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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

La Leyenda de Amitabh Bachchan

María Helena Barrera-Agarwal
kagarwala@earthlink.com

(Desde Nueva York, especial para ARTES CULTURA)

La primavera parece titubear en su llegada, brindando a la ciudad un aire de precariedad climática, veraniego e invernal a intervalos. La flora del Parque Central apenas si ha cambiado, transfigurándose tímida y gradualmente. En plena florescencia, por el contrario, se encuentra como de habitual la cultura. Festivales, retrospectivas y conciertos abundan. Uno de ellos tuvo lugar a mediados de abril. Se trataba de una muestra cinematográfica intitulada con simplicidad 'Amitabh Bachchan: La Más Grande Estrella Cinematográfica del Mundo'. Homenajeaba la misma a un actor con más de ciento cincuenta filmes a su haber y nominado en 1999 como figura del milenio en una encuesta de la BBC.
Si, a pesar de sus méritos, el nombre Amitabh Bachchan resulta desconocido a oídos latinoamericanos, ello no es extraño. Tal asombro se deriva de la aplastante dominación del cine creado en el enrarecido ambiente de Hollywood. Su élite, promocionada como única y por doquier comercializada, responde a nombres anglosajones como Ralph Fiennes, Matt Damon, Russell Crowe o Pierce Brosnan. Apelativos propios de otras tradiciones pueden incorporarse, usualmente filtrados o borrados por completo, convenientemente empaquetados, fáciles de pronunciar y de consumir. Así, Chan Kwong-Sang se transforma en Jackie Chan, Issur Danielovitch Demsky en Kirk Douglas y Carlos Estevez en Charlie Sheen.

EL CINE EN LA INDIA

Escapar a ese tipo de mutaciones y aún así lograr fama internacional parecería ilusorio. Sin embargo, como el caso de Bachchan prueba, es factible. Existen ciertas porciones del planeta en las que la gran mayoría del público prefiere la producción de su propio país y admira a actores propios con intensidad inigualable. Uno de esos lugares es la India, en la que la industria cinematográfica nacional atrae un 95por ciento de los espectadores y comanda cifras de taquilla que ampliamente superan aquellas de Hollywood.
El fenómeno no es nuevo, cuenta con una tradición centenaria, es múltiple en sus manifestaciones y totalmente desorientador para las multinacionales del cine. Las mismas, buscando domesticarlo de algún modo lo conocen bajo el epíteto de Bollywood.

BOLLYWOOD

El término Bollywood es una amalgama de las palabras Bombay y Hollywood. Bombay, nombre impuesto en la cosmopolita urbe porteña por los colonizadores británicos, ha sido remplazado en nuestros días por su apelativo ancestral de Mumbay. En sus estudios reside la industria del cine indio en idioma hindi, la de mayor envergadura y poder. La misma no es la única, sin embargo.
Otras regiones y otros idiomas cuentan también con sus propias productoras y redes de distribución. En el sur, por ejemplo, existe el cine en idiomas tamil y kannada, en el este en bengalí, en el norte en gujarati. Cada día once millones de espectadores en promedio colman salas de proyección a lo largo y ancho del país. Cada día también millones más miran películas indias por Internet, en video, o en cines europeos, africanos o asiáticos.
La energía creativa dedicada a ese inmenso público es también enorme. Como en todo ámbito de la acción humana, origina desde obras de arte hasta productos de poca monta. En sus mejores producciones, su mérito más evidente es la fidelidad a si mismo. Es un cine que no intenta parecerse al anglosajón o al europeo. Responde a su raigambre, a las tradiciones visuales y teatrales que por siempre han sido parte de la cotidianidad india. Es moderno y, al mismo tiempo, reverbera con la profundidad de historias milenarias. Incluye números musicales, respondiendo a la esencia de cantos y de mantras omnipresente en la realidad del subcontinente. Es único, en verdad, y una vez que se han mirado diez, veinte, treinta de sus películas, resuena en la imaginación y la memoria con la certitud del arte auténtico.

POPULARIDAD CRECIENTE

De esa treintena de filmes ideales es inevitable que un considerable porcentaje incluya a Amitabh Bachchan. Bachchan es un ejemplo particularmente ilustrativo de esa conexión entre artes ancestrales y actuales. Quien esté familiarizado con el acervo poético en hindi no dejará de reconocer en él al hijo de uno de los poetas epónimos del idioma, Harivansh Rai Bachchan.
Nacido como su padre en el corazón de la India, la ciudad de Allahabad de la que surgiría la dinastía política de los Nehru, Amitabh filmaría su primera película, Saat Hindustani, en 1969 bajo la dirección de K.A. Abbas, uno de los directores de mayor renombre a la época. En 1973 su popularidad creciente se transmutaría en estrellato total con su papel en el filme Zanjeer, con el que crearía la figura emblemática del joven iracundo en busca de justicia. Decenas de películas establecerían la fama de Bachchan a niveles difíciles de concebir. Cuando en 1983 sufriera heridas en el escenario de su película Coolie, la nación entera se interesaría en su recuperación.
La noticia del accidente irrumpiría en televisión nacional, seguida de micro informativos sobre su estado de salud cada veinte minutos. En 1984, una vez recuperado, tomó la decisión de ingresar en la política, en el partido de su amigo de infancia, Rajiv Gandhi.
Su campaña electoral no fue sino una triunfal procesión a las urnas, en las que fue elegido abrumadoramente. Sin embargo, dos años después abandonaría el cargo, desilusionado y dispuesto a reconstruir su abandonada carrera.
En la década de los noventa el éxito le sería dado de nuevo, iniciándose con su actuación en la película Agneepath (La Senda del Fuego). Es difícil expresar cuán extraordinaria es su presencia en pantalla, particularmente en la escena final en la que recita versos de un poema de su padre, del que está tomado el título del filme.

CONTROVERSIAL

El nuevo milenio ha sido testigo de un número creciente de nuevas películas con Bachchan. En algunas de ellas sus personajes han sido periféricos; En otras, centrales y de un impacto innegable. De entre esos filmes se destaca Dev, en el que en el 2004 compartiera la pantalla con otro gran actor, Om Puri.
Controversial, la cinta es una denuncia de cómo la política rastrera y los fundamentalismos religiosos de toda tendencia usan y abusan a la gente. A inicios del 2005, intervino en otra película de alcance intitulada Black (Negro). Es la historia de una muchacha sordomuda, interpretada por Rani Mukherjee y su tutor, vivido por Bachchan. Dirigida por el eminente director Sanjay Leela Bhansali, su éxito y profundidad han sido aplaudidos alrededor del mundo.

EL CINE ALTERNATIVO

Es ese mundo el que parece estar cada día más consciente de la importancia del cine alternativo proveniente de la India, y de estrellas como Bachchan. En Febrero de este año la cadena televisiva ARTE transmitía en Francia una muestra de filmes indios.
Poco antes del Centro Pompidou organizaba en París una retrospectiva intitulada "¿Ha dicho usted Bollywood?" La reciente retrospectiva neoyorquina, es, sin lugar a dudas, un síntoma más de este fenómeno de reconocimiento. El que haya sido centrada en la figura de Amitabh Bachchan dice mucho sobre el sitial del que el gran actor goza en la historia del cine indio y en su futuro.
Quien haya asistido el 15 de abril a la ceremonia con la que se cerró el festival no puede tener dudas al respecto. El gran auditorio de la sala Alice Tully Hall estuvo abarrotado por un público delirante, que aplaudió largamente y de pie al homenajeado.
Ese público, aún siendo mayoritariamente de ancestro sudasiático, también contenía toda la variedad de orígenes nacionales y geográficos de la que sólo Nueva York es capaz. Un capítulo más en la leyenda de Amitabh Bachchan.

 
 
 
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