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Mitos
y relatos sobre hormigas legionarias
Juan M. Vieira
jmvieira@puce.edu.ec
Esta peculiar clase de hormigas
constituye un grupo de organismos muy interesante. A diferencia
de la gran mayoría de sus congéneres, que son sedentarias
en un nido donde establecen su colonia, las legionarias poseen
una conducta nómada, teniendo reducidos períodos
estacionarios cuando la reina se halla en etapa reproductiva.
Se encuentran en continuo movimiento, como si estuvieran impulsadas
por una energía infinita.
Son colonias enormes, que pueden sobrepasar los 2 millones de
individuos a menudo. Obviamente, se necesita una gran cantidad
de alimento para satisfacer el apetito voraz de tal población
de hormigas. Se ha calculado que en un día una colonia
puede consumir hasta 70 mil insectos que "desafortunadamente"
se han atravesado en su camino.
En este artículo pretendo mostrar algunas de las tantas
alegorías y relatos que se han tejido en torno a estos
curiosos insectos.
La hormiga legionaria es un notable ejemplo de organismo estereotipado,
cuya popular reputación ha sido moldeada en la interfaz
de la ciencia y la mitología, dentro de la frontera penumbral
entre la realidad y la ficción.
A pesar de merecer ampliamente la admiración y la atención
científica, las hormigas legionarias y su reputación
fueron inicialmente mostradas por la imaginación de creadores
de mitos más que por el análisis cuidadosamente
recolectado por los estudiosos.
Cabe así preguntarse ¿Es la hipótesis, aquella
presunción del científico que explica un fenómeno
observable, menos creativa en su origen en comparación
a las construcciones ficticias de escritores y artistas? Hipótesis
imaginativas, después de todo, han generado mucha de la
cuantiosa investigación publicada sobre hormigas legionarias,
y un sinnúmero de otras criaturas también.
Hormigas legionarias mitologizadas
Ninguna otra historia ha hecho más por inmortalizar a
las hormigas legionarias y sus apetitos asesinos que la remarcable
historia "Leiningen contra las hormigas", de Carl Stephenson.
En este relato, una plantación brasileña es asediada
por una ola enorme de hambrientas hormigas legionarias que indiscriminadamente
devoran a toda cosa viviente que se atraviesa por su camino.
Leiningen, el intratable dueño de la plantación,
es prevenido sobre la horda en avance:
"El oficial de turno, claramente exasperado, atraviesa
el aire con dedos salvajemente distendidos. Leiningen!, el gritó.
Tú estás loco! Ellas no son criaturas a las que
puedas hacerles frente ellas son un elemento un acto
de Dios! Diez millas de largo, dos millas de ancho hormigas,
nada más que hormigas! Y cada una de ellas un diablo del
infierno; antes de que tú puedas escupir tres veces, ellas
podrían devorar a un búfalo grande hasta los huesos.
Yo te digo que si tú no te esfumas de una vez de este
lugar no quedará nada de ti, sino más que un esqueleto
tan arrasado como tu propia plantación".
A medida que la masa de hormigas enloquecida llega a la plantación,
Leiningen se monta en su caballo y cabalga hacia el enjambre
venidero, listo a defender su vida y propiedad: "Ese fue
un episodio que uno no podrá olvidar. Sobre las extensas
colinas, tan lejos como un ojo podría ver, se movió
sigilosamente un frente oscuro, cada vez más largo y ancho,
hasta que la oscuridad se cernió a través de las
pendientes, entonces descendente, más descendente, desde
el este hacia el oeste, inexplicablemente rápida, y toda
la verde pastura, de que amplia vista fue cortada como por un
garfio gigante, dejando sólo la vasta oscuridad, extendiéndose,
profundizándose y moviéndose más cerca".
Efectivamente, esta es la clase de material del cual las películas
están hechas. En efecto, Hollywood no pudo resistir la
tentación de convertir en film esta épica batalla
del hombre contra la naturaleza. En 1954, el cuento de Stephenson
fue transformado en La Selva Desnuda, una aventura cinemática
protagonizada por Charlton Heston y Eleanor Parker.
Las hormigas arrasaron, destrozando la carne de hombres y caballos
con poca fortuna como para poder escapar de la implacable legión,
dejando a su paso esqueletos perfectamente limpios, terribles
rezagos de su insaciable apetito.
En una más sombría nota, uno puede especular que
las hormigas rojas a las que hace referencia la novela Cien años
de soledad, la espectral obra maestra del premio Nobel Gabriel
García Márquez, son hormigas legionarias.
La historia nos lleva, por instancias, a la pareja durmiente,
Aureliano y Amaranta Ursula, que "son despertados por un
torrente de hormigas carnívoras que estaban listas a devorarlos
vivos". Más tarde, la devastación de la tragedia
humana desciende hasta el lector mientras Amaranta muere trayendo
a la vida a un hijo, el último de la familia.
Aureliano, sumido en su aflicción y nostalgia por amistades
perdidas, olvida a su recién nacido. Sus sueños
son pronto destrozados: "Y entonces él vio al niño.
Eso fue una seca e hinchada bolsa de carne que todas las hormigas
del mundo estuvieron arrastrando hacia sus agujeros a lo largo
del camino de piedra en el jardín".
Si es esto alguna maravilla de otro mundo, entonces, dada la
mitología y la realidad sobre las hormigas legionarias,
insectos que son popularmente relegados hoy en día como
consumados predadores de la naturaleza, ¿podrían
ser guerreras cuyas acciones harían ruborizar a Genghis
Khan con envidia? ¿No lo cree?
Museo QCAZ, Sección
Invertebrados
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales
Pontificia Universidad Católica del Ecuador
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