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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Ateísmo: capacidad de sí mismo

Víctor Manuel Guzmán Villena
victormanuelguzman@yahoo.com

En el proceso de desarrollo de la sociedad y de sus diversos pueblos se van configurando los diversos cultos y van adquiriendo naturaleza ideológica de profunda raigambre dentro del conjunto social determinando la conducta general y la conducta individual de quienes lo conforman. El teísmo es una conducta individual como parte de una conducta social de carácter general.
Mientras se desarrolla el teísmo, a su lado pero en forma imperceptible, se desarrolla también el ateísmo. Teísmo y ateísmo son una unidad ideológica dentro del conjunto humano y dentro de cada unidad social en él. El teísmo es el aspecto dominante y el ateísmo es el aspecto dominado. El uno no puede subsistir sin el otro, es como lo negativo y lo positivo de un fenómeno cultural humano.
Como herencia cultural, el teísmo es algo consustancial al ser humano, como el ateísmo también lo es; la diferencia se encuentra en la predominancia del primero sobre el segundo; mientras el teísmo no necesita reflexión ya que se impone como institucionalidad ideológica, el ateísmo exige la reflexión; quien se detiene a pensar si el teísmo, si las creencias en fenómenos no perceptibles son posibles de existir, si podrá haber manifestaciones no materiales, éste ya reflexiona, piensa en términos de racionalidad. Este es el ateo y esta clase de individuos siempre los ha habido dentro de cada grado de desarrollo del ser humano correspondiente al mismo.
Entonces, el ateísmo es ya una forma de contradicción a lo dominante como pensar; a lo dominante como poder humano sobre la existencia humana; a lo dominante como fuerza ya sea natural o social; el ateo, el no creyente, es ya un "rebelde" pero no de cualquier clase de rebelde: se rebela contra todo lo que signifique poder y esto amenaza la estructura misma del grupo social. De ahí que en todas las épocas, sean ellos los que representan mayor peligro para la institucionalidad.

Sin embargo, el ser ateo es más grave que ser rebelde social, a los rebeldes sociales se les califica como ateos; en esa forma su estigmatización se hace más fuerte. Las castas dominantes en el poder económico, social y político, arremeten contra sus opositores en toda clase de acusaciones, pero la de mayor peso es la del ateísmo. Dígalo el caso de Sócrates a quien se acusa falsamente de incitar a desconocer a los dioses griegos, cuando él mismo se presenta con afirmaciones sobre el acatamiento a los mismos.
La cuestión religiosa ha sido predominante, una cuestión personal aunque con repercusiones sociales de consecuencias diversas que van desde la angustia individual hasta las guerras religiosas. Refiriéndose a la cuestión religiosa. Freud escribió un artículo titulado: 'El malestar en la cultura, que con el provenir de una ilusión', expresa los criterios del psicoanálisis con referencia a las creencias religiosas.
Es importante rememorar a Freud porque, parece que hoy el elemento de mayor peso es la religiosidad de las gentes, que es de origen psíquico, y quién mejor que el ilustre vienés para recordarles ese origen a quienes siguen siendo religiosos. Y es porque el peso abrumador del arsenal mercantil de la sociedad en que vivimos, atrapa al individuo y lo aísla de sus congéneres en laberintos tan desolados y desoladores que le obliga a buscar una protección a un consuelo para su miserable condición psíquica. ¿Acaso no vemos en fenómenos tan comunes como el estrés; en la angustia existencial, esa situación de soledad y de ¡encarcelamiento! que produce la sociedad en que vivimos, en la cual cada cual se encuentra, sin quererlo, completamente en medio de inmensas multitudes?.
Bajo el peso de la necesidad, cualquiera que ella sea, el individuo moderno acude a cuanta secta, movimiento o religión se le ofrezca para ¿liberarlo? de esa angustia. Acogiéndose a cualquiera de ellas se hunde más en los espacios insondables de la sumisión y la entrega de su propio ser creyendo realizarse como tal. Entrega su esencia a cambio de una falaz promesa bajo una supuesta protección y consuelo en su vida; la ilusión es hecha realidad bajo el manto de la misma ilusión y, en esa forma, su existencialidad se agota irremediablemente en manos de los avivatos que viven de la ignorancia y la miseria intelectual de las inmensas mayorías.
Ser ateo, pues, significa en el cuadro de la existencia moderna, superar los dos elementos tradicionales, sobre los cuales se ha venido sosteniendo el ateísmo: la ignorancia y la soledad.
Gran parte de la humanidad posee conocimientos en diversidad de áreas de la actividad social; sin embargo, ese conocimiento, no puede generar una concepción sobre el fenómeno de las creencias del individuo. El ateísmo exige, para que sea real, que se sustente sobre conceptos filosóficos concretos.
El ateísmo sentimental o revanchista nada tiene que ver con el ateísmo que se expresa con el fundamento filosófico dialéctico, a la vez respaldado por el desarrollo de la ciencia y el conocimiento. El ateísmo será firme por siempre 'ad infinitum' y no corre el peligro de desandar lo andado como pretenden algunos afirmar. Pero no es solamente la ciencia y el conocimiento lo que permite ser dialécticos y, en consecuencia ateos, sino que ello se refuerza mediante la cohesión en forma colectiva de existencia.
De ahí que el colectivismo económico consciente sea la mejor garantía del ateísmo. En la misma forma ese colectivismo tiene la garantía de avanzar si quienes los orientan y dirigen son ateos. Es una relación dialéctica en la cual lo uno es parte de lo otro en la perspectiva de su propia reafirmación material y cultural.
El cambio de los dioses ¿espirituales? por los dioses ¿materiales? es otra forma de teísmo. El culto al dinero, la deificación del objeto material, cualquiera que sea, es teísmo; la reverencia al poderoso, al que tiene dinero o tiene poder económico, social, político o militar, es otra forma de culto que tiene esencia religiosa. La alienación es otra forma de manifestar la esencia religiosa de los humanos, particularmente los individuos de la modernidad y de la postmodernidad, como se le viene llamando ahora a los últimos tiempos. No es que estemos propugnando por el igualitarismo en lo social, sino que dentro del campo comunitario deben manifestarse respetuosos sí del otro, pero no reverentes al estilo religioso por más autoridad que haya que respetar en quienes tienen las condiciones para atraer simpatías y respetos; el ateísmo debe ser un modo de vida y para poder serlo es necesario no ser esclavo del objeto ni del sujeto. Comprender la esencia de los fenómenos y comprender que todo obedece a leyes, es el primer paso; utilizar ese conocimiento en la perspectiva de elevar el nivel material y cultural de la vida, es el siguiente; entonces, tendremos ya las condiciones para ser verdaderamente libres y quien es libre no puede ser teísta. Esta es la realidad de hoy y ella es el resultado de siglos de existir tanto material como cultural.
Del teísmo de los primeros pensadores al nuestro hay la misma distancia que existe entre la ignorancia y el saber, entre las condiciones naturales de existencia y las condiciones modernas en las cuales un acumulado productivo, tanto material como cultural, ha cambiado el pensar. Aquellos pensadores lo fueron en forma natural, nosotros lo somos en condiciones diferentes porque la práctica, la tecnología, la ciencia y el conocimiento nos han dado diversos argumentos en el planteamiento de nuestro pensamiento.

 
 
 
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