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Marte, misión peligrosa
Cristina
Hernández
(Tierramérica)
La tripulación que sea
elegida para viajar por primera vez a Marte deberá aprender
a sortear un obligado confinamiento y a sobrevivir en medio de
graves amenazas sanitarias y ambientales, sostienen especialistas
estadounidenses.
Cada noche estrellada, Marte aparece con su color rojo amarillento
avivando el fuego de quienes ansían poner sus pies en
él. Pero tras esa apariencia cálida, la temperatura
promedio de su superficie es de 53 grados bajo cero y su atmósfera
está casi totalmente compuesta por dióxido de carbono.
El anuncio en enero del presidente de Estados Unidos, George
W. Bush, de una posible expedición al planeta vecino,
bastó para que algunos entusiastas empezaran a alistar
maletas.
"Debemos determinar una fecha" para el viaje, dijo
a Tierramérica el presidente de la International Mars
Society (Sociedad Internacional de Marte), Robert Zubrin.
"La propuesta de Bush plantea regresar a la Luna antes del
fin de la década siguiente y a Marte para mediados de
siglo. Nuestra meta es que se envíe una misión
tripulada a Marte para 2020", aseveró el ingeniero
astronáutico, colaborador de la agencia espacial estadounidense
(NASA).
Sin embargo, la distancia que nos separa de Marte y los posibles
peligros ambientales que afrontaría una tripulación
humana pueden demorar la jornada.
"El mayor reto es el tiempo lejos de la Tierra, de unos
tres años. Se debería permanecer allí 18
meses antes de poder regresar", explicó a Tierramérica
un miembro del proyecto Phoenix de la NASA, John Hoffman, que
intenta establecer la historia geológica del agua en Marte.
Debido a la órbita elíptica del planeta rojo, la
distancia entre los dos planetas varía. En agosto del
2003, Marte se situó a 56,3 millones de kilómetros
de la Tierra, el trecho más corto en 60 mil años.
"Estar lejos por tanto tiempo y con sólo una ruta
de regreso puede ocasionar serios problemas psicológicos",
añadió Hoffman, quien ha diseñado y construido
instrumentos para misiones en la Luna, Venus y el cometa Halley.
Los factores de riesgo mental de trabajar en ambientes cerrados
y aislados pueden incluir depresión, ansiedad, traumas
u otras disfunciones neurológicas y psiquiátricas.
También preocupa una peligrosa exposición a la
radiación espacial durante los seis o siete meses del
viaje y durante la estadía en Marte, señala Hoffman.
Fuera de la protectora atmósfera terrestre, la radiación
espacial es tan potente que puede remover los electrones de los
átomos en los que impacta. Esto podría ocasionar
daños genéticos en las células humanas.
Cáncer, cataratas y daños en el sistema nervioso
central son algunos de sus posibles efectos.
Según la NASA, en la Estación Espacial Internacional
(ISS, por sus siglas en inglés) que órbita la Tierra
a 386 kilómetros de distancia, se estudian los impactos
que los viajes espaciales provocan en la salud de los astronautas.
Los daños de la radiación en los cromosomas se
estudian con muestras de sangre de cada miembro de la estación
espacial. La exposición a la radiación puede reducirse
si cada astronauta se ubica en los lugares mejor protegidos de
la ISS.
Una dieta apropiada, con intenso consumo de antioxidantes luego
de una exposición prolongada, podría disminuir
los riesgos.
Los efectos de diferentes tipos de radiación se estiman
en dosis biológicas equivalentes para medir no sólo
la cantidad, sino el daño causado. Las unidades de medida
son los milliSieverts (mSv). Un mSv de radiación espacial
equivale a tomarse tres radiografías de tórax en
la Tierra, donde además cada persona recibe dos mSv anuales
procedentes de fuentes naturales. Según la NASA, los tripulantes
de la ISS reciben entre 80 y 160 mSv durante una estadía
de seis meses.
Para Zubrin, de la International Mars Society, un astronauta
con rumbo a Marte correría el mismo riesgo de padecer
de cáncer que si permaneciera en la Tierra y fumara dos
paquetes de cigarrillos durante tres años.
Según el estadounidense Instituto de Investigación
Biomédica Espacial (NSBRI), que trabaja con la NASA para
reducir los riesgos sanitarios de los viajes espaciales, los
vuelos fuera de la órbita terrestre de más de 12
meses han demostrado que los astronautas pueden perder hasta
20% de su masa ósea. Aumentan los riesgos de fracturas
y de formación de cálculos renales, por el traslado
de calcio desde los huesos. La ausencia de fuerza de gravedad
es la responsable. Además, según el NSBRI, reportes
de largas misiones espaciales sugieren un reducido consumo calórico,
lo que podría resultar en pérdida de tejidos, incluyendo
músculos, huesos y células rojas.
Según John Ira Petty, vocero del Lyndon B. Johnson Space
Center, las experiencias de la ISS enseñan lo esencial
sobre la presencia humana en el espacio durante largos períodos,
incluyendo medidas de prevención, como ejercicios contra
el deterioro muscular y para mejorar el estado cardiovascular.
"Sistemas como el utilizado en la ISS para reciclar el agua
y para la generación de oxígeno podrían
ser aplicables en Marte", dijo Petty a Tierramérica.
Sin embargo, "una misión tripulada a Marte dependerá
de restricciones presupuestarias y del desarrollo de la tecnología
adecuada", advirtió.
Cumplidas estas condiciones, se podría lanzar una misión
al planeta rojo cada 25 meses. Pero "estamos aún
muy lejos de que humanos visiten Marte. Probablemente los miembros
de la tripulación no sean escogidos antes de 10 o 20 años",
pronosticó Petty. (IPS)
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