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Federico
García Lorca, la aventura americana
Los Exilios de 'Poeta en Nueva
York'
(Segunda parte)
María Helena Barrera-Agarwal
Para comprender plenamente
los motivos de la Fundación García Lorca es necesario
retrotraerse a las ediciones primigenias de 'Poeta en Nueva York'.
Como se ha mencionado antes, fueron dos: Una, bilingüe,
publicada por Norton en los Estados Unidos al cuidado de Rolfe
Humpreis. La otra publicada por Séneca en México
al cuidado de José Bergamín. Estando ambas basadas
en el mismo manuscrito habría sido natural que sus textos
en español fuesen idénticos. Tal no es el caso.
Existen entre ellas numerosas e importantes discrepancias.
VARIACIONES
Esas inexplicables variaciones no tardan a ser fuentes de debate.
'Poeta en Nueva York' irrumpe en la escena literaria con fuerza
insospechada. Sus contenidos muestran a un García Lorca
distinto, marcando el inicio de una vertiente lírica inédita
en lengua castellana. En poco tiempo la obra se convierte en
punto de referencia indispensable, comentada sin cesar y sin
cesar leída. A medida que su influencia crece más,
necesario resulta dirimir de modo definitivo qué edición
primigenia es la más fiel a las intenciones del autor.
Ello no es factible: El único documento que podría
zanjar la cuestión, el manuscrito compuesto por García
Lorca, se encuentra desaparecido.
Para los especialistas de García Lorca el paradero del
documento es un misterio desde los años cuarenta. José
Bergamín, la última persona que se sabe lo poseyó
a ciencia cierta se niega a dar cuenta de su destino. Hasta 1983,
año de su fallecimiento, Bergamín responde a las
interrogantes sobre el tema con evasivas o silencios. Luego de
su muerte todo vínculo con el manuscrito parece esfumarse.
Se lo considera perdido, por siempre fuera del alcance de los
exégetas del legado de García Lorca. Mientras la
ausencia dura, los mismos ponderan los méritos de las
ediciones primigenias, pronunciándose por la una o la
otra. En 1981 una edición crítica a cargo de Eutimio
Martín se aparta de ambas versiones, suscitando ultraje.
En las páginas de los Anales de Literatura Española
Contemporánea el profesor Daniel Einsberg, la proclama
apócrifa. Ya en 1976, Einsberg publicaría un libro
intitulado 'Poeta en Nueva York, Historia y Problemas de un Texto
de García Lorca', declarando la edición Norton
como la más exacta. Otros comentadores favorecen, por
el contrario, la edición Séneca.
A medida que los años pasan, el manuscrito se convierte
en una suerte de Grial. Especialistas como Einsberg lo buscan
sin descanso, procurando claves en archivos privados y públicos.
Las investigaciones poseen un tinte detectivesco. Sólo
su reaparición pondrá fin a los debates sobre sus
contenidos. En algunos círculos su ausencia se interpreta
como prueba de que jamás existió. La familia del
poeta y por extensión la Fundación García
Lorca saben, por el contrario, que el documento no es un mito.
En los años prealables a la publicación de 'Poeta
en Nueva York' han mantenido una serie de contactos, directos
e indirectos, con José Bergamín. Le han exigido
repetidamente la devolución del manuscrito, que piensan
publicar con Editorial Losada en la Argentina. Bergamín
ha hecho caso omiso de sus exigencias. García Lorca le
confió el libro y considera su misión el publicarlo
personalmente. Una edición efectuada bajo los auspicios
de la familia verá la luz tan solo en 1949 bajo el sello
de Losada.
EL DOCUMENTO PERDIDO
Igual que los expertos, la Fundación García Lorca
desconoce el paradero del manuscrito por décadas, hasta
que en 1996 un exiliado español residente en México,
Luis Cacho, los contacta. Cacho es vecino de Manola Saavedra.
Esta le ha comentado que tiene en su poder el documento, se lo
ha mostrado incluso. A través de los buenos oficios de
Cacho, la Fundación intenta convencer a Saavedra de cedérselos.
Le proponen a cambio una compensación monetaria, un viaje
a España, la posibilidad de que se le otorgue un título
nobiliario. Manola, como antes de ella Bergamín, rechaza
las ofertas. Cuando la venta en Londres es anunciada, los García
Lorca saben perfectamente quién es el misterioso coleccionista
anónimo mencionado en el catálogo de Christie's.
Con el proceso judicial confían en recuperar el manuscrito.
LOS TRIBUNALES
Manola Saavedra debe acudir ante los tribunales para justificar
sus derechos antes de proceder a la transacción. Su situación
económica no le permite, sin embargo, contratar los servicios
de un profesional del derecho inglés. Fortuna inaudita,
el sistema jurídico inglés ha cambiado poco antes
de la demanda de la Fundación, admitiendo la posibilidad
de que un letrado defienda un caso con vista a requerir de la
parte contraria sus honorarios, en caso de triunfar en el proceso.
En base a ese precepto, la conocida firma de abogados Morgan
Cole acepta representar a Manola.
El litigio tiene lugar en la Alta Corte de Justicia de Londres.
Las partes presentan sus alegatos. La Fundación García
Lorca acusa a Manola de conversión de bienes. Esta figura
jurídica implica que ella guardó en su poder e
intentó vender un manuscrito que no le pertenecía.
Los poseedores anteriores, comenzando por José Bergamín,
también son presentados como ilegítimos y de mala
fe. La defensa de Manola encabezada por el abogado Peter McGarrick
contrapone a esos argumentos el hecho de que los herederos del
poeta andaluz sabían ya en los años cuarenta que
Bergamín poseía el manuscrito y, sin embargo, no
iniciaron un proceso judicial para recuperarlo. Aún más,
cuando en los años noventa llegó a su conocimiento
y el de la Fundación, que Manola Saavedra detentaba el
documento no solo no la demandaron sino que propusieron comprárselo.
EL VEREDICTO
En diciembre del 2002, vistos los alegatos y pruebas presentadas
por las partes y en aplicación de principios legales españoles
y mexicanos, la demanda de la Fundación García
Lorca es rechazada. En la decisión del caso Fernández-Montesinos
García contra Manola Saavedra de Aldama ([2002] EWHC 2087),
la corte acepta los argumentos de la defensa. La sentencia establece
que la inacción de la familia basta para considerar que
la propiedad del manuscrito pasó de modo legítimo
a José Bergamín y a los subsecuentes poseedores.
Incluso si tal traspaso no hubiese tenido lugar, los sesenta
años transcurridos han activado la transferencia por usucapión
o prescripción adquisitiva. La Fundación es denegada
apelación y condenada a pagar los gastos del litigio,
incluyendo el honorario de la firma Morgan Cole, monto que en
total supera los cuatrocientos mil euros.
Una vez salvado el escollo legal, Christie's procede a la subasta.
El cuatro de junio del 2003, casi sesenta y siete años
después de la visita de Federico García Lorca a
las oficinas de Punto y Raya, el manuscrito se adjudica por doscientos
diez mil euros. El comprador no es otro que la Fundación
García Lorca, el portavoz de la cual no ha cesado de proclamar
luego de la decisión de la corte inglesa que el documento
carece de valor.
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