millones de televidentes en España,
el día en que tenía que decidirse quién
abandona la casa. Así las cosas, parecería que
el programa se lleva meritorios aplausos.
Sin embargo, no es así.
Sus detractores señalan que no es más que telebasura
donde se manipula la realidad y los participantes son utilizados
para lograr grandes sintonías. A ello habría que
sumar el hecho de que estimula el voyerismo (actitud morbosa
de quienes disfrutan viendo actitudes íntimas de otras
personas) y rompe con las fronteras entre la realidad y la ficción.
LA IMAGEN REAL DE UNA REALIDAD
FICTICIA
En la casa del GH hay más
de 35 cámaras y 70 micrófonos en los lugares más
inesperados, de manera que se conozca todo lo que hacen y dicen
los concursantes. Eso implica alrededor de 900 horas diarias
de filmación, que tienen que ser editadas y convertidas
en un programa de una hora, que es lo que se transmite diariamente
en la TV. Como sabemos, el lenguaje audiovisual, lejos de describir
la realidad en sí, la recorta, organiza, edita, le hace
ficción. De hecho, 100 editores y productores trabajan
en este aspecto las 24 horas. ¿Qué parte de la
realidad nos harán ver? Obviamente, aquella más
interesante, la que venda, la que atrape al televidente.
Y si no hay nada bueno (como
el domingo del lanzamiento del programa), los guionistas "aconsejarán"
a los concursantes cómo darle "vida" a la casa.
Es decir, se desarrollan estrategias para aumentar la audiencia.
Los participantes son, obviamente, los más interesados
en que el programa sea lo más atractivo, por lo que no
dudarán en aceptar dichos consejos. Un redactor de Zeppelin,
la productora del GH de España, contó a un diario
ibérico que a través de una ventana oculta, se
facilitó estimulantes a cuatro concursantes, en momentos
de bajones anímicos.
Además, el hecho de
que sea un concurso, puede provocar comportamientos no naturales,
sino adaptados a lo que los televidentes esperan de una persona,
más aún si saben que son ellos los que definen
quién se queda en la casa. "Los participantes cuando
salen -dicen las periodistas Castro y Portillo-, salen convertidos
en estrellas de televisión, figuras públicas a
las que en gran parte se les exige coherencia con el papel que
jugaron adentro en cada capítulo de esta historia seriada
(romances, roles de héroes y villanos, final feliz). La
realidad se aproxima demasiado a la ficción, con derecho
a edición de imágenes, a música de fondo,
a guión".
Adicionalmente, está
prohibido conversar cobre temas "engorrosos", como
de política, por ejemplo. De hecho, cuando en España
se criticó levemente a la monarquía o se habló
vagamente sobre los dos principales partidos políticos,
se censuró a los participantes. Cuando estas intervenciones
se dan en vivo, los productores bajan el volumen de los micrófonos
y pasan de inmediato a otra toma.
En estas circunstancias, ¿se
puede hablar de un laboratorio donde se ve el comportamiento
"natural" del individuo? ¿O acaso no es solo
una imagen real de una realidad ficticia, para utilizar palabras
de la especialista argentina Lilia Ciamberlani?
El Gran Hermano de George Orwell
(1984) controlaba a la gente. Aquí, se posibilita que
la gente controle la vida de los personajes del programa. De
allí que en nuestra entrega anterior calificamos a este
programa como "circo romano postmoderno", donde la
gente, en lugar de bajar el dedo índice en señal
de aprobación de la muerte del cristiano en las fauces
del león, llama al teléfono o escribir un mail
decidiendo quién debe irse de la casa.
Precisamente por esta participación
masiva y el poder de decisión de las audiencias es que
no cabe despreciar a este tipo de programas etiquetándoles
como telebasura ("la basura muchas veces está en
el que ve la televisión"), como en una época
se hizo con las telenovelas, pues allí está implícita
una visión elitista de la cultura, según la cual
el pueblo, la masa, es fácilmente manipulable y se deja
imponer programas de "mal gusto". Lo que en realidad
sucede es que la audiencia asigna sus propios significados a
los contenidos del programa. Y si la audiencia está conformada
por millones de personas, lo prudente será investigar
y estudiar esos significados y no juzgarla a través de
los prejuicios subjetivos del "hombre culto".
Este puede ser un buen camino
para comenzar a conocernos mejor entre nosotros, única
manera de construir la tan ansiada sociedad más justa
y equitativa. Así, GH, ni telebasura ni laboratorio del
comportamiento humano en su estado natural, sino un espacio donde
conocer y comprender el comportamiento de millones de ecuatorianos.
|
|