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¿Qué
es la hormiga argentina?
Juan M. Vieira
jmvieira@puce.edu.ec
Actualmente, es común
ver en los pueblos y ciudades de nuestro país, en especial
de la Sierra, anchas columnas de negruzcas hormigas que parecieran
no tener ni un comienzo ni un fin. Son "ríos y ríos
de hormigas" que suelen surgir en verano, luego de las primeras
lluvias de la época.
Esto consigue ocasionar dolores de cabeza a más de uno,
y es que en realidad puede ser desesperante contemplar un acontecimiento
de tal magnitud en el patio de nuestra casa.
Las protagonistas de este peculiar espectáculo son las
hormigas argentinas, correspondientes a una especie introducida,
ampliamente distribuida y dañina.
La hormiga argentina es nativa de la parte norte de Argentina
(región del Chaco) y del sur de Brasil. Diseminada principalmente
por el transporte humano, se encuentra actualmente en seis continentes
y numerosas islas oceánicas.
Al igual que otras hormigas invasoras, comparten un conjunto
de características que facilitan su establecimiento y
posterior rango de expansión. Tiene mínimos requerimientos
dietarios y de anidamiento, permitiéndole asociarse cercanamente
con los humanos. Además, a pesar de que las obreras son
estériles, sus colonias típicamente tienen algunas
reinas. Esto, en comparación con colonias de una sola
reina, le permite ser más eficiente en la reproducción,
lo que constituye una propiedad de importancia particular en
la capacidad de formar colonias numéricamente grandes
y ecológicamente dominantes.
Esta agresiva especie tiene importantes efectos en los ecosistemas
nativos. Cuando se llega a establecer en un sitio determinado,
las hormigas propias de la zona desaparecen y la distribución
de otros artrópodos cambia dramáticamente. Por
esta razón, la hormiga argentina ha sido el blanco de
uso substancial de pesticidas alrededor del mundo.
Por si esto fuera poco, numerosos estudios han determinado su
condición de peste para la agricultura, ya que interfiere
en la relación entre las plantas y otros insectos, contribuyendo
así a la propagación de ciertas plagas.
En las áreas urbanas, las "argentinas" invaden
un sinnúmero de estructuras y edificios. Tales infestaciones,
en casos extremos, son a menudo tratadas con fumigaciones intensas.
Su capacidad de dispersión parece estar asociada de alguna
manera con el clima, pero no existe evidencia clara que apoye
esta hipótesis. Una causa podría ser que las hormigas
tiendan a ocupar nuevos sitios de anidamiento cuando las condiciones
ambientales sean desfavorables.
Por ejemplo, en clima seco las hormigas tenderían a emigrar
a lugares más húmedos; en clima frío buscarían
lugares abrigados. Existe alguna certeza de que, incluso fuera
de edificios, ellas emigran en busca de un entorno abiótico
más favorable.
Para su control a largo plazo, el método más común
para distribuir pesticidas es la utilización de cebos.
Éstos son colocados con el fin de que sean llevados por
las hormigas obreras (aquellas que se ven caminando por todas
partes) de regreso al hormiguero, donde el veneno camuflado sirve
de alimento a la colonia, matando así a las reinas reproductivas.
Sin embargo, cuando las obreras toman el cebo de regreso a distintos
sitios de anidamiento, cada uno con algunas reinas, y que son
cambiados frecuentemente, ciertos pesticidas son diseminados
en exceso, pudiendo tener un efecto reducido o casi nulo.
El futuro de las
hormigas invasoras
Últimamente, el destino más común de estas
especies es el desplazamiento a manos de invasoras subsecuentes.
En el sureste de Estados Unidos, por ejemplo, la hormiga argentina
parece haber sido desplazada a lo largo de mucho de su rango
original por otra especie, la hormiga de fuego importada.
Este reemplazo podría también estar ocurriendo
en la región costera del Ecuador. Sin embargo, hacen falta
más datos para asegurar esta situación.
En casos extremos, los ecosistemas pueden ser transformados en
comunidades de especies exóticas, como ha ocurrido en
Hawai, en donde se han registrado 40 especies de hormigas introducidas,
pero ni una sola nativa.
Estudiar la biología de las especies invasivas puede ofrecer
mucha esperanza para entender los mecanismos de su éxito,
y sí poder desarrollar directivas en la prevención
y control de invasiones futuras.
Al examinar las características de hormigas invasoras
ya conocidas se podrá identificar más fácilmente
potenciales especies que pudieran establecerse en un determinado
lugar. Así se limitaría de manera activa las oportunidades
para que esto ocurra.
De cualquier manera, cuando una hormiga foránea se ha
establecido, este conocimiento puede revelar potenciales vulnerabilidades
y proveer pistas dentro de nuevos intentos para la determinación
de la estructura social que permite a estas especies prosperar.
Museo QCAZ, Sección Invertebrados
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales
Pontificia Universidad Católica del Ecuador
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