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El
país de las once reinas
Pilar Álvarez Areces
llarinalvar95@hotmail.com
El rey Mswati III, El León,
de 35 años, vive una de las existencias más plácidas
del planeta y protagoniza la última monarquía absoluta
del África subsahariana. Todos los años organiza
en la Corte un baile de juncos, donde 8 mil doncellas danzan
medio desnudas para que el rey pueda seleccionar a una nueva
esposa. Las jóvenes deben permanecer vírgenes por
decreto. No podrán conocer varón hasta los 19 años.
Sena Mahlangu, de 18, ha recibido un trato aun más expedito,
fue raptada por el rey para convertirla en la décima reina
de Suazilandia. Ahora son ya once. Esa vez el cuento no acabó
bien, la madre de la chica, una ejecutiva de las telecomunicaciones,
se enfadó y osó demandar al todopoderoso monarca,
origen y encarnación de toda ley. Suasilandia, es uno
de los países más pequeños del hemisferio
sur y este caso apareció en los periódicos de medio
mundo y le debilitó política y turística
y por ende económicamente.
La poligamia es legal y el pueblo suazi se enorgullece de ella,
aducen como justificación histórica el hecho de
que ha nacido más mujeres que varones Su padre había
acumulado 120 esposas a lo largo de su dilatada vida. Suazilandia
es un trozo de tierra del tamaño de Imbabura, verde y
montañoso, enclavada en la rica Sudáfrica, de donde
proviene el 90% de sus importaciones y a donde van el 70% de
sus exportaciones. Este país se independizó pacíficamente
del Reino Unido en 1968, no parece haber salido de la era colonial;
vive con la parsimonia de hace un siglo y empieza a sacar partido
turístico de sus asombrosos paisajes, de su bien cuidado
medio ambiente, fruto de una ancestral preocupación por
la naturaleza. Poco importa que no exista servicio telefónico
o de Internet. El extranjero acepta que el ritmo de Suazilandia
es diferente y eso les gusta por su atmósfera única
de calidad y libertad, en una mezcla de vida antigua y moderna
que le proporciona un flujo turístico importante y de
las clases adineradas del mundo.
El país escapa del azote de la malaria que invade África.
No ha participado en guerra alguna, hecho que inmediatamente
le diferencia de sus vecinos regionales. Sus habitantes reflejan
asimismo la relativa tranquilidad de su clima. Pese a estar situada
en una zona proclive a sequías e inundaciones, a pesar
de compartir frontera con la desgraciada Mozambique, no ha registrado
ningún desastre natural.
La cultura es fundamentalmente deliberativa, los problemas suelen
solucionarse hablando en grupo, en los clanes. No son extraños
los casos de dirigentes que al descubrirse sus corruptelas son
ascendidos a un puesto lejano como forma de resolver el problema.
La justicia está marcada por la tradición. El derecho
es fundamentalmente consuetudinario, rasgo que la colonización
inglesa no hizo sino acentuar. El tribunal Nacional que lidia
con asuntos civiles juzga con arreglo a las tradiciones suazi
y los casos de asesinato son reservados para el Tribunal Supremo.
Un caso de la aplicación de la justicia voy a contaros:
una mujer fue acusada de robar ropa interior en una tienda.
Puesta al frente de los jueces tradicionales, la mujer justificó
con el argumento que su marido, guardián y responsable
del presupuesto familiar no le entregaba dinero para esos menesteres.
La solución al caso refleja bien en carácter suazi:
El tribunal obligo que en esa semana invitara a casa a los amigos
de su marido para beber cerveza y vino. A continuación
le prescribieron que se sentará frente a ellos con la
mayor naturalidad, sin la ropa interior que no tenía.
Dicha sentencia dio solución inmediata a la escasez...
Pero hoy la pobreza ha aparecido también en este rincón
de África y el tránsito a la modernidad es reclamado
con insistencia por la comunidad internacional. Pero el reinado
del León es fundamentalmente dedicado a resolver sus problemas
maritales. Mswati III va a tener que bajar definitivamente de
la arena marital a la arena pública y atender urgentemente
reclamaciones de un pueblo disgustado por el despilfarro de los
dineros públicos, ya que el país fue asolado por
primera vez por una sequía y algunos países europeos
enviaron ayuda para apalear la hambruna, pero el rey prefirió
comprar un jet privado para transportarse con mayor rapidez a
visitar los hogares de sus once reinas. Y esta fue la causa para
que nunca más reciba apoyo y solidaridad internacional
y esté al borde de ser defenestrado del poder por su comunidad
inconforme.
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