¡Cómo
hace falta otra 'PEDRADA ZURDA'!
Los guerrreros de la PEDRADA
ZURDA están bautizados ya de infinito: ocho veces han
rugido. 8: número cabalístico en su naturaleza
y en su forma: la serpiente mordiéndose la cola, rotando
sobre si misma "ad aeternum".
La antigua Grecia, maestra
eterna del mundo, tuvo un protagonista (¿antagonista,
tal vez?) titánico en el "divino" Diógenes
("divino" por su poder de hacer y decir a todo pecho
la verdad, sin importar quienes fueran sus interlocutores). Rechazó
las riquezas que le ofreció Alejandro "El Grande"
en persona, diciendo que para que necesitaba él casa más
grande que su tonel. Y cuando Alejandro lo tentó conminándolo
a pedirle cualquier cosa, Diógenes se limitó a
exigirle que se haga a un lado porque le estaba tapando el sol.
En el Ecuador, una legión
de líricos diógenes montan guardia sobre el país.
Sus rugidos estremecen, deslumbran, hieren a los blasfemos que
mancillan las instancias sacras de la existencia: la libertad,
la justicia, la patria, las artes. Ellos se llaman "PEDRADA
ZURDA".
A lo largo de 22 años
"PEDRADA ZURDA" ha sido la tempestad, la tormenta,
y 8 veces han relampagueado; las ocho veces han sido devastadores.
Ocho veces, como Zeus han puesto
sus dardos de luz y fuego sobre el escenario socio-político-económico-cultural
ecuatoriano. Ocho veces han entregado de nuevo el fuego de Prometeo
para que crezca el nuevo hombre/mujer, el nuevo/a ecuatoriano/a
pletórico/a de sueños, utopías y hazañas,
preñado/a de revoluciones.
Cada número ha sido
una revolución, en el pleno sentido con que describe a
la revolución el poeta Nogrevi Matalla Golú, en
su entrevista del último número de la PEDRADA ZURDA:
"La revolución es una utopía eterna. Si la
Revolución llegaría a plasmarse se acabaría
la ilusión y la esperanza". Y así la entregan
los guerreros de la PEDRADA ZURDA: un campo de batalla en el
que se peleará siempre, porque siempre estarán
ahí los enemigos de las artes, las ciencias y los derechos.
La entrega Número Ocho
de la PEDRADA ZURDA trae un prólogo que sin comentario
alguno lo reproducimos, y quedamos a la espera de otra PEDRADA
ZURDA, que sabemos vendrá, más tarde o más
temprano, por encima de las dificultades económicas, por
encima de los enemigos políticos e intelectuales, sacado
con las manos desnudas y sangrantes, pero orgullosas, de quienes
dicen lo que tienen que decir, a rugidos, y lo imprimen en letras
de fuego, sin padrinos, y por tanto sin compromisos.
PROLOGO DE LA "PEDRADA ZURDA", NÚMERO 8 "LA
PEDRADA INFINITA"
La poesía no es género
de mercachifles decimos y hemos escrito y gritado desde la pared
hasta nuestra más lejana conciencia.
Oponiéndonos a esa practica
mercantilista abogamos por una mayor fecundidad que lleva a vender
al mejor postor.
A aquellas que, inevitablemente, se encuentran en el seno de
los posibilitadores de pesadillas económicas que manejan
la economía dirigida de mercado y de inverosimilidad antihumana.
Ante esto, vemos que es muy
alta la tasa de mortalidad creativa y aparecen, en cambio, cuadros
financieros en ascenso dentro de los cuadernos escritos de los
escritores que dedican más su tiempo a escribir cheques
que a escribir poemas.
Asistimos a la privatización
de la cultura que maneja métodos publicitarios tendientes
a favorecer la inacción. Pervertida está la literatura
por el ansia de ganar dinero y se vale de nombres propios saturados
de mentiras y que, a través de la publicidad, son consagrados
como verdades.
En estas seudo-repúblicas
democráticas se hace una literatura academicista de tendencia
imitativa cuya finalidad es la improvisación con elementos
de mala calidad y cuyo método es estrictamente un medio
para conseguir el lucro.
Vivimos un pragmatismo a través
del absurdo: pragmatismo en la comodidad, absurdo en las ideas;
una cultura de la vanidad inmoral, frente a lo que debería
ser una práctica eticista y verdadera.
Todos tratan de parecer lo
que no son y emergen, con manchas de sarampión de tercer
día, la in autenticidad y lo postizo. Vemos el florecimiento
de una literatura de segunda mano ateniéndose a la última
moda intelectual proveniente de quién sabe dónde
y que es usada instrumentalmente por sus feligreses para sus
provectos intereses. Nosotros seguiremos usando nuestros trapos
viejos nacionales o importados, pero ya hechos a nuestro olor
y a nuestras secreciones.
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