Markus, alquimista de la ciencia
y el arte
La ciencia y el arte han estado
divorciadas por milenios. Los filósofos y pensadores griegos
(que ya calificaban como científicos), raíz poderosa
de nuestra civilización se enriquecieron con tan excitante
matrimonio (es más le añadieron otro componente:
el deporte).
Los egipcios no concebían
la una sin la otra.
Las antiguas culturas de Oriente,
como China y Japón, tampoco consideraban que ambas líneas
fuesen divergentes -en todo caso paralelas-.
Ciencia y Arte fueron también
consonantes para la concepción de los antiguos habitantes
de América.
Pero, de repente, el mundo
occidental los separó, los divorció, los hizo antagónicos
y rivales. Pero, alguien se ha propuesto, no solo hacerlos consonantes,
si no fusionarlos.
El desafiante
Este desafío lo enfrenta
Mario Markus, un audaz científico latinoamericano, que
ejerce una jefatura ante un grupo de investigación científica
en el Instituto Max-Planck en Alemania, y ejerce como catedrático
en la Universidad de Dortmund. A esta actividad científica
aúna la producción artística: plástica,
literatura, poesía, y otras que, de seguro, irá
encontrando en su camino.
Markus es chileno, pero "más
bien latinoamericano", dice. Por eso visita, por lo menos,
dos veces al año su natal Chile, y recorre un poco de
su gran patria americana. Y lo hace regalando lo que él
llama "un producto nuevo: una amalgama de ciencia y arte
que, siendo algo novedoso, es algo difícil de rechazar,
tanto para científicos como para artista".
El gabinete del doctor Markus
Los temas de investigación
en biofísica son de amplia variedad: control de arritmias
del corazón, borritmos y formación de dibujos en
las cáscaras de las conchas. Además, trabaja en
problemas relacionados con la obtención de agua potable
de iceberg transportados a zonas desérticas.
HA publicado 130 reportajes
en revistas internacionales (incluyendo "Science" y
"Nature") y los libros "From Chemical to Biological
Organization", "Nonlinear Wave Precesses" y "Discretely-Coupled
Dynamical Systems".
A ese extraordinario ambiente
científico lo ha convertido Markus en un escenario de
fascinantes figuras oníricas, abstractas, surrealistas,
danzas de luz y oleadas de energías, vibraciones intramoleculares,
arritmias y vibración de fermentos; en fin, fórmulas
matemáticas y reacciones bioquímicas convertidas
en el pensamiento del Universo.
En cuanto a la poesía,
la creatividad de Mario Markus ha logrado encontrar el camino
para convertir la vibración sonora y a la cadencia del
alma en soportes descriptivos para realidades científicas,
demostrando que la ciencia no es prosaica ni árida, que
son la canción la danza cadenciosa del Mundo y sus misterios.
La palabra
En la novela y el cuento encontró
Mario la fórmula para generar la ciencia-posible (contraparte
fascinante de la ciencia-ficción). Evidencia de ello es
su pasmoso cuento "Bilis negra", un relato en la que
a la fusión ciencia-arte, añade el autor un sorprendente
elemento: la teología.
El proyecto de futuro inmediato
de este científico-artista es un poemario que incluirá
un verso para cada uno de los 228 elementos químicos de
la Tabla Periódica. Un desafío que lo obligará
a encontrar himnos épicos en las insondables dimensiones
donde rigen el caos y la incertidumbre; así como el ritmo
y orden inconmensurables de los fractales.
Un cariño muy especial
Markus ama al Ecuador, sobre
todo su Oriente. "Es un milagro. tiene un algo que se le
ha perdido al mundo", dice el científico. "No
está globalizado, aún tiene corazón"
El recuerda con mucho cariño
como se encontró un día en Santiago de Méndez
(provincia de Morona Santiago). "Solo de paso (para comprar
ropa nueva)" y se vio involucrado en una aventura humana
que nunca olvidará.
Él cuenta que al entrar al almacén ("de esos
donde venden de todo en los pueblos") descubrió que
el dueño era el director del colegio de la localidad.
Luego todo se desenvolvió de una manera tan inesperada
y natural a la vez. Se propició una reunión con
los alumnos, y charlas de arte y conversaciones de ciencia y
conversaciones humanas y... "Todo tan humano, tan entrañable,
tan dulce".
"También en otras
localidades ecuatorianas -sobre todo del Oriente- me topé
con gente de esa altísima calidad", dice Markus.
"Son experiencias que revivo con inmensa nostalgia".
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