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Academicos e intelectuales
en defensa de la humanidad
Germán Rodas Chaves
grodas@uasb.edu.ec
Ciertamente que no fue el mejor
lugar para que el cientista social Heinz Dieterich me presentara
al intelectual norteamericano James Petras -quien en ese mismo
momento se hallaba interrogando al poeta nicaragüense Ernesto
Cardenal sobre su última producción poética-,
pero, en medio
del torbellino de reuniones, de discusiones, de intercambios
de opiniones y de reflexiones que el 'Encuentro de Intelectuales
en Defensa de la
Humanidad' había provocado.
Aquello de conocer y saludar a tan prestigioso pensador e intercambiar
con él la tarjeta personal de presentación mientras
compartíamos el mismo ascensor, se constituyó en
parte de las tantas anécdotas en medio de los avatares
que vivimos aquellos que, reunidos en Caracas por varios días
alrededor de la misma preocupación, concluimos nuestras
actividades con un llamamiento a los hombres y mujeres de este
planeta para que no fuésemos arrasados por la voracidad
de un sistema injusto que pervierte la soberanía de nuestros
pueblos, que desintegra los estados nacionales y que corroe los
cimientos de la dignidad, la justicia y la esperanza.
UNA 'CUMBRE' REALMETNE ALTA
En efecto, entre el primero
y el cinco de diciembre de este año, en la Patria que
viera nacer al Libertador Bolívar -y por iniciativa y
convocatoria del régimen del Presidente Hugo Chávez-,
se efectuó un cónclave mundial de intelectuales
y artistas convocado para discernir sobre
los problemas más apremiantes que vive la humanidad y,
en ese entorno, redescubrir el rol de los intelectuales o, más
bien dicho, el compromiso
que los académicos, los artistas, los poetas, los pintores,
los historiadores, los literatos, los cineastas, los antropólogos
los sociólogos, entre tantos otros, debemos asumir frente
al género humano.
ABUNDANTE Y ACALORADA
Tal discusión, ciertamente,
no es de ahora. Cuando el fascismo arreciaba en Europa en el
siglo anterior, más de una reunión congregó
a los intelectuales de Europa y, posteriormente, de América
para encontrar los caminos adecuados que, entonces, pudiesen
confrontar el martirologio de aquel periodo.
Asimismo, cuan abundante y acalorada ha sido la disquisición,
-especialmente después del triunfo de la revolución
francesa- sobre la oportunidad y conveniencia para que los intelectuales
asumieran una línea de compromiso frente a la realidad
social, asunto que, posteriormente, con enorme talento fuera,
por ejemplo, abordado por Gramsci y por Barthes.
No obstante, parecería que el debate vuelve a trascender
más allá de cualquier prurito intelectual, toda
vez que en aquello que
se denomina la aldea global, la contradicción entre la
vida y la muerte ya no es una retórica, sino una realidad
constante en cuyo contexto, además, los factores de la
subjetividad humana tienden a desaparecer por esa aplanadora
denominada la globalización, -globalización del
neoliberalismo-, y debido a cuyo arquetipo se pretende vaciar
de contenido histórico a las culturas de nuestros pueblos.
GLOBALIZACIÓN
Desde luego, nada hay que objetar
a la utilización del término globalización
en el sentido de la forma actual en que tiene lugar el proceso
de
universalización del desarrollo histórico de la
humanidad, salvo que se pasen por alto sutilezas que se esconden
detrás de su razonamiento, como es el suponer que por
encima de la globalización del capital existe alguna otra
globalización en abstracto, -como el de la ciencia o la
tecnología-, cuando todo constituye parte del proceso
de universalización del capital en cuya perspectiva las
guerras, las invasiones, el sometimiento, la depredación
de pueblos enteros, entre otros asuntos, no son sino los instrumentos
para imponer un modelo económico, político,
cultural y social que nos ha demostrado no solo su incoherencia
sino su perversidad y destrucción en todos los ámbitos
y ante cuyas circunstancias el
intelectual está obligado, a mi modo de ver, a responder
desde su oficio.
¡QUE SE LO DIGA EN
VOZ ALTA!
Frente a la realidad referida,
lo digo sin eufemismo, nadie puede callar hoy. Es inaceptable
el eclecticismo o cualquier forma de hibridismo.
No puede existir ser humano al margen de la dicotomía
opresión-libertad y, mucho menos, los hombres y mujeres
que desde el mundo intelectual
bregamos a diario para que nuestras utopías dejen de ser
un imaginario.
El encuentro de Caracas así lo evidenció no solo
por el nivel de compromiso de los asistentes, sino por la voluntad
expresa demostrada por los
concurrentes para convocar al resto de la humanidad a la defensa
de la vida, esa pertenencia universal, -y al mismo tiempo personal-,
que nos
pretenden arrebatar los que han resuelto convivir al lado de
los trápalas que cercenan los valores éticos, que
arrasan con la biodiversidad, que ignoran los preceptos de la
paz y la justicia, que han hecho de las estulticia una forma
de vida, que corroen las conciencias en medio de toda corrupción
y que pretenden amasar más fortunas a costa del dolor
y la miseria de sus congéneres.
ILUSTRES PROTAGONISTAS
Junto a Miguel Bonasso, Adolfo
Pérez Esquivel, Luis Brito, Ransep Clark, Alice Walker,
Danny Glover, André Sorel, Amiri Baraka, Alfonso Sastre,
Ernesto Cardenal, James Petras, Pablo Milanés, Abel Prieto,
González Casanova... los ecuatorianos que estuvimos en
la mentada cita (Galo Mora, Fernando Cazón Vera, Juan
Paz y Miño, Alejandro Moreano, Pablo Guyasamín,
Lourdes Mendoza y Germán Rodas) coincidimos en la inaplazable
tarea de luchar por la vida y de asumir la misión de fortalecer
todas las iniciativas que permitiesen incorporar en esta cruzada
a los más amplios sectores de la sociedad, para cuyo efecto
se planteó la consolidación de una red mundial
de intelectuales que pudiera expresar su opinión de manera
constante mediante la constitución de canales de TV y
de radio que deberán permitir la difusión de las
ideas alternativas y, sobre todo, facilitar el más amplio
y plural debate alrededor de los problemas estructurales que
viven nuestros pueblos.
Si, porque ante los acontecimientos que vive la humanidad, son
los pueblos los que deben asumir el reto de configurar un nuevo
orden mundial.
En este quehacer no se requiere de los centellazos que pudieran
prodigar los "iluminados", se necesita, a contrapelo,
que todos cumplamos con
nuestras obligaciones frente a la permanencia del género
humano en las paralelas de la vida. La tarea, pues, no es solo
de los intelectuales.
El reto corresponde, sin excepción, a todos y, especialmente,
a usted, querido lector.
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