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Sobre hormigas y sociedades
humanas
Juan M. Vieira
jmvieira@puce.edu.ec
Desde tiempos inmemoriales,
las hormigas han sido objeto de admiración debido a su
capacidad de existencia independiente. Estos insectos continúan
campantes en medio de las ruinas cambiantes creadas por el hombre,
aparentemente sin preocuparse de si hay seres humanos presentes
o no, mientras se les deje una pequeña porción
de ambiente alterado lo menos posible para que puedan construirun
nido, buscar comida y, con ello, multiplicar su especie.
La abundancia de las hormigas es legendaria. Una obrera tiene
un tamaño que es menos de la millonésima parte
del de un ser humano, pero, tomadas colectivamente, las hormigas
rivalizan con las personas como organismos dominantes en la Tierra.
¿COINCIDENCIAS?
Vayamos donde vayamos, la ubicuidad
y la naturaleza predecible de estos peculiares insectos nos hacen
sentir como en familia. Al estudiar y leer su lenguaje se comprenden
algunos de los designios de su organización social mejor
de lo que nadie comprende el comportamiento de nuestros colegas
humanos.
Algunas muy llamativas similitudes entre las sociedades de humanos
y hormigas demuestran que las comunidades animales, en orden
para merecer el nombre de sociedades, deben tener ciertos rasgos
fundamentales en común.
En efecto, las resemblanzas entre personas y hormigas son tan
conspicuas a tal punto de ser notadas incluso por pensadores
aborígenes. El folklore, poesías primitivas y la
filosofía muestran a las hormigas como una fuente llena
de comparaciones expresando la ferviente actividad y cooperación
del hombre.
Existe un cierto paralelismo entre el desarrollo de las sociedades
de hormigas y humanas. Algunos antropólogos distinguen
en el desarrollo de las sociedades de humanos seis diferentes
tipos de estados, designados como la caza, el pastoreo, actividades
agrícola, comercial, industrial e intelectual. Las hormigas
muestran estados correspondientes a las tres primeras instancias.
Es obvio que un desarrollo adicional hacia los tres restantes
estados dentro del progreso humano -lo comercial, industrial
e intelectual- ni siquiera está presagiado en las hormigas.
Esto no podría ser posible, o en efecto concebible, sin
un pensamiento conceptual y una apreciación de los valores
a los cuales las hormigas nunca han puesto atención.
PARALELISMOS
William M. Wheeler, eminente
estudioso de las hormigas de principios del siglo XX, hace notar
que así como existen marcadas analogías, como las
antes mencionadas, entre las hormigas y los humanos, hay también
tres diferencias fundamentales entre la organización y
desarrollo de ambos tipos de sociedades que deben ser tomadas
en cuenta.
Las sociedades de hormigas son sociedades de hembras. Los machos
realmente no toman parte en las actividades de la colonia, y,
en la mayoría de las especies, están presentes
en el nido sólo durante el breve período necesario
para asegurar la fecundación de las reinas jóvenes.
Los machos no toman parte en construir, aprovisionar, proteger
la colonia o en la alimentación de la descendencia.
Partiendo del hecho de que las hormigas recuerdan ciertas míticas
sociedades humanas, como las amazonas, todas sus actividades
se centran en la multiplicación y cuidado de las generaciones
venideras.
En la sociedad humana, aparte de las funciones dependientes o
asignadas a cada sexo, y aboliendo diferencias individuales y
deficiencias que pueden ser parcial o totalmente suprimidas,
equilibradas o argumentadas con un elaborado sistema de educación,
todos los individuos tienen la misma dotación natural.
MÁS SIMILITUDES
Cada individuo normal retiene
sus varias necesidades sicológicas y fisiológicas,
así como sus habilidades, intactas, no necesariamente
sacrificando alguna de estas para el bien de la comunidad. En
las hormigas, sin embargo, las hembras, de las cuales la sociedad
consiste propiamente, no son totalmente desiguales, pero a menudo
existen diferencias, ya sea en su estructura corporal como en
sus acciones.
Cada miembro está visiblemente predestinado a ciertas
actividades sociales de las que se excluyen otros miembros, las
mismas que se pueden hallar sujetas a exigencias de diversa índole.
UN SOCIALISMO ANARQUISTA
Debido a esta estructura preestablecida
y las funciones especializadas que esta implica, las hormigas
son capaces de vivir en una condición de 'socialismo anarquista',
donde cada individuo instintivamente cumple las demandas de la
vida social sin 'jefe, guía o supervisor', pero no sin
la imitación y sugestión envuelta en la apreciación
de las actividades de sus colegas.
De esta manera, una sociedad de hormigas podría ser considerada
como algo más que una familia expandida, los miembros
de la cual cooperan con el propósito de expandir todavía
más al grupo y desprenderse posteriormente de porciones
de sí misma para fundar otras "familias" de
la misma clase.
Típicas situaciones sobre hormigas y humanos, que reflejan
intensamente lo que es la vida en grupo, desde todos sus ángulos,
permitiéndonos formularnos la siguiente pregunta: ¿Somos
en realidad la cumbre de la conducta social, o somos nada más
un peldaño en la dinámica evolución de las
sociedades biológicas?
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