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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

En defensa de los insectos (y otras bestias tropicales)

JUAN M. VIEIRA
jmvieira@puce.edu.ec

Alfred Russel Wallace, naturalista inglés, contemporáneo de Charles Darwin, y coautor de la teoría de la selección natural con éste, muy perspicazmente escribió que "la vida animal es, en su totalidad, mucho más abundante y variada en las regiones tropicales en comparación a cualquier otra parte del globo, y un gran número de formas peculiares se hallan allí, las cuales nunca se extienden hacia regiones temperadas. Interminables excentricidades de forma y extrema riqueza de colores están entre sus más importantes características, y éstas se encuentran manifestadas en alto grado en aquellas tierras ecuatoriales donde la vegetación adquiere su más grandiosa belleza y desarrollo".
Lo que Wallace presenció y reconoció fue la riqueza y complejidad de las formas vivientes que caracterizan a los trópicos, especialmente a los bosques húmedos tropicales del mundo. Si bien aproximadamente 1.7 millones de especies de organismos han sido descritas (750 mil de las cuales son insectos), algunos biólogos han estimado que el número total que actualmente reside en nuestro planeta podría exceder los 10 millones, y un entomólogo (un científico que estudia insectos) ha propuesto que puede haber alrededor de 30 millones de especies de estos animales únicamente!
Tal cosa, si es verdad, podría representar un nivel prodigioso de diversidad. Pero nosotros hemos sido sorprendentemente lentos para reconocer el valor que esta variedad de especies tiene dentro de la sobrevivencia de los ecosistemas tropicales, y quizás incluso de la estabilidad ambiental de la Tierra.
Edward O. Wilson, famoso biólogo evolucionista y estudioso de las hormigas, sugirió que "la diversidad orgánica ha permanecido obscurecida entre problemas científicos debido a razones que tienen que ver con la geografía y la afección natural humana hacia los grandes organismos. La gran mayoría de clases de organismos en cualquier parte del mundo no son sólo tropicales, sino también inconspicuos invertebrados como los insectos, crustáceos, piojos, y gusanos". Tal diversidad se halla actualmente amenazada como nunca antes.
Se ha estimado que 245 mil km2 de bosque húmedo tropical es destruido o convertido en otras formas (como finos muebles, por ejemplo) cada año. La agricultura y explotación maderera han contribuido en especial manera a la desaparición paulatina, cada vez más acelerada, de nuestros bosques. Teóricamente, el bioma completo, que constituye 9.35 millones de km2, podría ser eliminado dentro de 38 años. Para mostrar esto de una manera más gráfica, Myers, líder conservacionista de la época de los 80's, alguna vez dijo: "no es irrazonable suponer que la Tierra está perdiendo cerca de 670 km2 de bosque húmedo tropical diariamente, lo que equivale a un área del tamaño de Massachusetts cada mes". Eso quiere decir que se pierden 46 hectáreas por minuto!
En el proceso, muchas especies, incluyendo insectos, están en peligro de ser pérdidas para siempre; algunas ya han seguido el camino de los fósiles y dinosaurios, inclusive antes de que nosotros las hubiésemos descubierto. Pero fósiles y dinosaurios no fueron víctimas del antropocentrismo. Ellas no sucumbieron a las demandas de daño del Homo sapiens, la especie más "natural" de nuestro planeta.
El ambientalista Holmes Rolston III mantuvo que "la extinción artificial, causada por invasiones humanas, es radicalmente diferente en comparación a la extinción natural.
Discrepancias relevantes hacen a las dos tan moralmente distintas como lo es la muerte por causas naturales en comparación a una muerte por asesinato". En efecto, nuestras especies han cambiado claramente la ecuación de sobrevivencia. ¿Deberíamos comprometernos nosotros mismos, entonces, a mantener la diversidad biológica de la Tierra? ¿Existen razones válidas por las que debamos sentirnos interesados?
Supongo que nosotros podríamos listar las razones prácticas para preservar la diversidad, como evitar la posible alteración de los patrones climáticos globales, preservar fuentes potenciales de nuevas medicinas, mantener una crítica fuente de ingresos debido al turismo en países en vías de desarrollo, están ciertamente entre las principales.
Pero como Rolston argumentó: "Existe algo newtoniano, no tan einsteniano, aparte de algo moralmente ingenuo, acerca de vivir en un marco de referencia donde una especie se toma así misma como algo absoluto y valora a todo lo demás relativo a su utilidad".
Se podría sugerir que existen otras razones eminentes, más sublimes que pragmáticas, para abanderar a la diversidad biológica. Dado nuestro auto-definido status de especie más avanzada de la Tierra, razones morales y estéticas deberían ser las más poderosas de todas. Si nosotros verdaderamente representamos el peso de la sofisticación con el cual nos cubrimos tan placenteramente, entonces deberíamos valorar a las otras cosas vivientes no porque es práctico, sino simplemente porque es la cosa correcta por hacer.

 
 
 
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La Hora 2002
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