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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Películas caseras: testimonio de vida

Ricardo Segreda

Madres que alzan a sus hijos, padres que hacen muecas a la cámara, niños con los ojos vendados tratando de romper la piñata, y sobretodo, una orgía de manos que se agitan. ¡Qué aburrido!
Al menos esta fue mi primera reacción cuando leí que 'Ocho y Medio' estaría lanzando un Festival de películas caseras. ¿Quién dará dinero para ver algo tan banal?, me preguntaba.

Sin embargo, el organizador del Festival, Miguel Alvear, no sólo ha anticipado esta posible reacción, sino que está haciendo de la misma banalidad del material un tema interesante en sí mismo, lleno de interés histórico, sociológico, y antropológico.

EMOCIONES DESCONOCIDAS

"Estamos muy concientes (de que puede ser aburrido)", dijo Alvear en una entrevista con La Hora. "Si tú no conoces la gente que está en la película, te puedes aburrir a muerte pero si tú conoces las personas te emocionas increíblemente. Esto es una realidad, porque estas películas son históricas, ya tienen su interés".
Y para Alvear, esto es clave para entender y disfrutar estas películas.
"Son películas que están hechas sin pretensiones artísticas, sin pretensiones comerciales. Nos ayudan a ver otro lado de nuestra historia", según él, "que no es la gran historia del gran discurso. Es la pequeña historia, la historia íntima, la historia de la familia".

MEMORIA COTIDIANA

Pablo Cuvi, autor ecuatoriano, quien contribuye al Festival con sus propias películas caseras, que fueron hechas por su padre de 1955 a 1973, tiene una justificación a lo Proust sobre el porqué un tal festival merece atención.
Cuvi asgura que "las películas caseras son una manera de recuperar la memoria cuotidiana. Son un magnífico testamento que permite que uno recupere la sensación y la atmósfera que también se consigue por medio de la literatura."
"Uno entra directamente en otro tiempo", dijo Cuvi. "Estas películas captan el mundo como es, ingenioso, fresco e ingenuo. Valoramos la importancia de los libros de historia, pero es igualmente importante conservar memorias personales de la familia como lo es conservar historia política".
Cuvi es autor del libro 'El Quito que se fue', que publicó el año pasado la Academia Nacional de Historia con fotografías del Quito pasado.

UN REGISTRO HISTÓRICO Y SICOLÓGICO

"Vamos a ver a Quito como era en los años sesenta," dijo Alvear. Vamos a ver como la gente se vestía, como bailaban. El norte de Quito era semi-campo todavía."
El interés en las películas irá creciendo en varios niveles, como en el científico.
"Hay una familia que solo filma a sus dos hijas," dijo Alvear. "Vamos viendo como van creciendo en un periodo de mas o meno 20 anos."
Habrá también un ángulo sociológico. Alvear agrega que allí algunas familias tienen una perspectiva más externa, donde la cámara no está dirigida a sus miembros,. "Mas bien los intereses o documentales del señor van por las corridas de toros, carreras de automóviles, eventos deportivos".
Y habrá la perspectiva urbana. "En los años 70 Quito terminaba casi en la avenida Orellana," dijo Alvear. "Toda la parte de La Paz, de la González Suárez era campos. Es interesante también ver cómo lo ciudad va evolucionando".

UN RETRATO

La compilación de las películas va a durar hora y cuarto, tiempo para el que Alvear está seleccionando escenas muy diversas. "Entonces vamos a ver carrera de automóviles, corridas de toros," dice, "fiestas de cumpleaños y matrimonios."
Alvear admite de que, por mucho tiempo, solo las familias de clase media y alta podían tener los medios para adquirir una filmadora, esto no es un retrato completo de la vida histórica en Ecuador. "Cuando hablamos de cine casero estamos hablando de un segmento de la población que tiene acceso a este tipo de maquinas." Concluye.
Es una situación que empieza a cambiar en los años 80 con el desarrollo de cameras de video.
Alvear ha contratado a Fabiáno Kueva, un músico profesional, para musicalizar las películas, lo que añade, como dijo Alvear, "otro carácter diferente," también con sonido, a las películas.
Para Marta Reyes, que aportó 30 películas de Super Ocho, filmadas desde 1967 hasta 1980, entre otras el filme de su hija comiendo granizo el día, en que, hace muchos años, Quito estuvo tapado con granizo, estas películas caseras son extraordinarias.
"Recuerda que el tiempo siempre se mueve", dijo Reyes. "Que estos momentos no regresan". Con la excepción de las películas.

HECHO EN CASA

DÓNDE: Ocho y Medio
CUÁNDO: hasta el martes

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador