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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

El Gran Hermano: ¿telebasura o laboratorio de la realidad?

¿Decepcionados porque el grupo de Gran Hermano, capítulo Ecuador, es aburridamente normal? No se preocupe, que alrededor de 100 guionistas, productores, editores, darán muy pronto (si no lo han hecho ya) directrices exactas a los participantes, para que hagan "cosas interesantes".

Así se hizo en España, Argentina, Francia, Italia en las anteriores versiones del Gran Hermano (GH). Esta y otras situaciones son las que han permitido armar el debate sobre GH, donde se han encontrado al menos dos posiciones contrapuestas: la una que señala que es un importante laboratorio de la realidad y la otra que sostiene que no es más que telebasura.

UN LABORATORIO DE LA REALIDAD

Recordemos que el Gran Hermano es un programa donde se filma las 24 horas del día absolutamente todo lo que hacen o dejan de hacer 12 personas de ambos sexos, al interior de una casa, de la cual no pueden salir y no tienen contacto con el exterior durante 119 días; donde no tienen ni prensa, ni radio, ni televisión, ni siquiera un libro para leer o una pluma para escribir. Disponen de un presupuesto de 5 dólares diarios por persona para la comida, una hora de ducha caliente diaria y duermen en dos habitaciones, cada una con seis camas.

La forma cómo reaccionan los 12 participantes frente a estos hechos, por sí solo, haría del programa un verdadero laboratorio donde estudiar el comportamiento humano en relación con aspectos tan humanos como la organización, la tolerancia, la solidaridad, la amistad, el amor.
Es sobre esta base que uno de los responsables del programa lo definió como un estudio del comportamiento humano que tenía como objetivo observar a la gente en su estado natural (que se supone es la casa donde vive uno). Mejor aún si los participantes son gente como uno: común y corriente, sin tener nada especial que decir.

Al parecer, esta es la razón por la cual ha tenido audiencias masivas muy pocas veces antes logradas, que incluye 11 millones de televidentes en España, el día en que tenía que decidirse quién abandona la casa. Así las cosas, parecería que el programa se lleva meritorios aplausos.

Sin embargo, no es así. Sus detractores señalan que no es más que telebasura donde se manipula la realidad y los participantes son utilizados para lograr grandes sintonías. A ello habría que sumar el hecho de que estimula el voyerismo (actitud morbosa de quienes disfrutan viendo actitudes íntimas de otras personas) y rompe con las fronteras entre la realidad y la ficción.

LA IMAGEN REAL DE UNA REALIDAD FICTICIA

En la casa del GH hay más de 35 cámaras y 70 micrófonos en los lugares más inesperados, de manera que se conozca todo lo que hacen y dicen los concursantes. Eso implica alrededor de 900 horas diarias de filmación, que tienen que ser editadas y convertidas en un programa de una hora, que es lo que se transmite diariamente en la TV. Como sabemos, el lenguaje audiovisual, lejos de describir la realidad en sí, la recorta, organiza, edita, le hace ficción. De hecho, 100 editores y productores trabajan en este aspecto las 24 horas. ¿Qué parte de la realidad nos harán ver? Obviamente, aquella más interesante, la que venda, la que atrape al televidente.

Y si no hay nada bueno (como el domingo del lanzamiento del programa), los guionistas "aconsejarán" a los concursantes cómo darle "vida" a la casa. Es decir, se desarrollan estrategias para aumentar la audiencia. Los participantes son, obviamente, los más interesados en que el programa sea lo más atractivo, por lo que no dudarán en aceptar dichos consejos. Un redactor de Zeppelin, la productora del GH de España, contó a un diario ibérico que a través de una ventana oculta, se facilitó estimulantes a cuatro concursantes, en momentos de bajones anímicos.

Además, el hecho de que sea un concurso, puede provocar comportamientos no naturales, sino adaptados a lo que los televidentes esperan de una persona, más aún si saben que son ellos los que definen quién se queda en la casa. "Los participantes cuando salen -dicen las periodistas Castro y Portillo-, salen convertidos en estrellas de televisión, figuras públicas a las que en gran parte se les exige coherencia con el papel que jugaron adentro en cada capítulo de esta historia seriada (romances, roles de héroes y villanos, final feliz). La realidad se aproxima demasiado a la ficción, con derecho a edición de imágenes, a música de fondo, a guión".

Adicionalmente, está prohibido conversar cobre temas "engorrosos", como de política, por ejemplo. De hecho, cuando en España se criticó levemente a la monarquía o se habló vagamente sobre los dos principales partidos políticos, se censuró a los participantes. Cuando estas intervenciones se dan en vivo, los productores bajan el volumen de los micrófonos y pasan de inmediato a otra toma.

En estas circunstancias, ¿se puede hablar de un laboratorio donde se ve el comportamiento "natural" del individuo? ¿O acaso no es solo una imagen real de una realidad ficticia, para utilizar palabras de la especialista argentina Lilia Ciamberlani?

El Gran Hermano de George Orwell (1984) controlaba a la gente. Aquí, se posibilita que la gente controle la vida de los personajes del programa. De allí que en nuestra entrega anterior calificamos a este programa como "circo romano postmoderno", donde la gente, en lugar de bajar el dedo índice en señal de aprobación de la muerte del cristiano en las fauces del león, llama al teléfono o escribir un mail decidiendo quién debe irse de la casa.

Precisamente por esta participación masiva y el poder de decisión de las audiencias es que no cabe despreciar a este tipo de programas etiquetándoles como telebasura ("la basura muchas veces está en el que ve la televisión"), como en una época se hizo con las telenovelas, pues allí está implícita una visión elitista de la cultura, según la cual el pueblo, la masa, es fácilmente manipulable y se deja imponer programas de "mal gusto". Lo que en realidad sucede es que la audiencia asigna sus propios significados a los contenidos del programa. Y si la audiencia está conformada por millones de personas, lo prudente será investigar y estudiar esos significados y no juzgarla a través de los prejuicios subjetivos del "hombre culto".

Este puede ser un buen camino para comenzar a conocernos mejor entre nosotros, única manera de construir la tan ansiada sociedad más justa y equitativa. Así, GH, ni telebasura ni laboratorio del comportamiento humano en su estado natural, sino un espacio donde conocer y comprender el comportamiento de millones de ecuatorianos.

 
 
 
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