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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

La maestría del box poético

Kléber Mantilla Cisneros

La poesía puede ser revolucionaria, pero también un desafío de golpes, ganchos y reveses tanto a la vida como a la muerte. Diez pugilistas del arte se enfrentaron con el más allá desde el 27 hasta el 31 de octubre en el Teatro Prometeo de la Casa de la Cultura.
María Fernanda Espinosa, dulce, académica y terna, en cada palabra, labró varias chacras de libertad, pasión y erotismo. Poeta experta en temas ambientales, permanente impulsora del derecho de los pueblos indígenas. Fue premio nacional de poesía en 1990: Caymándote, Tatuaje de Selva, Loba Triste obras similares a las de sus recitales realizados en España Chile, Argentina y Suiza.
Ella enfrentó sin golpes bajos a Iván Oñate. Un ambateño nacido en 1948, que perteneció al grupo de los Tzántzicos de los años 60, se mostró conservador, pero logró la atención fuera del ring cuando timbró la campana al decir que la poesía no permite el humor.
El segundo combate fue muy parejo. Raúl Arias golpeó en una esquina cuando dijo que nació cuando Dios ha muerto. Este es el poeta en bicicleta, creador del Lechuzario y trinofobias. Sin duda su carácter revolucionario no se pierde de Vallejo o Borges.
El otro pugilista de la poesía fue el historiador Leopoldo Tobar. Sereno. Casi metafísico en cada salto, infló un ojo de su oponente cuando narró la "Rata Celestial". La gente aplaudió porque sentía los golpes como suyos. El hermetismo puede ser único en el autor, pero agranda a Hermes, los Titanes y a Zeus en cada movimiento del lenguaje.
El humor se presentó en su reencarnación romántica, pues en un viaje de 3 a 5 de la madrugada conoció a la Eva Negra y al futuro. Fue un perro callejero y su amada un elefante. Solo alzó la pata y regó una meada de amor.
El siguiente combate fue nítido. Natasha Salguero, de espíritu más corpulento y analítico mostró por qué ganó el premio Aurelio Espinosa Pólit en 1989. Su novela Azulinaciones conjugó con su experiencia en la danza. La pasión traspasó los escenarios viajó al sol y regresó por la luna en varias secuencias de palabras. La madurez para describir a la mujer citadina envuelta en veleidades es sublime, despoja belleza en cada concepto. Después de una cabalgata y de saciar la sed con todos los jugos corporales nunca digas que la amas. Un grato mensaje que se grabó en el ring.
En el frente, el maestro Julio Pazos, nacido en Baños en 1944. Crítico, pausado e iluminado. Maestro de maestros. Sus pelos blancos son nítidos como el éxtasis de sus palabras. El tercer match de poesía fue una confrontación del presente con el pasado, del cielo y el infierno, el agua y el fuego...
El jueves fue el turno de Violeta Luna, la guayaquileña que resaltó el ventanal del agua, la sortija de la lluvia, el corazón acróbata, las puertas de la hierba. Versus: Fabián Guerrero Obando, el catedrático que contó con un mundo sin muletas porque todos se apoyan en todos. Facticio, ficticio; Nexos casuales, El viaje, son títulos de sus obras.
Al final, se puede decir, que fue dedicado a los pesos pesados. Efraín Jara Idrovo premio Eugenio Espejo en 1999 por la totalidad de su obra, registró el cantar de parte de sus obras: Sollozo por Pedro Jara, El mundo de las evidencias, In memoriam, Alguien dispone de su muerte, De lo superficial a lo profundo, Los rostros de Eros, Madrugada: una antología de la poesía ecuatoriana, entre otras. Maestro de la palabra, desafió los signos, hizo gala con la luz de oro que cae entre las nubes en cada atardecer.
Ni Mohamed Alí lograría un cinturón de oro como logra la poesía de Jorge Enrique Adoum. Poeta, narrador, ensayista. El hombre de Entre Marx y una mujer desnuda y El sol bajo las patas de los caballos. Lo excelso y brillante desperdigó cual sangre en la lona. Historia, tiempo, país y arte, en un solo mundo de imaginarios.
En este evento pugilístico no podía faltar un réferi imparcial, un verdadero árbitro de la expresión. Jenny Carrasco lanzó la moneda antes de que alguien levante el guante. Soltó el escudo y una maldita águila. No era un cóndor.
Esos ojos verdes salpicantes del árbitro depuraron cada round. Y, siempre la luz pulcra de Jenny permitió un contraste ameno y placentero para la audiencia.
No será el primer campeonato, pues se anuncia dos nuevos encuentros, mano a mano, esta vez de jóvenes poetas. Sin perdedores, aunque con mucha nostalgia. Sí.
No podía faltar el presentador y algunos entrenadores que sacaron sonrisas del público con sus trompetas sin compás y el ritmo descompasado de sanjuanitos y algo que parecían pasillos. Un puño en lo alto porque todos son una campeones.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador