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Cultura y Educación
José Ron
Cultura y educación
no son sinónimos y menos aún pueden confundirse
la una con la otra y pese a estar estrechamente vinculadas. Además,
es un lamentable error creer que la cultura es parte de la educación
y que, por lo mismo, está subordinada a ella, de ahí
que es frecuente que en algunos países, el nuestro entre
ellos, los ministerios de educación tengan como una dependencia
a la cultura, ya sea como Dirección Nacional, como Subsecretaría
o como Consejo Nacional de Cultura. Sin embargo, es preciso aclarar
que la cultura es un concepto y una práctica más
amplia que la educación a la que, ciertamente, la incluye.
LLOVIENDO SOBRE MOJADO
En el caso ecuatoriano se ha comprobado una y otra vez que la
cultura, en el ámbito oficial, sometida a los requerimientos
de la educación, no puede ni tiene capacidad para desarrollarse,
ni siquiera para enriquecer los procesos de enseñanza-aprendizaje
que sería uno de sus objetivos primordiales. Son ilustrativos,
al respecto, los testimonios que se repiten por parte de los
Directores y Subdirectores Provinciales de Cultura. Es bueno
insistir en que la cultura para crecer en calidad y cantidad
necesita de un clima propicio de libertad, autonomía,
respeto y atención preferente.
En nuestro sistema educativo prevalece un modelo esencialmente
instructivo, no obstante, como ha señalado el maestro
Simón Rodríguez "instruir no es educar, por
tanto, la educación va más allá de la mera
instrucción y se constituye en un todo complejo e integral
destinado a formar y capacitar para una vida plena y humanitaria.
El concepto sociológico de educación la define
como transmisión de bienes culturales, denotando que es
un medio para alcanzar un objetivo que, entre nosotros, sería
el de ampliar y elevar la calidad de vida individual y colectiva
de los seres humanos.
En Ecuador es reiterativo el afán de colocar a la educación
en el centro del interés nacional. Creo que todos los
gobiernos que se han sucedido desde hace por lo menos cinco décadas
han proclamado su deseo de atender de manera prioritaria a la
educación y pero lo que se ha logrado hasta el momento
está muy lejos todavía de satisfacer las expectativas
que la sociedad con paciencia inagotable va renovando con más
desilusión que esperanza en cada cambio de gobierno. El
sistema educativo ecuatoriano permanece mediatizado no sólo
por las decisiones políticas que le mantienen en constante
zozobra sino por la existencia de una pesada y obstructiva burocracia
que frena y desvirtúa todo empeño por lograr un
cambio serio y a fondo en la educación nacional.
PROCESO CIVILIZATORIO
Por otro lado, la globalización en la que sobrevivimos,
como estado y sociedad, pretende convertirse en un nuevo proceso
civilizatorio que sometería a toda la especie humana a
sus reglas y a su disciplina deshumanizada y rígida. Es
en esta perspectiva que la educación y la cultura se ciñen
cada vez más a las necesidades de la producción
y el mercado, convirtiéndose en mercancías en las
cuales el valor de cambio es su objetivo último. A esto
se suma el menosprecio sistemático que los gobiernos de
turno han demostrado por la cultura, sin entender que su desarrollo
es una garantía para la democracia, la gobernabilidad
y la construcción de una verdadera unidad nacional.
UN TEMA EXTRAÑO A
LOS MANDANTES
El régimen actual, que se diferencia apenas -y en negativo-
de los anteriores, no ha tenido nada que decir -porque
ignora- ni nada que hacer -porque le resulta un tema
extraño- en la cultura. Por ello se ha dado un silencio
de funeral en la cultura.
Lo expresado conduciría a constatar una amarga realidad:
el desamparo de la cultura es casi total, y digo casi porque
la vida continúa y, mal que bien, la cultura pervivirá
mientras existan los seres humanos.
No hay duda que a la cultura, como a la política y a otras
actividades sociales, se la ha instrumentalizado como si se tratase
de un asunto exclusivo de imagen y sabemos que la imagen en este
mundo tecnologizado es mercancía que se produce para la
compra-venta. Cabe, entonces, preguntarse si habría una
salida posible para resolver este y otros de los acuciantes problemas
que agobian al país ?...
SOLUCIONES INMEDIATAS ¡AHORA!
Las razones anotadas plantean como requerimiento urgente y de
necesidad ineludible el que se propongan y adopten soluciones
inmediatas y para lo que el Congreso Nacional y asumiendo su
responsabilidad histórica y respondiendo con sensibilidad
patriótica al clamor ciudadano y debe declarar legalmente
como políticas de estado -y no de gobierno- a la cultura
y la educación, la salud y la producción agrícola
y energética.
En este sentido existen ya avances que se han logrado por iniciativa
de varios sectores públicos y privados y los que tendrían
que ser recogidos en una legislación seria¡ coherente
y apartada de todo interés de partido o agrupación
política, para constituirse en el soporte legal de una
voluntad firme y tenaz de la nación y el pueblo ecuatorianos
y con lo cual se podría abrir con seguridad una vía
eficaz para transitar hacia una genuina regeneración nacional.
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