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El
enigmático mundo de las plantas
Elena Roldán Baca
No hace mucho que la atención
del hombre se centraba en lo vasto: los continentes, los astros
y el mar. Poco a poco el hombre, observador de lo que oye, ve
y siente, puso atención a lo pequeño y su visión
se centro en las plantas. Hoy, todo el reino vegetal, es punto
de mira de la inteligencia humana. E hizo bien, porque en los
vegetales, que son uno de los tres reinos creados por Dios, son
un auténtico reino de maravillas por las riquezas extraordinarias
que contiene. Así la más pequeña de las
plantas, el más humilde de los vegetales tiene en su interior
riquezas invalorables.
Montalvo, uno de los escritores más sobresalientes de
nuestro país en términos que solo él sabia
usarlo para ennoblecer o denigrar refiriéndose por ejemplo,
al humilde tubérculo que es la papa dice que, la bella
flor morada de ese tubérculo era el adorno preferido de
Luis XVI que lo lucía diariamente en el ojal de su real
levita. Será por algo que Platón, discípulo
de Sócrates, que en frase de Cicerón daba sus lecciones
de filosofía ,vale decir de Sabiduría, paseando
entre alamedas de plátano y de esas lecciones se nutrían
los que tuvieron el privilegio de escucharlo mientras las plantas,
en su lenguaje de silencio, sonreían como comprendiendo
en arcano, el mágico decir del sabio.
Pasan los años y Shubert, el émulo de Beethoven,
se inspira en los bosques de su Viena inmortal las dulces armonías
de sus lieds. Y es que nada como la dulce y tierna sensibilidad
de la planta y de los vegetales para endulzar la soledad del
espíritu. Pero es en el año 1966 cuando Bakster
el más famoso examinador de detectores de mentiras de
los Estados Unidos, sintió el impulso de aplicar los electrodos
de uno de sus detectores a las hojas de la dracena, planta doméstica
que le acompañaba siempre. (La dracena es una planta
tropical parecida a la palmera que tiene hojas grandes y un denso
racimo de flores pequeñas). Se la llama árbol de
dragón porque que según la leyenda popular de su
resina mana sangre de dragón (draco en latín).
Bakster tuvo la curiosidad de ver si las hojas eran afectadas
por el agua vertida en las raíces. Mientras la planta
sorbía el agua el galvanómetro, aparato que sirve
para detectar la mentira, no indicó menos resistencia.
La verdad es que Bakster dedicándose cada vez con más
ahínco a sus observaciones pudo llegar a decir que las
plantas sin tener órganos visibles como los humanos, ven,
oyen y sienten más que los seres humanos. Es decir que
la percepción hipersensorial de las plantas es tal que
aventaja en mucho a la del ser humano que no obstante estar provisto
de órganos especiales de vista, oído, olfato, etcétera,
se equivoca, como dice el vulgo del medio a la mitad con tremendas
consecuencias.
Y todo lo anterior lo probó Bakster con el mayor detalle
y en la forma más precisa lo que le llevó a decir
"las plantas piensan". Llega a hablar incluso lo que
afines del siglo XVIII el P. Maximiliano Hell, astrónomo
de la Corte de Austria había expuesto como tesis científica,
y que él llamó la "electricidad animal"
sensible a cualquier emoción por leve que sea.
Esto lleva a pensar que el vegetal o la planta verdaderamente
"lee el pensamiento humano" significando con esto que
el vegetal percibe la intención del hombre aunque sea
disimulada.
Desde entonces se ha desencadenado un fuerte debate entre científicos
y parasicólogos sobre la existencia de la ESP o sea la
"percepción extrasensorial" de la planta dotada
por la madre Natura de un "sentido perceptor". Para
establecer estas grandes verdades científicas Bakster
propuso crear un auténtico laboratorio digno de la edad
espacial. Por registros precisos y claros las plantas, llegó
a concluir reaccionan ante la súbita aparición
de un perro en la habitación en que ella está o
la presencia de una persona que disgustaba a las plantas.
Las observaciones y experimentos de Bakster pasaron a ser objeto
de estudio de la Universidad de Yale que llegó a determinar
que una planta capta las decisiones de huir de una araña
que había estado encerrada en la misma habitación
en que se hallaba la planta. Dice Bakster que las plantan reaccionan
en defensa propia de manera parecida como lo hacen los pulpos
e inclusive los humanos algunas veces perdiendo el sentido.
Esto aconteció cuando entró a su laboratorio cierto
fisiólogo que en alta voz manifestó que destruye
las plantas con las que trabaja. La reacción de ellas
fue de terror, cuando el fisiólogo salió 45 minutos
más tarde, las plantas retornaron a la normalidad.
Este experimentó llevó a Bakster a la conclusión
de que las plantas llegan a ser mete- misadas o aturdidas adrede
por los seres humanos igual lo que sucede en el ritual del sacrificador
que va a matar a un animal según el estilo kosher.
El mundo de las plantas es mundo de silencio, paz, amistad, tranquilidad.
Razón esta para pensar que hizo bien Platón al
dictar sus lecciones de sabiduría en el mejor salón
escogido que son las grandes alamedas de árboles cuyo
follaje fresco y aromático refrescaba el noble cerebro
del incomparable sabio griego.
No en vano, según lo relata la Historia Sagrada, Jesús
se retiró al Huerto de Getsemaní, a un lugar de
plantas y árboles, para meditar y pedir a su Padre fuerza
antes del sacrificio y muerte.
Antes de concluir esta reseña refiramos a otro don de
las plantas: el de la amistad, el de una verdadera, y notoria
afinidad que se entabla entre las plantas y el cuidador de ellas,
de igual forma que una encina se ponía prácticamente
a temblar de miedo cuando se le acercaba su depredador, es decir,
un leñador. Otra de las virtudes de las plantas es que
su hipersensibilidad sensorial no tiene ni reconoce límites.
Las plantas sienten a la distancia, a lo lejos. Bakster declara
que no tiene la menor idea de que clase de onda de energía
puede llevar a una planta los pensamientos o sentimientos del
hombre. Es más Bakster ha encerrado a una planta en una
jaula Faraday y en un receptáculo de plomo y ninguno de
esos protectores interceptaba el canal sensorial de la planta.
El piensa que el equivalente a las ondas conductoras tiene que
operar de alguna manera extraña más allá
del espectro electromagnético.
Las investigaciones de Bakster no se contrajeron solo a las plantas
sino que se extendieron a los huevos como principio de la vida
animal. Como todo descubrimiento esta investigación le
condujo al científico a una simple y fortuita contingencia,
que será tema de una próxima colaboración.
Hasta pronto.
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