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Conjugación entre el
sentir y la palabra
Fabián Guerrero Obando
en el prólogo del poemario 'Laberintos de Amar' (Encierro
de los sentidos) de Víctor Manuel Guzmán, afirma
que el autor nos expone a la necesidad de ahorrarnos frente a
la contingencia del vivir. Una suerte de fuente ontológica
y metafísica recorre este poemario, como una asíndota
de idealidad traspasadora de la fe, develando una verdad anterior
al principio en cada uno de nosotros.
En los textos de Víctor Manuel Guzmán se aprecian
varios matices de apotegmas, teoremas y axiomas; y, en el sentido
en que lo quería Leibniz: "expresiones monadológicas",
el alma emocional, el alma intelectual truecan sus valores en
ellos. Hay bajo su aparente simplicidad, sentido de lo finito
contrapuesto a lo infinito, a la virtualidad equitativa de los
seres y las cosas y sus verdades herméticas y simbólicas
de lo contingente y lo oculto, tras la simplicidad. Una dimensión
tendida hacia el cosmos se inicia en su expresión cognoscitiva
de las creaturas inmersas en el Todo.
Su estilo, en la apariencia transicional, va a la búsqueda
de una amplitud referencial imprevista. El juego al que se entrega
Guzmán Villena es el juego del ímpetu y del freno.
El ímpetu procede de un alma y un cuerpo- en pleno
tumulto interior. El autor se ofrece a sí mismo en espectáculo
trepidante, gritador, taladrante, multiplicado de hambre y sed
de vida, del mundo, del amor. Un ansia desmelenada y patética
en la que chocan el yo y un universo fabricado de sensaciones
inmediatas y sitiadoras. El autor como un naufragio, intenta
salvar formas, patetismos, vivencias y melancolías. Es
un juego, cierto, pero también un espectáculo en
que todo prosigue lento y súbito, a la vez, e infatigable.
...En el silencio interior,
la felicidad encienda las lámparas
de los pasados de las tardes.
Reposas como la reina de las cartas del tarot
que con su alto sombrero medieval
te reclinas de espaldas mirando el oasis,
y contemplas sin orgullo o modestía
los frutos de tus largos trabajos,
sabiendo que no hay triunfo eterno,
pero tampoco eterna desolación.
Eres la poseedora de las fuentes
donde el agua oficia
las fluidas ceremonias de la vida.
Tienes la capacidad de ver el árbol distante,
pero también el bosque umbroso,
donde retozan los unicornios.
Después de soledades y sin sentidos
gozas de jardines y helechos sensuales
y un lecho blando y terso
donde los sueños se multiplican
Acumulas libros y mapas para
encontrar la voz,
la historia de los astros,
las verdad de los mitos,
las debilidades y temores humanos,
la obsesión de Ícaro.
Prefieres las alas
a la mordacidad o la conveniencia.
Ángeles y monstruos te mostraron
sus caras igualmente fascinantes.
Te fue dado el saber que nadie
es más que tú,
puedes penetrar en las antesalas húmedas de tu
propia conciencia,
y ascender antes de la asfixia por las ramas verdes,
extrayendo el sabor de la clorofila.
Tanto anduviste para encontrarte
contigo misma
con el universo reflejado en tus facciones
de premeditada perfección.
Supe al fin que el aire de
las euforias secretas
vive asomada a tu propio rostro,
y tiene el calor de tu plexo solar.
Y la esencia de ser es multitudinaria
y en su multiplicidad
contiene tu nombre
Para el autor existen actos
y sentimientos del humano que son creados y sentidos únicamente
para él. Y es allí donde adquiere la fuerza hermética
como impulso de su individualidad. El hermetismo vaga palabra
aplicada a una actitud que nace de la expresión de "una
descarnada y doliente humanidad" funda en el valor de la
palabra una esencialidad poética que siempre "está
en el aire". En esta concepción se insiste en una
palabra liberada de su función puramente descriptiva,
purificadora de sus significados comunes y triviales; sustancia
limpia exenta de ampulosidad, librada al clima terso de la absolutez,
restituida a su virginidad primordial.
Eres agua de acequia fresca
de pechos de sultana
que juegan, saltan o se esconden
bajo las sábanas blancas,
en tu húmeda corola
retozan peces dorados
más al querer retenerlos
se me escapan de las manos,
igual que el agua sagrada
donde se apagan los ecos.
Ay gitana
con tu sonrisa de grana
tejida con sangre mora
llegas, construyes el nido
volviéndote luz y agua.
Se trata de un signo; más
bien una palabra-ser. Consiste en la suprema ilusión de
las letras reunidas en torno al alma, despojada de sus sueños
y de sus duelos, contriñida a abrazar la rugosa realidad,
a exprimir el jugo presente y amargo de la existencia, encuentra
en este, su duro y necesario reconocimiento. Es una especie de
religiosidad y reencontrada a través del caos sensual,
la instantánea comunión del humano con el cosmos.
Víctor Manuel Guzmán mantiene individualmente su
independencia experimental, fiel al principio sustentado de quien
escribe poesía experimental, con toda la posible ambigüedad
y la comprensión del lenguaje. Aparición asfixiante,
rito demente y encarnecedor, discurso sapiente, pantomima incorpórea,
juego temerario, así es la poesía que yo concibo,
en la que se mide la degradación de los significados con
la inestabilidad fisiognómica del mundo verbal en el que
estamos inmersos
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