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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Sobre hormigas y sociedades humanas

Juan M. Vieira
jmvieira@puce.edu.ec

Desde tiempos inmemoriales, las hormigas han sido objeto de admiración debido a su capacidad de existencia independiente. Estos insectos continúan campantes en medio de las ruinas cambiantes creadas por el hombre, aparentemente sin preocuparse de si hay seres humanos presentes o no, mientras se les deje una pequeña porción de ambiente alterado lo menos posible para que puedan construirun nido, buscar comida y, con ello, multiplicar su especie.
La abundancia de las hormigas es legendaria. Una obrera tiene un tamaño que es menos de la millonésima parte del de un ser humano, pero, tomadas colectivamente, las hormigas rivalizan con las personas como organismos dominantes en la Tierra.

¿COINCIDENCIAS?

Vayamos donde vayamos, la ubicuidad y la naturaleza predecible de estos peculiares insectos nos hacen sentir como en familia. Al estudiar y leer su lenguaje se comprenden algunos de los designios de su organización social mejor de lo que nadie comprende el comportamiento de nuestros colegas humanos.
Algunas muy llamativas similitudes entre las sociedades de humanos y hormigas demuestran que las comunidades animales, en orden para merecer el nombre de sociedades, deben tener ciertos rasgos fundamentales en común.
En efecto, las resemblanzas entre personas y hormigas son tan conspicuas a tal punto de ser notadas incluso por pensadores aborígenes. El folklore, poesías primitivas y la filosofía muestran a las hormigas como una fuente llena de comparaciones expresando la ferviente actividad y cooperación del hombre.
Existe un cierto paralelismo entre el desarrollo de las sociedades de hormigas y humanas. Algunos antropólogos distinguen en el desarrollo de las sociedades de humanos seis diferentes tipos de estados, designados como la caza, el pastoreo, actividades agrícola, comercial, industrial e intelectual. Las hormigas muestran estados correspondientes a las tres primeras instancias.
Es obvio que un desarrollo adicional hacia los tres restantes estados dentro del progreso humano -lo comercial, industrial e intelectual- ni siquiera está presagiado en las hormigas. Esto no podría ser posible, o en efecto concebible, sin un pensamiento conceptual y una apreciación de los valores a los cuales las hormigas nunca han puesto atención.

PARALELISMOS

William M. Wheeler, eminente estudioso de las hormigas de principios del siglo XX, hace notar que así como existen marcadas analogías, como las antes mencionadas, entre las hormigas y los humanos, hay también tres diferencias fundamentales entre la organización y desarrollo de ambos tipos de sociedades que deben ser tomadas en cuenta.
Las sociedades de hormigas son sociedades de hembras. Los machos realmente no toman parte en las actividades de la colonia, y, en la mayoría de las especies, están presentes en el nido sólo durante el breve período necesario para asegurar la fecundación de las reinas jóvenes. Los machos no toman parte en construir, aprovisionar, proteger la colonia o en la alimentación de la descendencia.
Partiendo del hecho de que las hormigas recuerdan ciertas míticas sociedades humanas, como las amazonas, todas sus actividades se centran en la multiplicación y cuidado de las generaciones venideras.
En la sociedad humana, aparte de las funciones dependientes o asignadas a cada sexo, y aboliendo diferencias individuales y deficiencias que pueden ser parcial o totalmente suprimidas, equilibradas o argumentadas con un elaborado sistema de educación, todos los individuos tienen la misma dotación natural.

MÁS SIMILITUDES

Cada individuo normal retiene sus varias necesidades sicológicas y fisiológicas, así como sus habilidades, intactas, no necesariamente sacrificando alguna de estas para el bien de la comunidad. En las hormigas, sin embargo, las hembras, de las cuales la sociedad consiste propiamente, no son totalmente desiguales, pero a menudo existen diferencias, ya sea en su estructura corporal como en sus acciones.
Cada miembro está visiblemente predestinado a ciertas actividades sociales de las que se excluyen otros miembros, las mismas que se pueden hallar sujetas a exigencias de diversa índole.

UN SOCIALISMO ANARQUISTA

Debido a esta estructura preestablecida y las funciones especializadas que esta implica, las hormigas son capaces de vivir en una condición de 'socialismo anarquista', donde cada individuo instintivamente cumple las demandas de la vida social sin 'jefe, guía o supervisor', pero no sin la imitación y sugestión envuelta en la apreciación de las actividades de sus colegas.
De esta manera, una sociedad de hormigas podría ser considerada como algo más que una familia expandida, los miembros de la cual cooperan con el propósito de expandir todavía más al grupo y desprenderse posteriormente de porciones de sí misma para fundar otras "familias" de la misma clase.
Típicas situaciones sobre hormigas y humanos, que reflejan intensamente lo que es la vida en grupo, desde todos sus ángulos, permitiéndonos formularnos la siguiente pregunta: ¿Somos en realidad la cumbre de la conducta social, o somos nada más un peldaño en la dinámica evolución de las sociedades biológicas?

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador