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Ateísmo: capacidad
de sí mismo
Víctor Manuel Guzmán
Villena
victormanuelguzman@yahoo.com
En el
proceso de desarrollo de la sociedad y de sus diversos pueblos
se van configurando los diversos cultos y van adquiriendo naturaleza
ideológica de profunda raigambre dentro del conjunto social
determinando la conducta general y la conducta individual de
quienes lo conforman. El teísmo es una conducta individual
como parte de una conducta social de carácter general.
Mientras se desarrolla el teísmo, a su lado pero en forma
imperceptible, se desarrolla también el ateísmo.
Teísmo y ateísmo son una unidad ideológica
dentro del conjunto humano y dentro de cada unidad social en
él. El teísmo es el aspecto dominante y el ateísmo
es el aspecto dominado. El uno no puede subsistir sin el otro,
es como lo negativo y lo positivo de un fenómeno cultural
humano.
Como herencia cultural, el teísmo es algo consustancial
al ser humano, como el ateísmo también lo es; la
diferencia se encuentra en la predominancia del primero sobre
el segundo; mientras el teísmo no necesita reflexión
ya que se impone como institucionalidad ideológica, el
ateísmo exige la reflexión; quien se detiene a
pensar si el teísmo, si las creencias en fenómenos
no perceptibles son posibles de existir, si podrá haber
manifestaciones no materiales, éste ya reflexiona, piensa
en términos de racionalidad. Este es el ateo y esta clase
de individuos siempre los ha habido dentro de cada grado de desarrollo
del ser humano correspondiente al mismo.
Entonces, el ateísmo es ya una forma de contradicción
a lo dominante como pensar; a lo dominante como poder humano
sobre la existencia humana; a lo dominante como fuerza ya sea
natural o social; el ateo, el no creyente, es ya un "rebelde"
pero no de cualquier clase de rebelde: se rebela contra todo
lo que signifique poder y esto amenaza la estructura misma del
grupo social. De ahí que en todas las épocas, sean
ellos los que representan mayor peligro para la institucionalidad.
Sin embargo, el ser ateo es
más grave que ser rebelde social, a los rebeldes sociales
se les califica como ateos; en esa forma su estigmatización
se hace más fuerte. Las castas dominantes en el poder
económico, social y político, arremeten contra
sus opositores en toda clase de acusaciones, pero la de mayor
peso es la del ateísmo. Dígalo el caso de Sócrates
a quien se acusa falsamente de incitar a desconocer a los dioses
griegos, cuando él mismo se presenta con afirmaciones
sobre el acatamiento a los mismos.
La cuestión religiosa ha sido predominante, una cuestión
personal aunque con repercusiones sociales de consecuencias diversas
que van desde la angustia individual hasta las guerras religiosas.
Refiriéndose a la cuestión religiosa. Freud escribió
un artículo titulado: 'El malestar en la cultura, que
con el provenir de una ilusión', expresa los criterios
del psicoanálisis con referencia a las creencias religiosas.
Es importante rememorar a Freud porque, parece que hoy el elemento
de mayor peso es la religiosidad de las gentes, que es de origen
psíquico, y quién mejor que el ilustre vienés
para recordarles ese origen a quienes siguen siendo religiosos.
Y es porque el peso abrumador del arsenal mercantil de la sociedad
en que vivimos, atrapa al individuo y lo aísla de sus
congéneres en laberintos tan desolados y desoladores que
le obliga a buscar una protección a un consuelo para su
miserable condición psíquica. ¿Acaso no
vemos en fenómenos tan comunes como el estrés;
en la angustia existencial, esa situación de soledad y
de ¡encarcelamiento! que produce la sociedad en que vivimos,
en la cual cada cual se encuentra, sin quererlo, completamente
en medio de inmensas multitudes?.
Bajo el peso de la necesidad, cualquiera que ella sea, el individuo
moderno acude a cuanta secta, movimiento o religión se
le ofrezca para ¿liberarlo? de esa angustia. Acogiéndose
a cualquiera de ellas se hunde más en los espacios insondables
de la sumisión y la entrega de su propio ser creyendo
realizarse como tal. Entrega su esencia a cambio de una falaz
promesa bajo una supuesta protección y consuelo en su
vida; la ilusión es hecha realidad bajo el manto de la
misma ilusión y, en esa forma, su existencialidad se agota
irremediablemente en manos de los avivatos que viven de la ignorancia
y la miseria intelectual de las inmensas mayorías.
Ser ateo, pues, significa en el cuadro de la existencia moderna,
superar los dos elementos tradicionales, sobre los cuales se
ha venido sosteniendo el ateísmo: la ignorancia y la soledad.
Gran parte de la humanidad posee conocimientos en diversidad
de áreas de la actividad social; sin embargo, ese conocimiento,
no puede generar una concepción sobre el fenómeno
de las creencias del individuo. El ateísmo exige, para
que sea real, que se sustente sobre conceptos filosóficos
concretos.
El ateísmo sentimental o revanchista nada tiene que ver
con el ateísmo que se expresa con el fundamento filosófico
dialéctico, a la vez respaldado por el desarrollo de la
ciencia y el conocimiento. El ateísmo será firme
por siempre 'ad infinitum' y no corre el peligro de desandar
lo andado como pretenden algunos afirmar. Pero no es solamente
la ciencia y el conocimiento lo que permite ser dialécticos
y, en consecuencia ateos, sino que ello se refuerza mediante
la cohesión en forma colectiva de existencia.
De ahí que el colectivismo económico consciente
sea la mejor garantía del ateísmo. En la misma
forma ese colectivismo tiene la garantía de avanzar si
quienes los orientan y dirigen son ateos. Es una relación
dialéctica en la cual lo uno es parte de lo otro en la
perspectiva de su propia reafirmación material y cultural.
El cambio de los dioses ¿espirituales? por los dioses
¿materiales? es otra forma de teísmo. El culto
al dinero, la deificación del objeto material, cualquiera
que sea, es teísmo; la reverencia al poderoso, al que
tiene dinero o tiene poder económico, social, político
o militar, es otra forma de culto que tiene esencia religiosa.
La alienación es otra forma de manifestar la esencia religiosa
de los humanos, particularmente los individuos de la modernidad
y de la postmodernidad, como se le viene llamando ahora a los
últimos tiempos. No es que estemos propugnando por el
igualitarismo en lo social, sino que dentro del campo comunitario
deben manifestarse respetuosos sí del otro, pero no reverentes
al estilo religioso por más autoridad que haya que respetar
en quienes tienen las condiciones para atraer simpatías
y respetos; el ateísmo debe ser un modo de vida y para
poder serlo es necesario no ser esclavo del objeto ni del sujeto.
Comprender la esencia de los fenómenos y comprender que
todo obedece a leyes, es el primer paso; utilizar ese conocimiento
en la perspectiva de elevar el nivel material y cultural de la
vida, es el siguiente; entonces, tendremos ya las condiciones
para ser verdaderamente libres y quien es libre no puede ser
teísta. Esta es la realidad de hoy y ella es el resultado
de siglos de existir tanto material como cultural.
Del teísmo de los primeros pensadores al nuestro hay la
misma distancia que existe entre la ignorancia y el saber, entre
las condiciones naturales de existencia y las condiciones modernas
en las cuales un acumulado productivo, tanto material como cultural,
ha cambiado el pensar. Aquellos pensadores lo fueron en forma
natural, nosotros lo somos en condiciones diferentes porque la
práctica, la tecnología, la ciencia y el conocimiento
nos han dado diversos argumentos en el planteamiento de nuestro
pensamiento.
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