Controversia
Los desnudos multitudinairos
de Spencer Tunick
Alonso de Contreras
Para desnudar al aire libre
a más de 4.000 personas y mantenerlas casi una hora a
menos de dos grados no basta con ser un fotógrafo famoso,
es necesaria una ansiedad social por un destape al que se resiste
la transición chilena.
Las fotos que tomó el
domingo pasado Spencer Tunick de más de 4.000 chilenos
tapizando desnudos y ateridos de frío un parque de Santiago
se prestan a una lectura política que supera las intenciones
artísticas de quien ha desnudado masivamente a estadounidenses,
brasileños, australianos y argentinos.
Así lo interpretaron
hoy actores sociales de todo el espectro político chileno,
desde el presidente socialista Ricardo Lagos -"Chile está
en buena onda", dijo- hasta los protestantes evangélicos
que intentaron boicotear el "perfomance" a golpes de
rezos y maldiciones por y contra los participantes.
SIN TAPUJOS
Los 4.000 chilenos que se desnudaron
al amanecer sin tapujos y sin incidentes en Santiago de Chile
son ciudadanos de un país donde la ley del divorcio se
discute aún en un Senado en el que existen senadores civiles
y militares que no han sido elegidos democráticamente.
Muchos son hijos de parejas
que tuvieron que mentir sobre la cualificación de los
funcionarios que los casaron para poder anular su matrimonio
y que aún hoy se oponen al intento de algunos legisladores
de limitar el divorcio a los casos de delito.
Son los mismos chilenos que
aún no pueden ver "La Ultima Tentación de
Cristo", de Martin Scorsesse y, en su mayoría, son
hijos de una generación que aún recuerda, al hablar
con un español, el "destape" que se produjo
durante la transición española en el filo de los
ochenta.
El Parque Forestal, donde 4.000
cuerpos se rozaron con un respeto que asombró incluso
a los críticos, es el mismo donde las parejas equilibran
cada fin de semana el recorte que tuvo que hacerse en la la ley
de educación sexual.
PROTESTA
Muchos de quienes dejaron su
ropa en bolsas de plástico son parejas de hecho sin ningún
derecho social o hereditario y algunos miembros de una comunidad
homosexual que se lamenta incluso de persecución laboral.
Son los mismos chilenos que
cada vez prestan menos atención al estado de salud del
senador Augusto Pinochet y, probablemente, la mayoría
pertenece al creciente porcentaje de los "no inscritos"
en un registro electoral que muchos interpretan como muestra
del desencanto por la velocidad de la transición social.
Doce años después
del fin de la dictadura chilena (1973-1990), la gran mayoría
de los "destapados" el domingo son la primera generación
de los chilenos vivos que conocieron la noche y que no recuerdan
el toque de queda que encerró en sus casas durante casi
dieciocho años a sus padres y hermanos mayores.
Son ciudadanos de un Chile
que en los últimos años no sólo se salva
de la sangría que afecta a las economías de la
región sino que obtiene de los organismos internacionales
la mejor calificación del riesgo y las mejores proyecciones
de inversión.
Los cuatro mil modelos nudistas,
desde la mujer que gritaba "soy abuela y bisabuela",
hasta la adolescente que no pudo participar por ser menor de
edad, tuvieron el domingo la sensación de participar en
un hito sociológico.
La excusa fue Spencer Tunick, que se mostró sorprendido
por la participación de los chilenos y que, sin pretenderlo,
se estrenó como fotógrafo político. EFE
"Quiero posar desnudo"
Gustavo González
"Si Buenos Aires logró
reunir a 450 personas, con 200 que lleguen a tomarse la foto
en Santiago estaría más que bien", dijo a
comienzos de este mes René Rojas, un fotógrafo
chileno colaborador de Tunick, promotor de centros nudistas y
naturalistas.
Esa cautela inicial se explica
por la supuesta pacatería de la sociedad chilena, que
ya no parece ser tan así a la luz de actos públicos
cada vez más frecuentes, que con fines artísticos
o de protesta recurren al desnudo.
"Baby Vamp", apodo
de Lucía Flores Catrileo, una modelo de 17 años,
se paseó este mes por diversos lugares del centro de Santiago
desafiando las bajas temperaturas invernales, "vestida"
sólo con largas botas negras de plataforma y su mochila
escolar.
La joven fue contratada por
Luizo Vega, un productor y artista visual argentino, quien defiende
estas "performances" como propuestas artísticas
ajenas a la pornografía o al morbo colectivo.
"Baby Vamp' provocó
una batalla judicial. El Servicio Nacional de Menores pidió
un pronunciamiento de los tribunales, un abogado conservador
demandó a Vega por ofensas a la moral y el productor argentino,
además de intercambiar querellas con Sabat, interpuso
un recurso de amparo en defensa de la libertad de creación.
IPS
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