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POR LOS CAMINOS DE LA CIENCIA
GIORDANO BRUNO vs. LA INQUISICIÓN
FRAGMENTOS DE LA HISTORIA
Bruno fue juzgado primero en
Venecia y luego en Roma. Las actas del juicio fueron descubiertas
en el Vaticano entre 1844 y 1848, 250 años después
de su muerte. Esas actas fueron publicadas en 1849 por D. Berti.
Los documentos daban una descripción del proceso en Venecia
en 1592, pero no decían nada de los 7 años que
paso en la prisión del Vaticano. En 1925 el cardenal Merrcati,
prefecto de los archivos secretos del Vaticano comprobó
que el papa de ese entonces León X había ordenado
que las acatas del juicio le fueran entregadas, sin que se revelara
su contenido a ninguna persona. En 1940, en los archivos de Pío
XI, se encontraron los documentos que describían la sentencia
final dictada contra Bruno, pero no rebelaban los 6 años
de torturas en Roma.
LA SENTENCIA
El gran Inquisidor, Cardenal
Santero di Santa Severina, ese día estaba bastante disgustado.
En la Cámara de Congregación del Vaticano hacia
un frío terrible y no pudo evitar recordar con nostálgico
placer la atenciones que su amante le había dispensado
aquella misma mañana. Despeinado y con el cuerpo adolorido,
el cardenal había sido apartado de aquellas atenciones
y se le recordó (con la debida reverencia) que debía
lavarse y vestirse para ir a la sala de la congregación
donde se seguiría el juicio contra el despreciable hereje
Giordano Bruno, a quien ahora veía, un hombrecillo de
cabello negro, delgado como un palo, consumido y lleno de cicatrices,
con el rostro y el cuerpo lleno de marcas de la Inquisición,
a la cual había resistido 7 AÑOS, SIN DOBLEGARSE.
El cardenal leyó los 8 cargos por los que se le acusaba
de herejía, luego de lo cual se agachó y leyó
un texto del Papa Clemente: "Decretó y ordenó
que la causa sea llevada hasta las medidas extremas..."
Con esas últimas palabras, fue sacado de la sala para
enfrentarse a nuevas torturas y horas después, volvió
a encontrase ante los jueces de la Inquisición, en el
Monasterio de Minerva. El gobernador de Roma, obispo de Sidonia
a quien le habían pagado 27 scudi de honorarios por ese
privilegio, apartó la túnica de la espalda de Bruno
y le arrancó la insignia de sacerdote, condenando a su
alma a padecer las llamas perpetuas del infierno, es fácil
imaginarse donde estará ese Obispo, querían hacer
desaparecer la misma esencia de Bruno, querían dar la
impresión de que no había vivido.
GIORDANO Y EUROPA
Nacido después de Copernico,
había llevado su pensamiento mucho más lejos, pues
creía que el universo era infinito y que debían
existir infinitos mundos con seres inteligentes. Luego de ser
ordenado, muy pronto empezó a demostrar los errores de
la filosofía de Aristóteles a sus colegas, algunos
de cuyos postulados habían sido tomados como cuestiones
de fe por el Vaticano, por lo que fue denunciado. Bruno optó
por huir, para salvarse y así empezó a llevar una
vida sin hogar.
Cuando Bruno empezó
a recorrer Europa, ya existía la imprenta y unos 50 millones
de libros circulando. La esperanza de vida era de 25 años
y la mayoría de los europeos pasaba casi toda su existencia
acosada por el hambre, enfermedades y plagas y los ricos padecían
lo mismo que los pobres. Con excepción de pocos afortunados,
todos eran analfabetos y pasaban la mayor parte del tiempo sumidos
en la embriaguez. Casi nadie se alejaba mucho de su hogar y los
forasteros despertaban desconfianza. Nadie sabía en qué
año vivían, ni sabían nada del mundo más
allá de su aldea. La responsabilidad de esa ignorancia,
fue debida al oscurantismo que predominó en la Iglesia
Católica. Esa situación empezó a cambiar,
con la llegada de la revolución industrial por el año
de 1870.
UN MUNDO SIN LA INQUISICIÓN
Si la Iglesia hubiera actuado
justo de una manera opuesta a la que actuó, el renacimiento
se hubiera iniciado por el año 1000, con los Copernicos,
Brunos, Galileos y Newtons de esa época. América
hubiera sido descubierta por un Colón del año 1200
y el desarrollo y progreso que vivieron nuestros antepasados
a inicios de 1900 incluyendo la Relatividad de Einstein, hubiera
brotado algunos siglos antes y como consecuencia, nuestra civilización
ya estaría viviendo lo que vivirán nuestros herederos
dentro de 200 años.
Un planeta menos poblado y con esas características, hubiera
desarrollado una sociedad más humana y conciente de su
importancia, en la que no hubieran podido existir ni las grandes
pestes, ni la Inquisición, ni Hitler, ni ninguno de los
males que azotaron a la humanidad en los últimos siglos.
Fuente: INTERNET, La Cena de
las Cenizas, De los Infinitos Mundos y Giordano Bruno, el Hereje
Impenitente
Fabián Romo Proaño
pegazi51@netscape.net
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