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Quito prehispánico
Hugo Burgos Guevara,
Ph. D. en Antropología
Cuando llega la fiesta del pueblo a los asientos iberoamericanos,
todo es regocijo, luego se piensa en su santo patrono o en el
origen de las fiestas, y, a la postre, la gente acaba inquiriendo
su identidad, quiénes somos y de dónde venimos.
Así sucederá también con Quito y ciudades
de ilustre rango en el continente cuando celebran su fundación.
¿Cuál es el origen de esta urbe? Con sus cuarenta
y siete décadas de simbiosis cultural entre lo aborigen
andino y lo hispánico, más las influencias modernas
en cultura y demografía, nos preguntamos. ¿Cómo
era Quito en ese entonces?
ESTUDIOS A FONDO
Se ha requerido de largos estudios
para obtener breve imagen de lo que fue el Quito incaico o preincaico.
Se tendrá que partir de la evidencia arqueológica
pero, según un estereotipo existente, no hay evidencias
arqueológicas en Quito, por tanto fue una fundación
de los incas. Esto luce ahora como inaceptable, pues hay otros
medios para reconocer la vivencia de una cultura si ésta
pudo dejar, además de enterramientos y cimentaciones,
crónicas históricas, tradiciones orales y mitos,
junto a muros encubiertos por edificios e iglesias modernas.
En otras palabras la arqueología ha venido a corroborar
la existencia de un Quito prehispánico.
ACEPTACIÓN CIENTÍFICA
Uniendo los aportes de varias
disciplinas antropológicas, el ecuatoriano de hoy dispone
de un pequeño cuerpo de interpretaciones científicas.
Pero los modelos hasta aquí planteados son todavía
pocos pero han sido aceptados por la comunidad científica,
y esto es lo mejor que ha ocurrido, pues antes no podíamos
superar el alcance unilateral de la historia que no hace la crítica
de las fuentes.
Es sabido que en Ecuador la arqueología postula
una secuencia convencional de cuatro períodos, Pre-cerámico,
Formativo, Desarrollo regional y de Integración.
A TRAVÉS DE LOS PERÍODOS
Desde el llamado período
Pre-cerámico (10.000 años a.C.), se marca la actividad
del hombre en la región del cerro Ilaló, en la
confección de herramientas líticas y de obsidiana
(proveniente del Antisana) para cazar la megafauna.
En el Formativo, aparece Cotocollao como expresión evidente
de la cerámica embrionaria y domesticación de plantas;
pero después se nota más bien un vacío,
presumiblemente debido a un largo período de erupciones
de los volcanes Pulaluahua y Pichincha hace unos dos mil años,
que obligó a la población a abandonar los lugares
originales; así se perdieron las huellas que servirían
para identificar a Quito.
Para los períodos de Desarrollo regional, la meseta es
un emporio del intercambio comercial prehistórico.
INTERAMBIO
Productos exóticos provenientes
de la Costa y la Amazonía se intercambian en Quito; de
la costa nor-occidental provenía el algodón, la
sal, el ají, y bienes de lujo como la concha Spondylus,
símbolo de riqueza y status, proveniente de una navegación
a larga distancia. De la región oriental venía
una fina cerámica llamada pansaleo-cosanga, el oro, la
coca, plumas, pero, lo importante, se introducían las
enseñanzas del shamanismo y el uso de bebidas alucinógenas
(ayahuasca o yagé -Banisteriopsis) que eran desconocidas
para los curanderos de la Sierra.
Tales intercambios venían a concluir en diversos
espacios de la meseta de Quito, hasta especializar una parte
del hoy llamado centro histórico, en una plaza que se
ha hecho mal en llamarla del 'tianguis', palabra del idioma nahuatl,
pudiendo haberse utilizado el quichua antiguo: 'catu' o 'cátug',
lugar de comercio.
Los restos arqueológicos demuestran la existencia del
comercio entre la Costa, la Región Amazónica y
las unidades de población situadas en Quito prehispánico
y su alrededor.
El espacio de la ciudad de Quito estuvo diseñado no para
ser un depósito y luego abandonarlo, ni para ser una gran
plaza, sino abrigar a elementos del intercambio prehistórico,
debido a lo cual, en la hoya de Quito, y en la misma 'ciudad'
convivían dispersas etnias que hablaban su propia lengua,
de origen chibcha-barbocoa, en convivencia con el pansaleo (valle
de Tumbaco-Quinche) y del caranqui o imbaya en el norte.
Para esto, había rutas, calles, aldeas y santuarios
pre-incas. Estas jefaturas no dependían de una autoridad
central y no pagaban tributo a gobernante alguno, excepto a sus
propios curacas.
LAS OTRAS ARTES Y CIENCIAS
Las etnias necesitaban además
de vivienda, o sea un proyecto arquitectónico para albergar
familias y linajes, guardar sus reservas, enterar sus muertos
y venerar a sus huacas o adoratorios; contaban, además,
con lugares fijos u observatorios para mirar el firmamento y
comprender su cosmología. Las jefaturas o curacazgos eran
unidades políticas pequeñas, relativamente
autosuficientes con nexos por todos lados. Por supuesto, tenían
espacios para cultivar la tierra en diversos pisos ecológicos
cercanos.
LOS INVASORES INCAS Y ESPAÑOLES
Para comprender la conquista
incásica, las crónicas hispanas facilitan apenas
el trabajo, pues no existe un solo documento que describa a la
ciudad aborigen de Quito. Todas son inferencias indirectas.
Una carta de Fray Jodoco Rike, encontrado por un colega en Lovaina,
nos trasmite que el franciscano se proponía construir
un gran convento en el espacio frente a la plaza del 'tianguis',
sobre los muros dejados por el señor 'Huaina Cava'. Este
sería el célebre convento de San Francisco, que
se erigió sobre canchas y aposentos incas que iban desde
la iglesia al cerrito El Placer.
Al pie quedaba el tal 'tianguis', una primera plaza, tan alargada
que desembocaba en las dos quebradas laterales, de 'Ullaguanyacu'
(Jerusalén-24 de Mayo) y de 'Zanguña' o 'Cantuña'
(luego Manosalvas).
En la siguiente entrega hablaremos de la plaza de Santo Domingo,
que era donde llegaban traficantes y soldados del Cuzco.
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