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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Federico García Lorca, la aventura americana

Los Exilios de 'Poeta en Nueva York'

(Segunda parte)

María Helena Barrera-Agarwal

Para comprender plenamente los motivos de la Fundación García Lorca es necesario retrotraerse a las ediciones primigenias de 'Poeta en Nueva York'. Como se ha mencionado antes, fueron dos: Una, bilingüe, publicada por Norton en los Estados Unidos al cuidado de Rolfe Humpreis. La otra publicada por Séneca en México al cuidado de José Bergamín. Estando ambas basadas en el mismo manuscrito habría sido natural que sus textos en español fuesen idénticos. Tal no es el caso. Existen entre ellas numerosas e importantes discrepancias.

VARIACIONES
Esas inexplicables variaciones no tardan a ser fuentes de debate. 'Poeta en Nueva York' irrumpe en la escena literaria con fuerza insospechada. Sus contenidos muestran a un García Lorca distinto, marcando el inicio de una vertiente lírica inédita en lengua castellana. En poco tiempo la obra se convierte en punto de referencia indispensable, comentada sin cesar y sin cesar leída. A medida que su influencia crece más, necesario resulta dirimir de modo definitivo qué edición primigenia es la más fiel a las intenciones del autor. Ello no es factible: El único documento que podría zanjar la cuestión, el manuscrito compuesto por García Lorca, se encuentra desaparecido.
Para los especialistas de García Lorca el paradero del documento es un misterio desde los años cuarenta. José Bergamín, la última persona que se sabe lo poseyó a ciencia cierta se niega a dar cuenta de su destino. Hasta 1983, año de su fallecimiento, Bergamín responde a las interrogantes sobre el tema con evasivas o silencios. Luego de su muerte todo vínculo con el manuscrito parece esfumarse. Se lo considera perdido, por siempre fuera del alcance de los exégetas del legado de García Lorca. Mientras la ausencia dura, los mismos ponderan los méritos de las ediciones primigenias, pronunciándose por la una o la otra. En 1981 una edición crítica a cargo de Eutimio Martín se aparta de ambas versiones, suscitando ultraje. En las páginas de los Anales de Literatura Española Contemporánea el profesor Daniel Einsberg, la proclama apócrifa. Ya en 1976, Einsberg publicaría un libro intitulado 'Poeta en Nueva York, Historia y Problemas de un Texto de García Lorca', declarando la edición Norton como la más exacta. Otros comentadores favorecen, por el contrario, la edición Séneca.
A medida que los años pasan, el manuscrito se convierte en una suerte de Grial. Especialistas como Einsberg lo buscan sin descanso, procurando claves en archivos privados y públicos. Las investigaciones poseen un tinte detectivesco. Sólo su reaparición pondrá fin a los debates sobre sus contenidos. En algunos círculos su ausencia se interpreta como prueba de que jamás existió. La familia del poeta y por extensión la Fundación García Lorca saben, por el contrario, que el documento no es un mito. En los años prealables a la publicación de 'Poeta en Nueva York' han mantenido una serie de contactos, directos e indirectos, con José Bergamín. Le han exigido repetidamente la devolución del manuscrito, que piensan publicar con Editorial Losada en la Argentina. Bergamín ha hecho caso omiso de sus exigencias. García Lorca le confió el libro y considera su misión el publicarlo personalmente. Una edición efectuada bajo los auspicios de la familia verá la luz tan solo en 1949 bajo el sello de Losada.

EL DOCUMENTO PERDIDO
Igual que los expertos, la Fundación García Lorca desconoce el paradero del manuscrito por décadas, hasta que en 1996 un exiliado español residente en México, Luis Cacho, los contacta. Cacho es vecino de Manola Saavedra. Esta le ha comentado que tiene en su poder el documento, se lo ha mostrado incluso. A través de los buenos oficios de Cacho, la Fundación intenta convencer a Saavedra de cedérselos. Le proponen a cambio una compensación monetaria, un viaje a España, la posibilidad de que se le otorgue un título nobiliario. Manola, como antes de ella Bergamín, rechaza las ofertas. Cuando la venta en Londres es anunciada, los García Lorca saben perfectamente quién es el misterioso coleccionista anónimo mencionado en el catálogo de Christie's. Con el proceso judicial confían en recuperar el manuscrito.

LOS TRIBUNALES
Manola Saavedra debe acudir ante los tribunales para justificar sus derechos antes de proceder a la transacción. Su situación económica no le permite, sin embargo, contratar los servicios de un profesional del derecho inglés. Fortuna inaudita, el sistema jurídico inglés ha cambiado poco antes de la demanda de la Fundación, admitiendo la posibilidad de que un letrado defienda un caso con vista a requerir de la parte contraria sus honorarios, en caso de triunfar en el proceso. En base a ese precepto, la conocida firma de abogados Morgan Cole acepta representar a Manola.
El litigio tiene lugar en la Alta Corte de Justicia de Londres. Las partes presentan sus alegatos. La Fundación García Lorca acusa a Manola de conversión de bienes. Esta figura jurídica implica que ella guardó en su poder e intentó vender un manuscrito que no le pertenecía. Los poseedores anteriores, comenzando por José Bergamín, también son presentados como ilegítimos y de mala fe. La defensa de Manola encabezada por el abogado Peter McGarrick contrapone a esos argumentos el hecho de que los herederos del poeta andaluz sabían ya en los años cuarenta que Bergamín poseía el manuscrito y, sin embargo, no iniciaron un proceso judicial para recuperarlo. Aún más, cuando en los años noventa llegó a su conocimiento y el de la Fundación, que Manola Saavedra detentaba el documento no solo no la demandaron sino que propusieron comprárselo.

EL VEREDICTO
En diciembre del 2002, vistos los alegatos y pruebas presentadas por las partes y en aplicación de principios legales españoles y mexicanos, la demanda de la Fundación García Lorca es rechazada. En la decisión del caso Fernández-Montesinos García contra Manola Saavedra de Aldama ([2002] EWHC 2087), la corte acepta los argumentos de la defensa. La sentencia establece que la inacción de la familia basta para considerar que la propiedad del manuscrito pasó de modo legítimo a José Bergamín y a los subsecuentes poseedores. Incluso si tal traspaso no hubiese tenido lugar, los sesenta años transcurridos han activado la transferencia por usucapión o prescripción adquisitiva. La Fundación es denegada apelación y condenada a pagar los gastos del litigio, incluyendo el honorario de la firma Morgan Cole, monto que en total supera los cuatrocientos mil euros.
Una vez salvado el escollo legal, Christie's procede a la subasta. El cuatro de junio del 2003, casi sesenta y siete años después de la visita de Federico García Lorca a las oficinas de Punto y Raya, el manuscrito se adjudica por doscientos diez mil euros. El comprador no es otro que la Fundación García Lorca, el portavoz de la cual no ha cesado de proclamar luego de la decisión de la corte inglesa que el documento carece de valor.

 
 
 
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