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La maestría del box
poético
Kléber Mantilla Cisneros
La poesía puede ser
revolucionaria, pero también un desafío de golpes,
ganchos y reveses tanto a la vida como a la muerte. Diez pugilistas
del arte se enfrentaron con el más allá desde el
27 hasta el 31 de octubre en el Teatro Prometeo de la Casa de
la Cultura.
María Fernanda Espinosa, dulce, académica y terna,
en cada palabra, labró varias chacras de libertad, pasión
y erotismo. Poeta experta en temas ambientales, permanente impulsora
del derecho de los pueblos indígenas. Fue premio nacional
de poesía en 1990: Caymándote, Tatuaje de Selva,
Loba Triste obras similares a las de sus recitales realizados
en España Chile, Argentina y Suiza.
Ella enfrentó sin golpes bajos a Iván Oñate.
Un ambateño nacido en 1948, que perteneció al grupo
de los Tzántzicos de los años 60, se mostró
conservador, pero logró la atención fuera del ring
cuando timbró la campana al decir que la poesía
no permite el humor.
El segundo combate fue muy parejo. Raúl Arias golpeó
en una esquina cuando dijo que nació cuando Dios ha muerto.
Este es el poeta en bicicleta, creador del Lechuzario y trinofobias.
Sin duda su carácter revolucionario no se pierde de Vallejo
o Borges.
El otro pugilista de la poesía fue el historiador Leopoldo
Tobar. Sereno. Casi metafísico en cada salto, infló
un ojo de su oponente cuando narró la "Rata Celestial".
La gente aplaudió porque sentía los golpes como
suyos. El hermetismo puede ser único en el autor, pero
agranda a Hermes, los Titanes y a Zeus en cada movimiento del
lenguaje.
El humor se presentó en su reencarnación romántica,
pues en un viaje de 3 a 5 de la madrugada conoció a la
Eva Negra y al futuro. Fue un perro callejero y su amada un elefante.
Solo alzó la pata y regó una meada de amor.
El siguiente combate fue nítido. Natasha Salguero, de
espíritu más corpulento y analítico mostró
por qué ganó el premio Aurelio Espinosa Pólit
en 1989. Su novela Azulinaciones conjugó con su experiencia
en la danza. La pasión traspasó los escenarios
viajó al sol y regresó por la luna en varias secuencias
de palabras. La madurez para describir a la mujer citadina envuelta
en veleidades es sublime, despoja belleza en cada concepto. Después
de una cabalgata y de saciar la sed con todos los jugos corporales
nunca digas que la amas. Un grato mensaje que se grabó
en el ring.
En el frente, el maestro Julio Pazos, nacido en Baños
en 1944. Crítico, pausado e iluminado. Maestro de maestros.
Sus pelos blancos son nítidos como el éxtasis de
sus palabras. El tercer match de poesía fue una confrontación
del presente con el pasado, del cielo y el infierno, el agua
y el fuego...
El jueves fue el turno de Violeta Luna, la guayaquileña
que resaltó el ventanal del agua, la sortija de la lluvia,
el corazón acróbata, las puertas de la hierba.
Versus: Fabián Guerrero Obando, el catedrático
que contó con un mundo sin muletas porque todos se apoyan
en todos. Facticio, ficticio; Nexos casuales, El viaje, son títulos
de sus obras.
Al final, se puede decir, que fue dedicado a los pesos pesados.
Efraín Jara Idrovo premio Eugenio Espejo en 1999 por la
totalidad de su obra, registró el cantar de parte de sus
obras: Sollozo por Pedro Jara, El mundo de las evidencias, In
memoriam, Alguien dispone de su muerte, De lo superficial a lo
profundo, Los rostros de Eros, Madrugada: una antología
de la poesía ecuatoriana, entre otras. Maestro de la palabra,
desafió los signos, hizo gala con la luz de oro que cae
entre las nubes en cada atardecer.
Ni Mohamed Alí lograría un cinturón de oro
como logra la poesía de Jorge Enrique Adoum. Poeta, narrador,
ensayista. El hombre de Entre Marx y una mujer desnuda y El sol
bajo las patas de los caballos. Lo excelso y brillante desperdigó
cual sangre en la lona. Historia, tiempo, país y arte,
en un solo mundo de imaginarios.
En este evento pugilístico no podía faltar un réferi
imparcial, un verdadero árbitro de la expresión.
Jenny Carrasco lanzó la moneda antes de que alguien levante
el guante. Soltó el escudo y una maldita águila.
No era un cóndor.
Esos ojos verdes salpicantes del árbitro depuraron cada
round. Y, siempre la luz pulcra de Jenny permitió un contraste
ameno y placentero para la audiencia.
No será el primer campeonato, pues se anuncia dos nuevos
encuentros, mano a mano, esta vez de jóvenes poetas. Sin
perdedores, aunque con mucha nostalgia. Sí.
No podía faltar el presentador y algunos entrenadores
que sacaron sonrisas del público con sus trompetas sin
compás y el ritmo descompasado de sanjuanitos y algo que
parecían pasillos. Un puño en lo alto porque todos
son una campeones.
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