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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Controversia

Los desnudos multitudinairos de Spencer Tunick

Alonso de Contreras

Para desnudar al aire libre a más de 4.000 personas y mantenerlas casi una hora a menos de dos grados no basta con ser un fotógrafo famoso, es necesaria una ansiedad social por un destape al que se resiste la transición chilena.

Las fotos que tomó el domingo pasado Spencer Tunick de más de 4.000 chilenos tapizando desnudos y ateridos de frío un parque de Santiago se prestan a una lectura política que supera las intenciones artísticas de quien ha desnudado masivamente a estadounidenses, brasileños, australianos y argentinos.

Así lo interpretaron hoy actores sociales de todo el espectro político chileno, desde el presidente socialista Ricardo Lagos -"Chile está en buena onda", dijo- hasta los protestantes evangélicos que intentaron boicotear el "perfomance" a golpes de rezos y maldiciones por y contra los participantes.

SIN TAPUJOS

Los 4.000 chilenos que se desnudaron al amanecer sin tapujos y sin incidentes en Santiago de Chile son ciudadanos de un país donde la ley del divorcio se discute aún en un Senado en el que existen senadores civiles y militares que no han sido elegidos democráticamente.

Muchos son hijos de parejas que tuvieron que mentir sobre la cualificación de los funcionarios que los casaron para poder anular su matrimonio y que aún hoy se oponen al intento de algunos legisladores de limitar el divorcio a los casos de delito.

Son los mismos chilenos que aún no pueden ver "La Ultima Tentación de Cristo", de Martin Scorsesse y, en su mayoría, son hijos de una generación que aún recuerda, al hablar con un español, el "destape" que se produjo durante la transición española en el filo de los ochenta.

El Parque Forestal, donde 4.000 cuerpos se rozaron con un respeto que asombró incluso a los críticos, es el mismo donde las parejas equilibran cada fin de semana el recorte que tuvo que hacerse en la la ley de educación sexual.

PROTESTA

Muchos de quienes dejaron su ropa en bolsas de plástico son parejas de hecho sin ningún derecho social o hereditario y algunos miembros de una comunidad homosexual que se lamenta incluso de persecución laboral.

Son los mismos chilenos que cada vez prestan menos atención al estado de salud del senador Augusto Pinochet y, probablemente, la mayoría pertenece al creciente porcentaje de los "no inscritos" en un registro electoral que muchos interpretan como muestra del desencanto por la velocidad de la transición social.

Doce años después del fin de la dictadura chilena (1973-1990), la gran mayoría de los "destapados" el domingo son la primera generación de los chilenos vivos que conocieron la noche y que no recuerdan el toque de queda que encerró en sus casas durante casi dieciocho años a sus padres y hermanos mayores.

Son ciudadanos de un Chile que en los últimos años no sólo se salva de la sangría que afecta a las economías de la región sino que obtiene de los organismos internacionales la mejor calificación del riesgo y las mejores proyecciones de inversión.

Los cuatro mil modelos nudistas, desde la mujer que gritaba "soy abuela y bisabuela", hasta la adolescente que no pudo participar por ser menor de edad, tuvieron el domingo la sensación de participar en un hito sociológico.
La excusa fue Spencer Tunick, que se mostró sorprendido por la participación de los chilenos y que, sin pretenderlo, se estrenó como fotógrafo político. EFE

"Quiero posar desnudo"

Gustavo González

"Si Buenos Aires logró reunir a 450 personas, con 200 que lleguen a tomarse la foto en Santiago estaría más que bien", dijo a comienzos de este mes René Rojas, un fotógrafo chileno colaborador de Tunick, promotor de centros nudistas y naturalistas.

Esa cautela inicial se explica por la supuesta pacatería de la sociedad chilena, que ya no parece ser tan así a la luz de actos públicos cada vez más frecuentes, que con fines artísticos o de protesta recurren al desnudo.

"Baby Vamp", apodo de Lucía Flores Catrileo, una modelo de 17 años, se paseó este mes por diversos lugares del centro de Santiago desafiando las bajas temperaturas invernales, "vestida" sólo con largas botas negras de plataforma y su mochila escolar.

La joven fue contratada por Luizo Vega, un productor y artista visual argentino, quien defiende estas "performances" como propuestas artísticas ajenas a la pornografía o al morbo colectivo.

"Baby Vamp' provocó una batalla judicial. El Servicio Nacional de Menores pidió un pronunciamiento de los tribunales, un abogado conservador demandó a Vega por ofensas a la moral y el productor argentino, además de intercambiar querellas con Sabat, interpuso un recurso de amparo en defensa de la libertad de creación. IPS

 
 
 
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