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La
catarsis de José Hernández
A propósito del machismo/feminismo
Efraín Villacís
'Nadie sabe lo de nadie' se
repite cuando alguien pretende juzgar a otro, o cuando se entera
de algo que se creía imposible en aquel. Quién
pudiera conocer al otro, más y mejor, profundamente, para
amarlo de verdad y sin condiciones, nadie. En realidad es al
revés, o eso parece, a mayor conocimiento, mayor la decepción,
preferimos la soledad o la resignación, gracias al autoengaño,
que es uno de los eufemismos de la cobardía y de la acidia
también. O, valga la ironía, todos sabemos lo de
todos y por eso juzgamos tan fácilmente, en apariencia,
gracias a que compartimos las mismas iniquidades y virtudes;
seres de la misma especie con diferencia de género, experiencias,
temperamentos, calenturas y aspavientos.
Ana dama virtual, profesional y bella, podría ser
fea y ama de casa real, o viceversa- es una feminista que defiende,
en la práctica, la lucha de la mujer por ganar más
espacios cada día en un mundo manejado por hombres, cuyo
99% somos machistas abusivos, pretenciosos, incoherentes y faltos
de cerebro; por tal hecho el mundo anda si es que lo hace-
como anda, de mal en peor. La mujer a lo largo del siglo XX ha
luchado tanto que viene consiguiendo a grandes pasos la cuotas
de poder, producción y derechos debido a su tenacidad,
inteligencia y talento en las bregas cotidianas frente a los
hombres; tanto es así que ahora está de moda la
publicación de artículos, escritos paradójicamente
por mujeres, que dicen que damas profesionales de altísimo
nivel, están volviendo al hogar, a criar a sus a hijos,
al círculo doméstico que ha estipulado la madre
naturaleza para la mujer. Esto, dice Ana, no es más que
el pataleo de los machos que se defienden, como gatos panza arriba,
ante la supremacía femenina.
Manuel caballero profesional y de buen porte, podría
ser un 'guiñapo' enano y albañil- dice que la igualdad
de derechos es letra muerta en todos los sentidos y en todas
las épocas en las cuales se haya planteado su validez
y que el feminismo como el machismo, con las distancias del caso
y de género, sólo son las disculpas de los cobardes
o la retórica de los oportunistas; casi siempre el individuo,
hombre o mujer, termina adaptándose a lo que le conviene
o uniéndose con lo que no puede irse en contra. Que más
allá de las protestas y luchas por cualquiera de esos
ismos, incluyendo al ecologismo y otras lides, lo importante
será la lucha por una especie en extinción que
es la humana porque cada grupo defiende su trinchera olvidándose
que son parte de un todo. La lucha debe ser por una supervivencia
más justa entre los seres humanos en un planeta donde
ya no queda espacio ni para enterrarnos. Concluye que los resentidos
sociales existen desde el principio de los tiempos, con buenas
o malas razones, y que sin duda se debe a que la historia ha
sido escrita por hombres pero el supuesto de que lo hubieran
hecho las mujeres o lo empiecen a hacer desde ahora no pasa de
ser un albur, una esperanza ciega como cada día que empieza.
O semejante a aquella premisa de que todo lo bueno que les sucede
a los seres humanos viene del creador y todo lo malo de sí
mismos.
La feminista señora manifiesta que los hombres y mujeres
seremos iguales al reconocer que no lo somos, es decir que el
ser humano será libre cuando acepte que no lo es, curvas
más, giros menos. Pero que sólo a un machista fanático
se le puede ocurrir que el feminismo es letra muerta y compararlo
con el machismo, o que la lucha por los derechos humanos, los
árboles o ballenas, la pobreza sean luchas ínfimas.
Prefiere que exista gente que proteste y luche por esas y otras
razones porque el no hacerlo es muestra de la inicua indiferencia
en la que viven quienes detentan el poder. Al único tipo
de hombre que acepta esta dama es aquel que se declara feminista.
Ficción o no, a mi modo de leer, José Hernández
se declara feminista en su última publicación:
De seis a seis (Paradiso editores), entregada como novela "que
sorprende por su intensidad, su penetración sicológica
de la mujer y su capacidad para poner en escena los conflictos
del amor posmoderno" vaya usted y lea, bemoles hay y muchos.
José Saramago sostiene que un escritor debe estar tan
comprometido con lo social como con la literatura. En lo social
se ubica Hernández con su obra, centrada en la problemática
de la mujer actual, el amor, el matrimonio, el feminismo, machismo...
que le son inherentes a la mujer, no sólo por género,
sino por su condición de ser humano.
En el plano de la ficción todo es posible con todos los
imposibles que la realidad provee, pero esos 'posibles' tienen
que ser verosímiles dentro de un universo creado y, los
'reales imposibles' deben ser manejados con talento gracias al
arduo trabajo de construcción con el lenguaje, por parte
del autor, para dar a un texto la forma de novela, para que los
lectores podamos creer en ella.
"De seis a seis" es un monólogo torrencial,
atiborrado, de ideas, conceptos, protestas, proclamas en la voz
de una dama sexagenaria quien, más que narrar su vida,
da cuenta de sus impresiones, elucubraciones y resentimientos
sociales ante una existencia vacua, salpicados de sumarias anécdotas
puntuales. A lo largo de esta incontenible confesión,
con chispazos inteligentes, la dama da pistas intelectuales,
cronológicas y hasta sugerencias de lectura entre líneas
y guiños accesorios a un interlocutor mudo no opina
en toda la obra-, un estudiante de periodismo, contratado para
cuidar a un enfermo terminal inválido-, marido de
la protagonista y motivo básico de su larga diatriba.
El periodista y editor colombiano residente en el Ecuador-
José Hernández justifica el monólogo "De
seis a seis" como una novela porque supone el relato de
algo más de cuatro décadas de la vida de una mujer,
producto de su resentimiento por lo vivido con un hombre imposible
y culpable de todos sus infortunios. La dama debe gritar todo
aquello que se le anuda en la garganta, no es posible un monólogo
interior, debe sacarlo todo afuera. Hernández resuelve
el dilema de la señora poniéndole delante a un
joven, todo orejas, con capacidad de cinta magnetofónica,
que le escucha espantado y sin rechistar. Ante la sorpresa de
la queja, el personaje sin gracia, entrega el monólogo
memorizado y transcrito a una editorial mediante una carta -que
no hace ninguna gracia, aunque la pida- que da paso a la propuesta
literaria del autor.
Este recurso de contar lo escuchado, o dar a la luz un manuscrito
encontrado, ha sido manoseado o manejado con maestría
desde hace mucho. Su validez está en la verosimilitud
de la historia que se propone y de la capacidad recursiva del
autor en la recreación de su relato, evitando que el recurso
sea un defecto. Hernández se sacó el clavo de la
narrativa demasiado rápido, es decir, su texto tiene muchas
posibilidades de ser una novela aunque se me dirá
que con los experimentalismos actuales y renovaciones estilísticas,
cualquier cosa puede ser una novela, donde entre ensayo, poesía,
crónica y un largo etc.-. El texto entregado a los lectores
es una represa con un caudal que sobrepasa su capacidad y no
hay quien la desfogue para evitar su colapso.
"De seis a seis" es un conjunto de buenas ideas, de
interesantes protestas sociales, una valiente defensa de la mujer,
la valiosa catarsis de un periodista, preocupado por la crisis
social en la que vivimos, quien, ante la falta de libertad de
expresión o de espacios para hacerlo, termina diciéndonos
todo de una vez, maniqueo hombre o mujer, blanco o negro-,
sin rigor literario pues el discurso narrativo debe defenderse
en sí mismo sin el apoyo de terceros, un sistema social
o nicho comercial, porque eso es otra cosa. Podría ser
un ensayo, es una buena diatriba a la actualidad, está
bien escrito con algún acierto en el manejo coloquial
de la única voz, pero novela no es.
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