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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Quito prehispánico

Hugo Burgos Guevara,
Ph. D. en Antropología
 
Cuando llega la fiesta del pueblo a los asientos iberoamericanos, todo es regocijo, luego se piensa en su santo patrono o en el origen de las fiestas, y, a la postre, la gente acaba inquiriendo su identidad, quiénes somos y de dónde venimos.
Así sucederá también con Quito y ciudades de ilustre rango en el continente cuando celebran su fundación.
¿Cuál es el origen de esta urbe? Con sus cuarenta y siete décadas de simbiosis cultural entre lo aborigen andino y lo hispánico, más las influencias modernas en cultura y demografía, nos preguntamos. ¿Cómo era Quito en ese entonces?

ESTUDIOS A FONDO

Se ha requerido de largos estudios para obtener breve imagen de lo que fue el Quito incaico o preincaico.
Se tendrá que partir de la evidencia arqueológica pero, según un estereotipo existente, no hay evidencias arqueológicas en Quito, por tanto fue una fundación de los incas. Esto luce ahora como inaceptable, pues hay otros medios para reconocer la vivencia de una cultura si ésta pudo dejar, además de enterramientos y cimentaciones, crónicas históricas, tradiciones orales y mitos, junto a muros encubiertos por edificios e iglesias modernas. En otras palabras la arqueología ha venido a corroborar la existencia de un Quito prehispánico.

ACEPTACIÓN CIENTÍFICA

Uniendo los aportes de varias disciplinas antropológicas, el ecuatoriano de hoy dispone de un pequeño cuerpo de interpretaciones científicas. Pero los modelos hasta aquí planteados son todavía pocos pero han sido aceptados por la comunidad científica, y esto es lo mejor que ha ocurrido,  pues antes no podíamos superar el alcance unilateral de la historia que no hace la crítica de las fuentes.
Es sabido que en Ecuador la arqueología postula  una secuencia convencional de cuatro períodos, Pre-cerámico, Formativo, Desarrollo regional y de Integración.

A TRAVÉS DE LOS PERÍODOS

Desde el llamado período Pre-cerámico (10.000 años a.C.), se marca la actividad del hombre en la región del cerro Ilaló, en la confección de herramientas líticas y de obsidiana (proveniente del Antisana) para cazar la megafauna.
En el Formativo, aparece Cotocollao como expresión evidente de la cerámica embrionaria y domesticación de plantas; pero después se nota más bien un vacío, presumiblemente debido a un largo período de erupciones de los volcanes Pulaluahua y Pichincha hace unos dos mil años, que obligó a la población a abandonar los lugares originales; así se perdieron las huellas que servirían para identificar a Quito.
Para los períodos de Desarrollo regional, la meseta es un emporio del intercambio comercial prehistórico.

INTERAMBIO

Productos exóticos provenientes de la Costa y la Amazonía se intercambian en Quito; de la costa nor-occidental provenía el algodón, la sal, el ají, y bienes de lujo como la concha Spondylus, símbolo de riqueza y status, proveniente de una navegación a larga distancia. De la región oriental venía una fina cerámica llamada pansaleo-cosanga, el oro, la coca, plumas, pero, lo importante, se introducían las enseñanzas del shamanismo y el uso de bebidas alucinógenas (ayahuasca o yagé -Banisteriopsis) que eran desconocidas para los curanderos de la Sierra.
Tales  intercambios venían a concluir en diversos espacios de la meseta de Quito, hasta especializar una parte del hoy llamado centro histórico, en una plaza que se ha hecho mal en llamarla del 'tianguis', palabra del idioma nahuatl, pudiendo haberse utilizado el quichua antiguo: 'catu' o 'cátug', lugar de comercio.
Los restos arqueológicos demuestran la existencia del comercio entre la Costa, la Región Amazónica y las unidades de población situadas en Quito prehispánico y su alrededor.
El espacio de la ciudad de Quito estuvo diseñado no para ser un depósito y luego abandonarlo, ni para ser una gran plaza, sino abrigar a elementos del intercambio prehistórico, debido a lo cual, en la hoya de Quito, y en la misma 'ciudad' convivían dispersas etnias que hablaban su propia lengua, de origen chibcha-barbocoa, en convivencia con el pansaleo (valle de Tumbaco-Quinche)  y del caranqui o imbaya en el norte.
Para esto, había rutas, calles, aldeas  y santuarios pre-incas. Estas jefaturas no dependían de una autoridad central y no pagaban tributo a gobernante alguno, excepto a sus propios curacas.

LAS OTRAS ARTES Y CIENCIAS

Las etnias necesitaban además de vivienda, o sea un proyecto arquitectónico para albergar familias y linajes, guardar sus reservas, enterar sus muertos y venerar a sus huacas o adoratorios; contaban, además, con lugares fijos u observatorios para mirar el firmamento y comprender su cosmología. Las jefaturas o curacazgos eran unidades políticas pequeñas,  relativamente autosuficientes con nexos por todos lados. Por supuesto, tenían espacios para cultivar la tierra en diversos pisos ecológicos cercanos.     

LOS INVASORES INCAS Y ESPAÑOLES

Para comprender la conquista incásica, las crónicas hispanas facilitan apenas el trabajo, pues no existe un solo documento que describa a la ciudad aborigen de Quito. Todas son inferencias indirectas.
Una carta de Fray Jodoco Rike, encontrado por un colega en Lovaina, nos trasmite que el franciscano se proponía construir un gran convento en el espacio frente a la plaza del 'tianguis', sobre los muros dejados por el señor 'Huaina Cava'. Este sería el célebre convento de San Francisco, que se erigió sobre canchas y aposentos incas que iban desde la iglesia al cerrito El Placer.
Al pie quedaba el tal 'tianguis', una primera plaza, tan alargada que desembocaba en las dos quebradas laterales, de 'Ullaguanyacu' (Jerusalén-24 de Mayo) y de 'Zanguña' o 'Cantuña' (luego Manosalvas).
En la siguiente entrega hablaremos de la plaza de Santo Domingo, que era donde llegaban traficantes y soldados del Cuzco.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador