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En
defensa de los insectos (y otras bestias tropicales)
JUAN M. VIEIRA
jmvieira@puce.edu.ec
Alfred Russel Wallace, naturalista
inglés, contemporáneo de Charles Darwin, y coautor
de la teoría de la selección natural con éste,
muy perspicazmente escribió que "la vida animal es,
en su totalidad, mucho más abundante y variada en las
regiones tropicales en comparación a cualquier otra parte
del globo, y un gran número de formas peculiares se hallan
allí, las cuales nunca se extienden hacia regiones temperadas.
Interminables excentricidades de forma y extrema riqueza de colores
están entre sus más importantes características,
y éstas se encuentran manifestadas en alto grado en aquellas
tierras ecuatoriales donde la vegetación adquiere su más
grandiosa belleza y desarrollo".
Lo que Wallace presenció y reconoció fue la riqueza
y complejidad de las formas vivientes que caracterizan a los
trópicos, especialmente a los bosques húmedos tropicales
del mundo. Si bien aproximadamente 1.7 millones de especies de
organismos han sido descritas (750 mil de las cuales son insectos),
algunos biólogos han estimado que el número total
que actualmente reside en nuestro planeta podría exceder
los 10 millones, y un entomólogo (un científico
que estudia insectos) ha propuesto que puede haber alrededor
de 30 millones de especies de estos animales únicamente!
Tal cosa, si es verdad, podría representar un nivel prodigioso
de diversidad. Pero nosotros hemos sido sorprendentemente lentos
para reconocer el valor que esta variedad de especies tiene dentro
de la sobrevivencia de los ecosistemas tropicales, y quizás
incluso de la estabilidad ambiental de la Tierra.
Edward O. Wilson, famoso biólogo evolucionista y estudioso
de las hormigas, sugirió que "la diversidad orgánica
ha permanecido obscurecida entre problemas científicos
debido a razones que tienen que ver con la geografía y
la afección natural humana hacia los grandes organismos.
La gran mayoría de clases de organismos en cualquier parte
del mundo no son sólo tropicales, sino también
inconspicuos invertebrados como los insectos, crustáceos,
piojos, y gusanos". Tal diversidad se halla actualmente
amenazada como nunca antes.
Se ha estimado que 245 mil km2 de bosque húmedo tropical
es destruido o convertido en otras formas (como finos muebles,
por ejemplo) cada año. La agricultura y explotación
maderera han contribuido en especial manera a la desaparición
paulatina, cada vez más acelerada, de nuestros bosques.
Teóricamente, el bioma completo, que constituye 9.35 millones
de km2, podría ser eliminado dentro de 38 años.
Para mostrar esto de una manera más gráfica, Myers,
líder conservacionista de la época de los 80's,
alguna vez dijo: "no es irrazonable suponer que la Tierra
está perdiendo cerca de 670 km2 de bosque húmedo
tropical diariamente, lo que equivale a un área del tamaño
de Massachusetts cada mes". Eso quiere decir que se pierden
46 hectáreas por minuto!
En el proceso, muchas especies, incluyendo insectos, están
en peligro de ser pérdidas para siempre; algunas ya han
seguido el camino de los fósiles y dinosaurios, inclusive
antes de que nosotros las hubiésemos descubierto. Pero
fósiles y dinosaurios no fueron víctimas del antropocentrismo.
Ellas no sucumbieron a las demandas de daño del Homo sapiens,
la especie más "natural" de nuestro planeta.
El ambientalista Holmes Rolston III mantuvo que "la extinción
artificial, causada por invasiones humanas, es radicalmente diferente
en comparación a la extinción natural.
Discrepancias relevantes hacen a las dos tan moralmente distintas
como lo es la muerte por causas naturales en comparación
a una muerte por asesinato". En efecto, nuestras especies
han cambiado claramente la ecuación de sobrevivencia.
¿Deberíamos comprometernos nosotros mismos, entonces,
a mantener la diversidad biológica de la Tierra? ¿Existen
razones válidas por las que debamos sentirnos interesados?
Supongo que nosotros podríamos listar las razones prácticas
para preservar la diversidad, como evitar la posible alteración
de los patrones climáticos globales, preservar fuentes
potenciales de nuevas medicinas, mantener una crítica
fuente de ingresos debido al turismo en países en vías
de desarrollo, están ciertamente entre las principales.
Pero como Rolston argumentó: "Existe algo newtoniano,
no tan einsteniano, aparte de algo moralmente ingenuo, acerca
de vivir en un marco de referencia donde una especie se toma
así misma como algo absoluto y valora a todo lo demás
relativo a su utilidad".
Se podría sugerir que existen otras razones eminentes,
más sublimes que pragmáticas, para abanderar a
la diversidad biológica. Dado nuestro auto-definido status
de especie más avanzada de la Tierra, razones morales
y estéticas deberían ser las más poderosas
de todas. Si nosotros verdaderamente representamos el peso de
la sofisticación con el cual nos cubrimos tan placenteramente,
entonces deberíamos valorar a las otras cosas vivientes
no porque es práctico, sino simplemente porque es la cosa
correcta por hacer.
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