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La Leyenda de Amitabh Bachchan
María Helena Barrera-Agarwal
kagarwala@earthlink.com
(Desde Nueva York, especial
para ARTES CULTURA)
La primavera parece titubear
en su llegada, brindando a la ciudad un aire de precariedad climática,
veraniego e invernal a intervalos. La flora del Parque Central
apenas si ha cambiado, transfigurándose tímida
y gradualmente. En plena florescencia, por el contrario, se encuentra
como de habitual la cultura. Festivales, retrospectivas y conciertos
abundan. Uno de ellos tuvo lugar a mediados de abril. Se trataba
de una muestra cinematográfica intitulada con simplicidad
'Amitabh Bachchan: La Más Grande Estrella Cinematográfica
del Mundo'. Homenajeaba la misma a un actor con más de
ciento cincuenta filmes a su haber y nominado en 1999 como figura
del milenio en una encuesta de la BBC.
Si, a pesar de sus méritos, el nombre Amitabh Bachchan
resulta desconocido a oídos latinoamericanos, ello no
es extraño. Tal asombro se deriva de la aplastante dominación
del cine creado en el enrarecido ambiente de Hollywood. Su élite,
promocionada como única y por doquier comercializada,
responde a nombres anglosajones como Ralph Fiennes, Matt Damon,
Russell Crowe o Pierce Brosnan. Apelativos propios de otras tradiciones
pueden incorporarse, usualmente filtrados o borrados por completo,
convenientemente empaquetados, fáciles de pronunciar y
de consumir. Así, Chan Kwong-Sang se transforma en Jackie
Chan, Issur Danielovitch Demsky en Kirk Douglas y Carlos Estevez
en Charlie Sheen.
EL CINE EN LA INDIA
Escapar a ese tipo de mutaciones
y aún así lograr fama internacional parecería
ilusorio. Sin embargo, como el caso de Bachchan prueba, es factible.
Existen ciertas porciones del planeta en las que la gran mayoría
del público prefiere la producción de su propio
país y admira a actores propios con intensidad inigualable.
Uno de esos lugares es la India, en la que la industria cinematográfica
nacional atrae un 95por ciento de los espectadores y comanda
cifras de taquilla que ampliamente superan aquellas de Hollywood.
El fenómeno no es nuevo, cuenta con una tradición
centenaria, es múltiple en sus manifestaciones y totalmente
desorientador para las multinacionales del cine. Las mismas,
buscando domesticarlo de algún modo lo conocen bajo el
epíteto de Bollywood.
BOLLYWOOD
El término Bollywood
es una amalgama de las palabras Bombay y Hollywood. Bombay, nombre
impuesto en la cosmopolita urbe porteña por los colonizadores
británicos, ha sido remplazado en nuestros días
por su apelativo ancestral de Mumbay. En sus estudios reside
la industria del cine indio en idioma hindi, la de mayor envergadura
y poder. La misma no es la única, sin embargo.
Otras regiones y otros idiomas cuentan también con sus
propias productoras y redes de distribución. En el sur,
por ejemplo, existe el cine en idiomas tamil y kannada, en el
este en bengalí, en el norte en gujarati. Cada día
once millones de espectadores en promedio colman salas de proyección
a lo largo y ancho del país. Cada día también
millones más miran películas indias por Internet,
en video, o en cines europeos, africanos o asiáticos.
La energía creativa dedicada a ese inmenso público
es también enorme. Como en todo ámbito de la acción
humana, origina desde obras de arte hasta productos de poca monta.
En sus mejores producciones, su mérito más evidente
es la fidelidad a si mismo. Es un cine que no intenta parecerse
al anglosajón o al europeo. Responde a su raigambre, a
las tradiciones visuales y teatrales que por siempre han sido
parte de la cotidianidad india. Es moderno y, al mismo tiempo,
reverbera con la profundidad de historias milenarias. Incluye
números musicales, respondiendo a la esencia de cantos
y de mantras omnipresente en la realidad del subcontinente. Es
único, en verdad, y una vez que se han mirado diez, veinte,
treinta de sus películas, resuena en la imaginación
y la memoria con la certitud del arte auténtico.
POPULARIDAD CRECIENTE
De esa treintena de filmes
ideales es inevitable que un considerable porcentaje incluya
a Amitabh Bachchan. Bachchan es un ejemplo particularmente ilustrativo
de esa conexión entre artes ancestrales y actuales. Quien
esté familiarizado con el acervo poético en hindi
no dejará de reconocer en él al hijo de uno de
los poetas epónimos del idioma, Harivansh Rai Bachchan.
Nacido como su padre en el corazón de la India, la ciudad
de Allahabad de la que surgiría la dinastía política
de los Nehru, Amitabh filmaría su primera película,
Saat Hindustani, en 1969 bajo la dirección de K.A. Abbas,
uno de los directores de mayor renombre a la época. En
1973 su popularidad creciente se transmutaría en estrellato
total con su papel en el filme Zanjeer, con el que crearía
la figura emblemática del joven iracundo en busca de justicia.
Decenas de películas establecerían la fama de Bachchan
a niveles difíciles de concebir. Cuando en 1983 sufriera
heridas en el escenario de su película Coolie, la nación
entera se interesaría en su recuperación.
La noticia del accidente irrumpiría en televisión
nacional, seguida de micro informativos sobre su estado de salud
cada veinte minutos. En 1984, una vez recuperado, tomó
la decisión de ingresar en la política, en el partido
de su amigo de infancia, Rajiv Gandhi.
Su campaña electoral no fue sino una triunfal procesión
a las urnas, en las que fue elegido abrumadoramente. Sin embargo,
dos años después abandonaría el cargo, desilusionado
y dispuesto a reconstruir su abandonada carrera.
En la década de los noventa el éxito le sería
dado de nuevo, iniciándose con su actuación en
la película Agneepath (La Senda del Fuego). Es difícil
expresar cuán extraordinaria es su presencia en pantalla,
particularmente en la escena final en la que recita versos de
un poema de su padre, del que está tomado el título
del filme.
CONTROVERSIAL
El nuevo milenio ha sido testigo
de un número creciente de nuevas películas con
Bachchan. En algunas de ellas sus personajes han sido periféricos;
En otras, centrales y de un impacto innegable. De entre esos
filmes se destaca Dev, en el que en el 2004 compartiera la pantalla
con otro gran actor, Om Puri.
Controversial, la cinta es una denuncia de cómo la política
rastrera y los fundamentalismos religiosos de toda tendencia
usan y abusan a la gente. A inicios del 2005, intervino en otra
película de alcance intitulada Black (Negro). Es la historia
de una muchacha sordomuda, interpretada por Rani Mukherjee y
su tutor, vivido por Bachchan. Dirigida por el eminente director
Sanjay Leela Bhansali, su éxito y profundidad han sido
aplaudidos alrededor del mundo.
EL CINE ALTERNATIVO
Es ese mundo el que parece
estar cada día más consciente de la importancia
del cine alternativo proveniente de la India, y de estrellas
como Bachchan. En Febrero de este año la cadena televisiva
ARTE transmitía en Francia una muestra de filmes indios.
Poco antes del Centro Pompidou organizaba en París una
retrospectiva intitulada "¿Ha dicho usted Bollywood?"
La reciente retrospectiva neoyorquina, es, sin lugar a dudas,
un síntoma más de este fenómeno de reconocimiento.
El que haya sido centrada en la figura de Amitabh Bachchan dice
mucho sobre el sitial del que el gran actor goza en la historia
del cine indio y en su futuro.
Quien haya asistido el 15 de abril a la ceremonia con la que
se cerró el festival no puede tener dudas al respecto.
El gran auditorio de la sala Alice Tully Hall estuvo abarrotado
por un público delirante, que aplaudió largamente
y de pie al homenajeado.
Ese público, aún siendo mayoritariamente de ancestro
sudasiático, también contenía toda la variedad
de orígenes nacionales y geográficos de la que
sólo Nueva York es capaz. Un capítulo más
en la leyenda de Amitabh Bachchan.
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